Lenin en Carme Teatre

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Con motivo del centenario de la Revolución Rusa, la sala de teatro valenciana Carme Teatre rescata una obra singular del 1932 titulada Lenin: Escenes de la Revolució Russa por Josep Bolea. Aurelio Delgado dirige este proyecto adaptando el texto del castellano al catalán, lengua en la que se representó originalmente.

Cartel Lenin

Cartel propagandístico de Lenin || Fotografía de Conoze para www.flickr.com

En sus casi 25 años de trayectoria, la sala Carme se ha consolidado como un referente de la escena contemporánea local. No obstante, este año han dedicado sus energías a salvar del ostracismo a autores regionales del pasado que aportaron géneros y temáticas innovadoras a la tradición teatral. Josep Bolea fue un novelista alcireño con una carrera política consolidada antes de la guerra civil. Al finalizar la guerra es trasladado a los campos de concentración de Argelés. Logra escapar y se traslada a la Ciudad de México dónde funda las editoriales Centauro y Leyenda y permanece hasta su muerte.

Lenin fue el título inicial de la obra, cuya representación tuvo lugar en  el Teatro Alkazar en 1932. Josep Bolea no era comunista ni pretendió hacer una apología del marxismo. Más bien, se considera que esta obra inaugura el teatro documental ya que construye un retrato psicológico del líder, articulado en una secuencia temporal lineal.

A la sazón, el movimiento comunista en España era minoritario. El principio de la década de los 30 fue un periodo marcado por la heterogeneidad de opciones políticas con raíces históricas muy distintas. Francesc Pérez i Moragon habla de cómo en Montcada uno encontraba en un mismo decorado fotografías de Blasco Ibáñez y de Pi i Margall. Ideologías contradictorias empezaron a formar alianzas, derivando en la anomalía política que cristalizó en la II República.

Lenin podría, por su contenido político, haber sido una obra controvertida y sin embargo fue recibida entre carcajadas. Esto resultaría chocante si no se tuviera en cuenta que el teatro valenciano estaba instalado en el sainete, un género popular jocoso y festivo. Si bien este obtuvo gran notoriedad y prestigio con Eduardo Escalante y Josep Bernat i Baldoví, degeneró a principios de siglo en un costumbrismo vulgar y simplón. Aún así, el sainet fue el género preponderante durante todo el siglo, y la introducción de elementos rupturistas tuvo escasas repercusiones.

Elenco obra Lenin

Elenco de ‘Lenin: escenas de la Revolución Rusa’ || Fuente: www.carmeteatre.com

El resultado del trabajo de adaptación de Aurelio Delgado es una lectura dramatizada ilustrada con videos y grabaciones de la revolución. Los diálogos se hilan entre diez personajes entre los que figuran Trotski, Rovio o Smilga. Estos desafían constantemente el concepto de héroe revolucionario, revelando un abanico de emociones que oscilan entre la admiración, el resentimiento, la decepción o la venganza. Esta fusión entre objetividad e intimidad aporta nuevos matices a la biografía del líder bolchevique.

La obra recrea de forma ejemplar el lenguaje épico marxista. El campo semántico de la pureza está muy presente para aludir a la virtud revolucionaria. La purificación del país se consigue mediante la sangre de soldados puros. La aspiración de conducir la historia hacia un fin triunfal cohesiona un discurso bélico que resta valor a la vida a favor de ‘la causa’ común. La revolución es ese río que desemboca en la dictadura del proletariado, o ‘La Aurora Roja’. «Qué valor tiene la vida?» plantea Lenin. Y en otro fragmento se contesta: «la vida es un instrumento para el triunfo». Este concepto permite ver con claridad lo que el idealismo hegeliano denomina el fin de la historia, es decir, la percepción de que la historia progresa y debe conducir a un Estado ideal.

Lenin discurso

Lenin en un discurso público || Fotografía de Karl-Ludwig Poggemann para www.flickr.com

El drama humaniza la figura de Lenin, pero la despoja de la aureola de mártir. La fatalidad de la revolución culmina cuando su amor de juventud pierde a su propio hijo en la revolución. El dolor de la propia sangre convierte el sueño revolucionario en la pesadilla del pueblo. El anhelo proletario, cuyas esperanzas estaban depositadas en Lenin, deriva en un entramado de resentimiento y conspiración al constatar que los ideales no se ejecutan. Lenin sufre la dualidad de ser parte del pueblo y voz del mismo, conflicto que evoca los versos del poeta Vicent Andrés Estellés:

 

Assumiràs la veu d’un poble

I serà la veu del teu poble,

I seràs per a sempre, poble,

I patiràs, i esperaràs,

I aniràs sempre entre la pols,

Et seguirà una polseguera

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