Un tranvía llamado Deseo: género y violencia

El reencuentro entre dos hermanas, un marido descamisado y un vecindario pintoresco. Estos tres elementos forman, de manera muy simplificada, Un tranvía llamado Deseo (1947), la obra de teatro de Tennessee Williams. Elia Kazan la llevó al cine en 1951 con Vivien Leigh, Kim Hunter y Marlon Brando como protagonistas.

Cartel de la versión cinematográfica de Elia Kazan (1951) | tranvía
Cartel de la versión cinematográfica de Elia Kazan (1951) | filmaffinity.com

La construcción de la escena y la caracterización sureña sirven de fondo para una historia realmente dramática. Blanche Dubois llega al nuevo hogar de su hermana, Stella, y su cuñado, Stanley Kowalski. Están instalados en el barrio francés de Nueva Orleans, un entorno vivo y lleno de voces, color y vida. Los vecinos tienen entidad propia y perturban los diálogos y las escenas del trío protagonista, creando pequeñas historias paralelas. El ambiente es natural y dinámico, ajeno y a la vez partícipe del argumento principal.

Los personajes se balancean entre el estereotipo y la contradicción, y Tennessee Williams juega con el recurso de una construcción progresiva de la historia de Blanche a lo largo de toda la obra. Es una mujer de la que apenas se conoce nada. Ella da una versión de sí misma que, aunque en un principio parece encajar, va desmoronándose a medida que entran más personajes en escena. La imagen de sí misma que Blanche ha construido para el público es solamente eso: una imagen.

Un tranvía llamado Deseo, versión de Mario Gas (2011)
Un tranvía llamado Deseo, versión de Mario Gas (2011) | teatro.es

Violencia contra la mujer perdida

Stanley Kowalski, el cuñado de Blanche, choca contra ella desde el principio. Esta mujer representa unos valores y tiene una serie de características que a Stanley le resultan extrañas, extravagantes y, de cierta manera, elitistas. Elia Kazan, inmigrante como Kowalski, refuerza este espíritu en la película: el del rechazo, el del menosprecio. Stanley se siente insultado por Blanche y se defiende con uñas y dientes. Este personaje, además, está marcado por un carácter violento que horroriza a Blanche. Pero Stella parece feliz conviviendo con un hombre que cede a sus impulsos violentos y, de hecho, los romantiza y erotiza.

El problema real comienza cuando Stanley investiga sobre el pasado de su cuñada. A medida que van apareciendo detalles turbios sobre ella, la reputación de Blanche va decayendo. La idea de sí misma que ha creado para los demás queda dañada, ya no resulta creíble, a pesar de que trata de interpretar ese papel hasta el final. Es esa destrucción de su reputación la que, de cierta forma, desencadena el suceso que termina con la cordura de Blanche: Stanley la viola tras la famosa escena de la botella rota.

Stanley (Marlon Brando) y Blanche (Jessica Tandy) en Broadway, dirección de Irene Mayer Selznick | tranvía
Stanley (Marlon Brando) y Blanche (Jessica Tandy) en Broadway, dirección de Irene Mayer Selznick || elcinedesolaris.blogspot.com.es

El estigma de la locura

Recurriendo al juego de la mujer decente versus la puta, Stanley se justifica a sí mismo. Blanche es una mujer perdida, caída: su promiscuidad, quizá prostitución, hace que no merezca el respeto de nadie, por lo que su cuñado no tiene reparos a la hora de abusar de ella. Lo merece, lo busca. Blanche es ya un producto dañado, por lo que a nadie le importa lo que le ocurra, nadie saldrá en su defensa sin sufrir daño en su propia reputación.

La dama sureña se resquebraja por dentro tras ese episodio de violencia. Después de ese clímax de abuso, Blanche pierde la visión de la realidad, y se erigen cómplices de la causa de su locura en torno a ella. Su propia hermana duda acerca de lo ocurrido: el daño a la reputación de Blanche produce incredulidad y escepticismo respecto a ella. Stanley se comporta como si no ocurriera nada y, de hecho, no cree que haya hecho nada malo. Blanche es una mujer pública, por lo que no existe la opción del “no”.

Pero la violación es solamente una gran gota que ha colmado un vaso. Blanche Dubois es una mujer traumatizada por un suceso ocurrido en su juventud. Aunque tanto espectador como lector pueden sentirse confundidos con las versiones de ese suceso debido a la censura, ya que la película ofrece una historia ligeramente distinta. Sin embargo, el suceso principal se mantiene: su marido se suicida cuando ambos eran jóvenes. Y ella se culpa de esa muerte.

Blanche (Amparo Noguera), en la versión de Alfredo Castro | tranvía
Blanche (Amparo Noguera), en la versión de Alfredo Castro | latercera.com

Malos tratos, sexo, clases sociales, envejecimiento, soledad, violencia, estereotipos, relaciones entre hombres y mujeres. Relaciones sólo entre mujeres y sólo entre hombres. Secretos, el concepto de reputación, el trato de la locura y los efectos de una experiencia traumática. Dentro de su obra, Tennessee Williams abarca temas complejos que no pasan de moda. Todo ello la convierte en un clásico que inspira distintas reflexiones con cada revisión. Definitivamente, Un tranvía llamado Deseo es inmortal.

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