Todos hemos oído hablar de los famosos bugs. En español se suelen traducir como errores de software, traducción bastante aséptica que pierde por el camino la gracia de la versión inglesa. Para entender bien qué es un error de software o bug es necesario tener una cierta idea de cómo funciona un programa de ordenador. Como no es esta ocasión para entrar en complejidades, baste con decir que un programa es un conjunto de instrucciones que debe ejecutar un procesador.

En un programa bien escrito, todos los posibles caminos de ejecución deben haber sido previstos por los programadores. Un posible camino de ejecución en Word es arrancarlo y cerrarlo; otro, arrancarlo, escribir un texto, cambiar el color, guardar y cerrarlo; otro, arrancarlo, escribir un texto, no guardar y cerrarlo. Según las opciones que escojamos, se van ejecutando secciones distintas del código del programa. Lo que desde luego no es posible es que ninguna de las casi infinitas combinaciones de acciones que podemos elegir, nos lleve a un callejón sin salida en el código, o genere una situación excepcional que no hayamos controlado previamente.

bug 3

Cuando esto sucede, nos encontramos ante un bug. Los debbugers, o depuradores en español, son programas que nos ayudan a analizar qué sucede, una por una, en cada línea de código, a fin de identificar dónde justamente reside el problema. Si depurar un programa pequeño ya puede ser engorroso, depurar un programa de millones de líneas de código (localizar el error y luego solucionarlo) puede acabar mandando al psiquiatra a la persona más cuerda.

El origen de la palabra bug es de lo más curioso. Su víctima fue el Mark II Aiken Relay Calculator, enorme armatoste situado en la Universidad de Harvard y financiado por la Marina de los EEUU. A pesar de su descomunal tamaño, su potencia era irrisoria al lado de la de cualquier simple calculadora actual. Entre sus hitos estaba el hacer multiplicaciones en 0.750 segundos. Funciones como los logaritmos o las raíces cuadradas podían llevarle hasta 10 segundos. Es de entender… Era aún 1947.

El 9 de septiembre de 1947 dejó de funcionar como debía, y, tras una exhaustiva investigación, Grace Murray Hopper habría descubierto que había un bicho (bug en inglés), polilla para más señas, atascado en un relé electromagnético. Esta es la versión más difundida de la historia. Lo cierto es que Grace Hopper no se encontraba presente ese día, como ella misma ha admitido sin ningún reparo.

bug 2

El término bug venía utilizándose ya desde hacía bastantes años en el mundo de la ingeniería para aludir a problemas de funcionamiento. Ya Thomas Edison utilizó el término en una carta escrita en 1889. En la segunda guerra mundial era común referirse a averías en la maquinaria bélica como bugs. Cuando los operarios, familiarizados con este uso, descubrieron la polilla en el Mark II, no tardaron en descubrir la ironía y ver una oportunidad para el chiste. Demostrando que el sentido del humor es una cualidad que traspasa épocas y oficios, pegaron el cadáver polilláceo con cinta adhesiva al registro del computador y escribieron: “primer caso real de un bicho encontrado” (first actual case of a bug being found).

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