Yann Martel || Fuente: nuvomagazine.com
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Las altas montañas de Portugal, por Yann Martel

Los animales forman parte imprescindible en las novelas de Yann Martel. Si en La vida de Pi, Pi Patel naufragaba junto a un tigre, y en Beatriz y Virgilio se relata el holocausto a través de un burro y un mono, en Las altas montañas de Portugal tomará el protagonismo el chimpancé.

Yann Martel || Fuente: nuvomagazine.com
Yann Martel || Fuente: nuvomagazine.com

La novela está dividida en tres historias tituladas «Sin casa», «A casa» y «En casa». En la primera el protagonista es Tomás, un hombre que ha perdido a su mujer y a su hijo a causa de la difteria. Su manera de afrontar el duelo es peculiar; decide andar de espaldas:

«Lo que su tío no comprende es que, al caminar hacia atrás, de espaldas al mundo y a Dios, no está de duelo. Está oponiéndose. Porque, cuando te arrebatan todo lo que quieres en esta vida, ¿qué más puede uno hacer aparte de oponerse?»

El encuentro fortuito del antiguo diario del padre Ulisses, en el que describe un objeto religioso extraordinario, logra que Tomás concentre sus energías en encontrarlo. Su tío le ofrece un automóvil y, sin apenas saber cómo se arranca, se dirige hacia la región de las altas montañas de Portugal en un viaje en solitario que rápidamente se convierte en tedioso para el lector por la repetición de hechos.

La suerte es que, tras una serie de hechos que reaniman el relato, se inicia la segunda historia: «A casa». En esta ocasión es el año 1938 y, en la última noche del año, el doctor Eusebio Lozora, jefe de patología, se encuentra trabajando en unos informes cuando su mujer le visita para terminar exponiendo una peculiar teoría sobre la semejanza de los milagros de Dios con las novelas de Agatha Christie, las favoritas del matrimonio. Pero el doctor recibirá otra visita inesperada esa noche y una autopsia revelará la parte más fantasiosa de este relato.

En la tercera historia, «En casa», Peter Tovy es senador en Toronto. Su mujer fallece y se siente alejado de su familia, lo que le impide reconectar con el mundo político. Cuando, en un viaje a Estados Unidos, expresa su deseo de visitar el zoológico y termina visitando un centro de primates, no puede imaginar que quien reactivará sus ganas de vivir es un chimpancé llamado Odo, ya que siente que algo le une de un modo muy fuerte al animal.

Foto por Rebecca Norris Webb || Fuente: Magnum Photos
Fotografía de Rebecca Norris Webb, distribuída por Magnum Photos. CUBA. Havana. 2001. || Fuente: Magnum Photos

En un impulso lo adquiere al centro y, además, decide que para recuperarse de la pérdida de su mujer debe cortar todos los lazos existentes con su vida actual. Su destino está fijado: la zona de las altas montañas de Portugal, de donde eran sus padres.

Tres relatos conectados

Aunque en un principio los relatos no parecen tener apenas conexión, Yann Martel logra que diversos elementos de los mismos formen un gran todo al terminar la novela. Es el caso de la muerte, que rodea a los tres protagonistas. Estos se ven obligados a afrontar las pérdidas que les ha producido y en qué maneras.

Para dos de los protagonistas, un viaje a lo desconocido parece el motor de sus vidas; para otro, el trabajo duro hasta caer rendido en la mesa. Otro factor común es la religión, con la búsqueda del crucifijo del primer relato, con la conversación del doctor con su esposa acerca de Jesús y Hércules Poirot y, finalmente, con los animales.

En cuanto a la muerte, en cada uno de los relatos se habla de la pérdida de un ser querido y de cómo los protagonistas se enfrentan al dolor, ya sea caminando de espaldas, entregados al trabajo en jornadas maratonianas o abandonando la zona de confort para vivir con un simio.

Las altas montañas de Portugal || Fuente: Magnum Photos
Las altas montañas de Portugal || Fuente: Magnum Photos

El chimpancé aparece en las tres historias, aunque adquiere especial protagonismo en la tercera. En ella, Peter Tovy aprende a convivir con Odo, el adorable chimpancé del centro de Estados Unidos que le acompaña en su nueva etapa vital en un pequeño pueblo rural.

Si el libro no alcanza la excelencia es por lo tedioso de su lectura en algunos puntos concretos: el viaje en coche de Tomás es un día tras otro de su torpeza al volante atravesando pueblos y caminos rurales, perdiendo la orientación y, poco a poco, a sí mismo en el camino.

La segunda historia, mientras la esposa del doctor declama su teoría religiosa comparándola con los libros de Agatha Christie, se hace demasiado larga, aunque no deja de ser una visión interesante de la religión. La tercera historia, en cambio, es bastante redonda, como si hubiera aprendido de las dos anteriores en su narración.

En definitiva, una fábula interesante que gustará, sin duda, a los que disfrutaron del viaje narrado en La vida de Pi a través de las vidas de estos tres personajes. Aunque despierte sentimientos encontrados en el lector sobre si el viaje ha merecido la pena, al echar la vista atrás todo queda mucho más claro. A medida que las historias se cierran y el lector descubre los puntos de unión entre ambas, adquieren un mayor significado que dejan una buena impresión final.

Carla Plumed

Lectora compulsiva, culturalmente dispersa. Vivo en una batcueva esperando la carta de Hogwarts o un avistamiento de la Tardis, lo que llegue antes.