‘Her’: macro y microeconomía de las relaciones

Her (2013), de Spike Jonze, es quizá la película más «normal» que ha realizado este director, lo que es decir mucho. Porque Jonze es el autor de rarezas como Donde viven los monstruos (2009) —maravillosa, por otra parte— o Cómo ser John Malkovich (1999) y Adaptation (2002),  ambas escritas por Charlie Kaufman, bicho raro de similar calibre.

Pero esta, su, de momento, última obra, es la más mainstream de su filmografía, siempre dentro de su concepto del cine. Esto es, un indie mainstream en el que se mezclan actores conocidos pero outsiders, con un envoltorio molón, con canciones pop de Karen O y banda sonora de Arcade Fire, y una historia peculiar. Aunque luego se verá que no tanto.

Lo que nadie duda sobre Her es que es una grandísima película, llena de virtudes. Como una dirección con la mezcla justa de sobriedad y virguería. O la actuación de Joaquin Phoenix, que es un animal interpretativo de los que no quedan. O su ambientación y vestuario que reflejan cómo podría ser el mundo y la gente en, digamos, 2023. Por no hablar de su maquillaje. Y esto va en serio, pues plantarle un bigote a Phoenix para tapar la cicatriz de su labio, dándole una inopinada imagen de tipo sensible y amable, es una idea de director grande.

Pero lo más asombroso es su guion, justo ganador de un Óscar, porque va trazando en paralelo dos formas de ver las relaciones humanas. Por un lado, hacia dónde se dirigen y, por otro, lo que en realidad son. Nos explica cómo nos tratamos los seres humanos entre nosotros a nivel tanto «macro» como «micro».

El futuro ya está aquí… para bien y para mal

En el nivel «macro» nos presenta una sociedad en un futuro cercano y la imagen resulta escalofriante, por familiar. Pese a ser ¿ciencia-ficción?, todo el mundo ha visto escenas como las que se ven aquí, con todo el mundo atento a su móvil sin mirar al paisaje. La vuelta de tuerca llega cuando el protagonista se compra un nuevo sistema operativo con inteligencia artificial. Este viene con la voz de terciopelo de Scarlett Johansson —imprescindible, como siempre, verla en V.O.— y el protagonista se enamora, como haría cualquiera, de ella/ello.

Her cine pelicula fotograma

Esta escena de soledad urbana es puro 2013 || Fuente: youtube.com

Esto le genera al protagonista una serie de lógicos dilemas morales y perturbaciones varias y lo comenta con sus amigos y compañeros de trabajo. Ahí es cuando se da cuenta de que no es al único al que le ha pasado, que otras personas tienen parejas virtuales, que lo que podría parecer una desviación se ha convertido en algo socialmente aceptado, que no importa con quién te relaciones.

Se trata, pues, de una aguda metáfora acerca de los cambios que, para bien en muchos casos y para mal en algunos, ha experimentado el mundo. Porque ya casi nadie se mete en los asuntos de cama de los demás, gracias a Dios. Pero también el nuevo mundo interconectado que se ha creado no ha hecho otra cosa sino alejar a los seres humanos.

Chico conoce… ¿chica?

Pero no es este el aspecto más interesante o novedoso del film de Jonze, porque hasta aquí podría pasar por un capítulo de Black Mirror. Lo que de verdad hace grande a la película es cómo, a la vez, retrata una relación amorosa perfectamente humana entre un hombre y una máquina

Her cine fotograma joaquin phoenix

Ver a Phoenix bailar con su «pareja» ya vale el precio de la entrada || Fuente: youtube.com

Aquí es donde entra el nivel «micro» de las relaciones humanas. El «tú a tú» dentro de una sociedad despersonalizada. El cómo funcionan las relaciones de pareja.

La relación entre Phoenix y la voz de Johansson podría ser asimilable a cualquier historia de amor de cualquier película y/o pareja de la historia, con todas sus respectivas fases. A saber: ilusión inicial, dudas, proceso de conocimiento sexual, rutina en el buen sentido y progresiva pérdida de ilusión hasta llegar a una ruptura anunciada, con el grandísimo hallazgo argumental de que es la máquina quien abandona al hombre, además, por un motivo tan humano como el haber conocido a otra persona.

Así pasa, y seguirá pasando, con todas las relaciones del mundo… Ya sea a nivel «macro«» o «micro», y ojalá directores como Jonze las sigan plasmando de una forma tan auténtica como en Her.