No es uno de estos programas de talentos ni un concurso de top models, pese a lo que pueda parecer. Top Girls es una obra de teatro escrita por Caryl Churchill y estrenada por primera vez a principios de los años 80. Nació en uno de esos momentos especiales de la historia del drama inglés, pero también en un momento socialmente convulso: el comienzo de la era Thatcher. Top Girls es una auténtica hija del posmodernismo, así como de la ya imparable revolución de las mujeres. Y es que la voz es completamente suya en esta obra.

Top Girls: 5 mujeres, 5 historias
Caryl Churchill abre su obra con una escena muy distinta al resto del trabajo. Marlene, una de las dos protagonistas, se codea con grandes figuras de la Historia. Todas mujeres, todas con vidas emocionantes y libres. Se trata de una especie de guiño a la propia vida de Marlene, que también ha conseguido liberarse del corsé social femenino. Estas mujeres independientes se sientan juntas a la mesa, en esa complicidad de quien se salta las reglas. Beben, hablan, discuten.
Marlene se rodea de una viajera empedernida, de una monja budista que hizo sus pinitos como cortesana, de un personaje sacado de una pintura, de una osada papisa y de una doncella extraída de Los cuentos de Canterbury. Al lector no le cabe duda de que Marlene es una más de ellas y, especialmente por la forma de dirigirse a sus compañeras, se hace una ligera idea de su carácter. Marlene tiene alma de líder.

Pero no es hasta la siguiente escena donde la auténtica Marlene se deja ver en todo su esplendor. Es en su lugar de trabajo, su medio natural, donde todas sus características salen a relucir. Churchill creó un personaje fuerte, voraz, decidido. Marlene es un tiburón, pero lo es con razón. Ella es uno de los resultados de una sociedad hostil en la cual las mujeres trabajadoras tienen que abrirse paso. Un mundo de hombres y de capitalismo salvaje.
Las comparaciones siempre son odiosas
Sin embargo, la hermana de Marlene, Joyce, parece arrastrar aún las cadenas de la vida doméstica. Y Marlene la menosprecia por eso en cierta manera. Joyce se ha quedado en casa con dos niñas y esa vida no encaja con su hermana. Nadie reconoce los éxitos dentro de esas cuatro paredes, todo vale menos. Marlene huye de este entorno para poder liberar el animal que lleva dentro y no comprende que alguien pueda quedarse en él.
Marlene, inmersa en ese torrente de liberalismo, no repara en las dificultades por las que ha pasado su hermana. Todo lo que se padece es una opción, así que Marlene ha optado por no padecer los males domésticos y tradicionalmente femeninos. Joyce maneja su vida de la mejor manera posible, pero sus logros no son premiados con ascensos o aumentos de salario. De hecho, recibe también el desprecio de una de las niñas.

Caryl Churchill ofrece unos diálogos cortantes, interrumpidos y rápidos, intercalados de una forma que a veces dificulta que tanto lectores como espectadores sigan el ritmo. Se mezclan tanto las pullas como los halagos, pero todo fluye de una forma espontánea y natural. El lenguaje es auténtico. En ningún momento se prioriza la satisfacción del receptor o la corrección frente a la potencia de los personajes.
Top Girls juega con los elementos de su época, tanto a nivel social como literario y dramático. El resultado es una obra intensa, en la que todo parece tener una profundidad que puede no llegar a alcanzarse. Es una de esas piezas de teatro que pueden revisitarse sin problemas y que, de hecho, sorprenden con cada relectura o con cada revisión.

