El año pasado el panorama cinematográfico se vio tremendamente agitado por un film que irrumpió en los festivales más conocidos. Son of Saul, del húngaro László Nemes y estrenada en 2015, probablemente haya cambiado muchas cosas. Pero sobre todo ha dejado claro que el exterminio judío no es una temática sobreexplotada. No al menos para este director.

El hijo de Saul narra la terrible historia de un joven sonderkommando que un día, después de limpiar rutinariamente las cámaras de gas, se obsesiona con un chico que continúa respirando. Saul lo interpreta como una señal divina y le buscará por todos los medios un entierro digno.

Son of Saul Cámara de gas en Auschwitz

Cámara de gas en Auschwitz

Afrontar la barbarie

La historia europea está infestada de pasajes oscuros. El siglo XX no fue una excepción. Dos guerras mundiales desolaron el continente y diversas crisis y conflictos dejaron la civilización al límite de su razón de ser.

El arte y la cultura tuvieron que reflejar ese malestar colectivo y expresarse para soslayar la tragedia. Gracias a ello, la sociedad occidental pudo al fin tender un puente y empezar a mirar atrás avergonzado. Después de Auschwitz, parecía que no había futuro.

No obstante, varias figuras y colectivos consiguieron representar y asumir ese estigma. No tanto como consolación, sino más bien como redención. Es el caso de Resnais con Noche y Niebla, de 1956. El tótem del género documental es cosa de Shoah de Claude Lanzmann. En el campo literario, y sin esperar tanto, el primer valiente que osó recuperar la realidad fue Primo Levi y su Si esto es un hombre que publicó en 1947.

Con el paso de los años llegarían otras obras con talante crítico. Sobra el comentar nada acerca de El Pianista de Polanski, o la recién y polémica novela La Zona de Interés de Martin Amis. El material que alude al exterminio nazi hoy en día es prolífero y abundante.

Son of Saul Crematorio en Dachau. Wikipedia.

Crematorio en Dachau. Wikipedia.

Filmar el inframundo

Aún así, Son of Saul destacó entre todo lo anterior. Hacía mucho tiempo que la crítica no ovacionaba tanto la ópera prima de un director. La clave de tan positivas valoraciones reside, entre otras cosas, en el tratamiento técnico de la película: László Nemes habla a través de la cámara.

Además de las novedades de filmación, el director húngaro se atrevió a incorporar escenas donde aparecen de forma explícita las duchas, las cámaras de gas, las fosas y los crematorios. Algo sin precedentes. El efecto que eso produce en el espectador es indescriptible.

A modo de tributo, Son of Saul incluye además la gesta de los impávidos reclusos que lograron tomar fotografías del interior del campo. El encargo procedía de la resistencia polaca y no fue hasta final de la guerra cuando se hicieron públicas. Son las únicas fotos que muestran el exterminio desde sus entrañas. También se rinde tributo en la película a una pequeña revolución que tuvo lugar en el campo de concentración.

Son of Saul, una cámara para juzgar

Qué es lo que realmente pretende Nemes jamás se sabrá con seguridad. Pero la película es tan chocante que uno no puede evitar divagar y reflexionar sobre sus elementos desde el momento en que esta se acaba.

Son of Saul no es de una visualización agradecida. Los planos marean, los travellings son confusos y los ojos tardan un buen rato en adaptarse. Como aquel que entra en una estancia a oscuras y tarda minutos en percibir siluetas, el largometraje requiere de un período de adaptación mental. Está claro que el tosco modo de sucesión de imágenes es deliberada, pues la historia transcurre en Auschwitz, no en un parque de atracciones: se trata de transmitir malestar, nauseas, vértigo.

Entonces, se pueden considerar dos tesis, entre miles más, para intentar explicar el intencionado mal enfoque. La primera, que explicaría la canalización de claustrofobia de la cámara a la persona. La película sitúa la perspectiva a una primera persona anónima, que sigue constantemente al protagonista. Ya sea por aturdimiento o shock, la mirada se nubla y se convierte en algo delirante.

Podría, por qué no, ser la mirada de un sonderkommando que sufre una pérdida de consciencia y se aleja de la realidad. Saul, un personaje casi autista y, lógicamente, trastocado, se deja llevar. Un mecanismo de defensa, una válvula de escape en toda regla.

Son of saul

Son of Saul || Fuente: timesofisrael.com

La segunda interpretación aquí dada hace hincapié a algo más profundo y con un trasfondo simbólico. Una especie de alivio del dolor. El visionado es tan devastador que Nemes podría haber optado por suavizar lo mostrado.

Si se quiere ir más lejos, se puede relacionar el uso de la cámara turbia con aquel gran sector social que durante años hizo la vista gorda y dio la espalda a las víctimas de la solución final del nazismo. Acción que implica, sin duda, falta de empatía y poco coraje para superar los hechos. De ser así, sería la mejor denuncia al negacionismo y a la ignorancia nunca antes materializada en el cine.

Galardonada con un Óscar a la Mejor Película de habla no inglesa, un Globo de Oro y el Gran Permio del Jurado de Cannes, todo reconocimiento se queda corto. Sea como sea se trata de un film prácticamente obligatorio, tan devastador como productivo. Por otra parte, hablar del sentido moral de la obra llevaría automáticamente a otra discusión. Lo que está claro es que hasta ahora en el cine no se había estado tan cerca ni tan adentro de Auschwitz.

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