Lame, (condescendiente)
a las reliquias que anhelan palomas
de algodón desgarrando el encarnado horizonte,
a las piedras testigos de las lágrimas amargas
de los árboles talados,
a las nubes insurgentes naufragas
en el mar seco,
el atardecer.
Abraza, (taciturno)
a los pájaros sin alas
que duermen sin soñar,
a las flores mustias en trenzas ajenas
del odio y las penas,
al metal sucio que llora,
el viento.
Juega, (mimoso)
con las voces ahogadas en humo
de dolorosa ceniza,
con los gritos que camuflan los sonidos
de la tristeza y la muerte,
con perfumes palpables de desgracias que empapan
los ojos desdichados que respiran miedo,
el mar.

