Rodolfo Walsh: Espía en la Guerra Fría

Cualquier definición de Rodolfo Walsh, por amplia que sea, resulta injusta. Los periodistas le llaman escritor. Los novelistas dicen que fue cronista. La derecha le tacha de insurgente. La izquierda susurra que jamás se implicó. Sólo los grandes hombres como Galeano o Piglia reconocen en Walsh su transversalidad. En palabras del primero, Walsh fue «uno de esos escritores que le hacen a uno recuperar la fe en el oficio».

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Rodolfo Walsh

Lo cierto es que Walsh lo fue todo. «Era capaz de escribir en todos los estilos» dice Piglia. Pero sobre todas las cosas fue un investigador que, en sus propias palabras, creía que «la denuncia traducida al arte se vuelve inofensiva, es decir, se sacraliza como arte. Por otro lado, el documento, el testimonio, admite cualquier grado de perfección, en la selección, en el trabajo de investigación se abren inmensas posibilidades artísticas».

EL HOMBRE QUE SE ADELANTÓ A LA CIA

Hace casi cuarenta años que Gabriel García Márquez publicó en la revista Alternativa de Bogotá un artículo que llevaba por nombre Rodolfo Walsh, el hombre que se adelantó a la CIA. En él, el Nobel colombiano revelaba como Walsh descubrió que EEUU entrenaba al exilio cubano en Guatemala con intención de invadir Cuba por Playa Girón. El Gabo nos cuenta cómo el vehemente Walsh, con ayuda de un pequeño manual y sin ninguna formación en la materia, descifró el cable que informaba del inminente desembarco.

Rogelio García Lupo, Rodolfo Walsh y el cónsul argentino en Chile, Roberto Rodríguez Ayam. La foto es de 1960, fue tomada en Santiago, en plena experiencia de la agencia Prensa Latina
Rogelio García Lupo, Rodolfo Walsh y el cónsul argentino en Chile, Roberto Rodríguez Ayam. La foto es de 1960, fue tomada en Santiago, en plena experiencia de la agencia Prensa Latina

Walsh y García Márquez se conocieron en La Habana. Ambos habían acudido a la llamada de Jorge Ricardo Masetti, un periodista argentino que tenía entre ceja y ceja armar la mejor agencia de prensa del mundo. La agencia se llamaría Prensa Libre y Walsh ejercería como jefe de Servicios Especiales.

Masetti analizaba todo el material informativo de las agencias rivales para llevar a cabo su propósito. Una noche, entre los muchos cables que llegaban a la agencia, apareció un rollo sin título. Un mensaje largo e incomprensible. A primera vista se trataba de anuncios comerciales emitidos desde Guatemala. El ojo investigador de Walsh desconfió.  No obstante, algunos agentes de Inteligencia de la isla creyeron que podían ser mensajes cifrados entre cubanos en el exilio y los servicios secretos norteamericanos.

Walsh se empeñó en descifrar el mensaje con la ayuda de un manual que había comprado en una librería de viejo de La Habana. Después de ochenta y dos días de estudio, consiguió revelar el código secreto del consulado guatemalteco. Para sorpresa de Walsh y de Masetti, el teletipo desvelaba toda la operación. Desde el lugar en el que se entrenaba a los soldados, la hacienda Retalhieu en el norte de Guatemala, hasta el emplazamiento exacto en el que se realizaría la incursión, la cubana Bahía Cochinos.

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Combatientes cubanos posan después de la batalla || Getty Images

CARA DE PASTOR PROTESTANTE

Desde el momento en que Masetti tuvo conocimiento del contenido del cable, no pudo hacer otra cosa que idear un plan para infiltrar un hombre en la hacienda Retalhieu. Según García Márquez, «Masetti me preguntó a qué se parecía Rodolfo Walsh, y yo le contesté que tenía cara de pastor protestante. Masetti replicó radiante: “Exacto, pero de pastor protestante que vende biblias en Guatemala”». Walsh era descendiente de irlandeses y hablaba un inglés perfecto. A priori, resultaba fácil que entrara en el país con un pasaporte falso. Sin embargo, Walsh trató sin éxito de entrar en Guatemala vía Panamá.

A partir de aquí hay varias versiones del relato del cataquero. Una habla de un nuevo intento de Masetti y de él mismo en una escala imprevista en Guatemala cuando viajaban de Ciudad de México a Lima. La sensatez venció y no se atrevieron a adentrarse en el país. La mayoría de las reproducciones del célebre artículo del Gabo obvian este episodio.

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Combatientes cubanos posan en Bahía de Cochinos

PLAYA GIRÓN

En lo que sí coinciden todas las versiones es en que todas las iniciativas de Masetti se vieron frustradas por el gobierno cubano. Prensa Libre tuvo que compartir la información con los servicios de inteligencia en cuanto la conocieron y, como era de prever, tenían sus propios planes para infiltrar agentes en Retalhieu. El final de la historia es conocido. La invasión de Bahía Cochinos fue frustrada. Los guajiros esperaban en Playa Girón la llegada de la disidencia cubana.

Tras la fallida invasión, las conclusiones norteamericanas no fueron las correctas. En palabras de Rogelio Lupo, «Para los Estados Unidos, la formidable labor de Walsh, quién permaneció en el anonimato, sólo podía tomarse como la demostración de que en La Habana funcionaba una poderosa inteligencia, probablemente soviética».

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