¿Qué podrían tener en común la muerte de Wiston Churchill y la jura de presidencia del expresidente Lyndon B. Johnson? ¿Y la canción I can’t get no (Satisfaction) de los Rolling Stones con cosmonauta soviético Alexéi Leónov? A primera vista, nada une estos hechos históricos tan distantes en sus respectivos campos. Nada no.

Lo que les consigue meter en un mismo contexto es el año 1965. Faltarían seis años para que Idi Amin diese un golpe de estado en Uganda y ya pasaron once años de el estreno de El enemigo público número 1.

Mientras, en el 1965 español, sucedía un hecho que quedaría en la memoria de varias generaciones.

El 6 de octubre del año de marras, comenzaba a emitirse «Estudio 1», en los antiguos estudios de Tve del Paseo de la Habana, legado de la anterior serie televisiva «Primera fila». Un elenco comenzó a representar obras de teatro del los dramaturgos más destacados de la historia de España, y con intermitencia, de dramaturgos internacionales. El programa consiguió estar veinte años en antena, mostrándonos cómo de gallardo y calavera fue Don Juan Tenorio, la última noche de Max Estrella o a Lauriencia levantando a un pueblo acongojado por su comendador. La gran riqueza cultural que derrochaba el programa casi de forma ininterrumpida durante dos décadas ya no es ni la sombra de lo que fue.

Tras alguna intentona infructuosa de volver a llevarlo a la pequeña pantalla, «Estudio 1» ha sido relegado a unas pocas y contadas actuaciones anuales casi por compasión.

«La rosa de los vientos» fue el pistoletazo de salida para un tren de grandes ilusiones puestas por actores de la talla de Agustín González o José Bódalo y de actrices de interpretaciones tan rotundas como Marisa Paredes o Tina Sainz.

Estos intérpretes hicieron del teatEstudio 1ro televisado una verdadera belle epoque, logrando captar por una gran cantidad de televidentes el interés hacia los clásicos.

Fueron los culpables de imaginarnos al Tenorio con la cara de Paco Rabal, de que Julio Núñez fuese el eterno Segismundo y la hermosa e inconformista Carmen Bernardos pusiera el alma a Francisca en «El sí de las niñas».

Es cierto que en aquella época solo existían en la televisión dos canales y el repertorio no era excesivamente variado, pero el éxito tan rotundo de «Estudio 1» no tiene nada que ver con ello, ya que otras series coetáneas no tuvieron ese calado en las familias españolas que obtuvo esta. ¿Por qué entonces pasó de moda? ¿Los gustos de las personas han cambiado tanto en tan poco tiempo? Pudo ser una conjunción de actores y espectadores que convivió mágicamente durante un tiempo determinado y como cualquier ser vivo; nació, creció y tristemente murió sin descendencia o peor, la descendencia renegó de sus antecesores.

Tenemos actualmente una gran cantidad de canales y una oferta de programación tan variada como nunca soñamos, pero ninguna puede considerarse estar a la altura del mítico programa. ¿Es posible que el chabacanismo voluntario haya puesto huevos en nuestra mentalidad y vivamos en un clima propicio para su germinación?

Alergia cultural podría denominarse a la dolencia no diagnosticada pero viral de hoy en día. Una animadversión a lo cultural por su necesario nivel de interés de aprendizaje medio. Es necesario tener un mínimo de conocimientos para ponerse a ello, pero da pereza el tener que darle al pause durante un minuto y apuntar esa palabra que no entendimos para después buscarla en un diccionario (virtual o de papel). Espera espera, ¿Garito es una palabra que utilizaba Quevedo? ¡Vamos no jodas!

La panacea universal para la solución no existe, pero sí tenemos en nuestras manos un remedio casero igual de efectivo y temible; la cultura.

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