Nadie duda de la carrera y el prestigio del director de cine Steven Spielberg, entre cuyas películas aparece ‘Tiburón’ de 1975. El filme fue un absoluto éxito en taquilla. No obstante, mostraba una imagen errónea de un animal asesino que se movía por y para matar. De este modo se inculcó o incrementó el miedo al mar, y más concretamente a los tiburones, a millones de personas en todo el mundo con la famosa melodía de la película por bandera.
Un tiburón en el agua cerca de una persona supone un riesgo, eso es cierto, pero no del nivel extremo del que se hace eco. Son depredadores y su afilado aspecto no ayuda a simpatizar con ellos. Estos animales extraordinarios están rodeados de mitos y tópicos que conviene aclarar para corregir ideas y aprender a valorarlos.
Un desarrollado organismo
Los tiburones llevan en el planeta Tierra desde hace 400 millones de años y las especies actuales desde hace 100 millones. Todo esto gracias al desarrollo una serie de características biológicas que les ha hecho posible sobrevivir y evolucionar.
Pueden medir desde 7 centímetros hasta los 12 metros que mide el tiburón ballena, el pez más grande del mundo junto al tiburón peregrino que alcanza los 10 metros. Ambos totalmente inofensivos debido a su comportamiento pacífico, a que se alimentan de plancton y a que el tamaño de sus dientes no les alcanza para representar alguna amenaza. El primero además, tiene la piel más gruesa del planeta, que puede alcanzar los 9 centímetros.

Tienen un gran sentido del olfato, pudiendo detectar una gota de sangre a kilómetros. También el sistema auditivo les permite oír sonidos de frecuencias muy bajas. Un desarrollado sistema nervioso les otorga la posibilidad de detectar cambios de presión, movimientos en el agua y las corrientes eléctricas y vibraciones de otros tiburones. Son animales muy inteligentes, usan los sentidos para comunicarse y comprender el papel que está realizando otro ejemplar en el agua.
Son capaces de recorrer largas distancias y atravesar océanos. Un ejemplar de tiburón blanco de Sudáfrica fue rastreado nadando en una costa Australiana y posteriormente regresando a Sudáfrica, un viaje de 20000 kilómetros en nueve meses. También se adaptan a un amplío rango de hábitats acuáticos gracias a la regulación de su temperatura corporal.
Tiburones en el Mediterráneo
Sí, es evidente que los hay. Y entre las diversas especies que habitan, se encuentran el tiburón peregrino y, el que ha copado mayores discusiones, el tiburón blanco. La especie más mediática de estos animales no abunda en el Mediterráneo y su número se ha reducido, pero el Estrecho de Mesina es considerada una zona de reproducción. Y en la península, hay registros de avistamientos en Cataluña, Baleares o Murcia, pero desde 1847 solo se han registrado tres ataques en España, ninguno mortal.

Riesgos de los tiburones
Ahora bien, ¿qué peligro suponen realmente? De las 375 especies registradas, únicamente 12 son consideradas de riesgo para el ser humano. Las personas no se encuentran dentro de su cadena alimenticia. Todos los ataques son producto de un único mordisco con el cual nos descartan automáticamente como alimento.
Hay varios factores que influyen a la hora de un posible ataque. Puede ser la incertidumbre ante algo que no han visto antes y necesitan analizar, la intrusión en su actividad diaria interpretada como una amenaza o la confusión visual entre las focas y la silueta de los surfistas con la tabla. No obstante, lo más común es que se alejen intimidados como haría cualquier otro pez.
Las posibilidades de morir de gripe son 1 entre 63, mientras que las de muerte por ataque de tiburón son 1 entre 3.700.000. Alrededor del mundo entero, unas 12 personas mueren al año por algún ataque. Cifra muy por debajo de las de otros animales aparentemente inofensivos. Otro dato curioso es que cada año se registran muchísimos más ataques de mordiscos humanos que de tiburones.
A su vez, alrededor de 100 millones de ejemplares son cazados cada año por su mayor enemigo, el ser humano. Razón por la cual la especie está en peligro de extinción.

Pero gran parte de culpa la tiene la drástica fama arraigada en la sociedad que los exponen como el mayor peligro al que se puede enfrentar alguien en sus vacaciones en la playa. En un día de bandera amarilla o roja en el mar, siempre habrá valientes bañándose con trágico final por ahogamiento en algunos casos, pero en el momento que aparece un tiburón se cierra la playa si es necesario y su caza se convierte en un trofeo. Incluso los documentales enfocan erróneamente esta realidad.
Conservación
Afortunadamente existen equipos de investigadores por todo el mundo que se dedican a estudiar y preservar las especies. Todos coinciden en el gran abismo que hay entre lo que el público se imagina que son y lo que comprueban que son realmente.

Un ejemplo muy sonado es el de la modelo americana, submarinista profesional y bióloga Ocean Ramsey. A través de su organización sin ánimo de lucro, Water Inspired, muestra imágenes espectaculares nadando junto a tiburones y demás especies marinas para promover la conservación de los océanos. Declara: “Quiero contribuir a disipar el miedo irracional de la gente hacia los tiburones y difundir cuál es su comportamiento real y su decisivo papel en el ecosistema marino”.

