El campo de refugiados de Za’atari | Fuente: YouTube

Las voces de Za’atari: ‘The Refugee Music Project’

En el desierto jordano, a unos diez kilómetros al este de Mafraq, habita contra su voluntad una población desolada. La componen hombres y mujeres, niños y mayores. Todos han perdido a alguien. Todos creían encontrarse aquí temporalmente. Nadie puede regresar a su hogar. Otros, dentro y fuera de su tierra natal, han decidido por ellos. En el campo de refugiados de Za’atari, lo temporal amenaza con convertirse en permanente.

El campo de refugiados de Za’atari || Fuente: YouTube

Za’atari, las cifras de la vergüenza

Las estadísticas que el conflicto en Siria arroja a diario son demasiadas para poder procesarse en toda su dimensión. Za’atari, gestionado por el Gobierno jordano y ACNUR, es un triste ejemplo de ello. Abrió el 28 de julio de 2012, con capacidad para acoger a un total de 60.000 refugiados que hoy en día son más de 100.000. Apenas una pequeña parte del balance aún por cerrar. Desde su estallido en 2011, la guerra ha empujado a más de cuatro millones de seres humanos fuera de sus hogares. Otros seis millones siguen en Siria: desplazamientos forzosos dentro de las fronteras de un país destruido por la violencia.

Niños refugiados en Za’atari || Fuente: YouTube

Lejos de vislumbrarse un final, Za’atari se ha estructurado para acomodar a aquellos que solo aquí pudieron encontrar un espejismo de calma. La organización escocesa LIVED proporciona los datos de un asentamiento que se ha expandido para convertirse en ciudad forzosa. Tres hospitales y tres escuelas. Un total de 30.000 refugios y edificios administrativos y una red de 3000 comercios improvisados bautizados con el nombre de Campos Elíseos.

Escenarios improvisados || Fuente: YouTube

La música, método de supervivencia emocional

Pero en Za’atari faltan personas. Personas que se añoran, personas por las que se reza, personas por las que llorar, personas por las que guardar luto. Su ausencia es una segunda sombra cosida a los pies de cada refugiado. Son los fantasmas de una Siria alterada para siempre. Cada quien vela como puede a la patria perdida. Para algunos, la música ha ofrecido una respuesta inesperada. Es así como The Refugee Music Project tomó forma.

La música, lenguaje de las almas || Fuente: YouTube

Refugee Music Project

The Refugee Music Project es una iniciativa creada por la productora documental Recording Earth. En noviembre de 2015, dos de sus cineastas, Olly Burton y Alex Blogg, llegaron a Za’atari. Tenían el propósito de documentar la narrativa de los refugiados sirios a través de la música y la poesía. Pronto descubrieron que los acordes y voces del campo se ceñían todos a una partitura común: Siria, la pérdida y la nostalgia.

Ziad Al Massri, antiguo policía e intérprete de rebab. || Fuente: YouTube

Alexandra Petropoulos, del magazine Songlines, recoge los hallazgos de los británicos durante su estancia en el campo. Es una crónica perlada de nombres, espinas y heridas abiertas, pero también de versos, notas y melodías. Los intérpretes de Za’atari no querían abandonar su hogar. Muchos resistieron a la brutalidad, a las amenazas, a la crueldad. Solo la destrucción de las infraestructuras les obligó a dejar todo cuanto conocían.

Niñas cantan en grupo || Fuente: YouTube

Abu, Mohamad, Ziad, Raed, Fatima. Padres enfermos de quienes hay que despedirse por teléfono. Memorias indelebles de aquello que nunca debería haberse vivido. Las rejas de la prisión para quien osó hacer la palabra verso. Carne de la propia carne, sangre de la propia sangre arrancadas a una madre. Para todos ellos, la música, el verso y la canción son herramientas para expresar el dolor, la ira, el duelo. Una mezcla de sentimientos difícil de digerir, casi tanto como la incertidumbre de ignorar cuándo se podrá regresar, si se puede.

El anhelo, con todo, no abandona a los artistas de Za’atari. Abu Abdullah mantiene la mirada baja y triste mientras rasguea las cuerdas de su oud. Mohamad Isa Almaziodi se lleva una mano a la cara para ocultar el llanto que le traiciona. Con todo, siguen tocando y cantando. Así es la esperanza: tenaz, resistente, rebelde.

 

El Pastor de Camellos

(…) “Oh, pastor de camellos,

Lleva, te lo ruego, estas cosas contigo:

Agua, comida y anhelo.

Lleva contigo a Siria agua, comida y anhelo.”

El pastor respondió: “Hermano, no puedo.

El camino a la amada Siria no es seguro.

Caen las bombas.

Arde también el fuego.

No puedo llevarlas conmigo.”

Send this to a friend