Novela corta rusa del s. XIX y amor: romper la crisálida

En alguna ocasión melancólica, Ernest Hemingway, cuya vida aventurera y solitaria concluyó con las sombras inefables del suicidio, escribió que el primer amor es como la guerra. Después de haber pasado por esa experiencia nadie vuelve a ser el mismo. Esta reflexión, a ratos certera, a ratos pesimista, encierra toda la intensidad de la vivencia del amor, que en muchas ocasiones termina siendo breve, dolorosa, transformadora. Cuando culmina pasando por los largos instantes del tiempo transcurrido, se torna insignificante y pequeña.

En la literatura del siglo XIX el amor adquiere las formas más variables e inconcisas. Para Jane Austen, en sus novelas sobre ascenso económico y alianzas matrimoniales, el amor es una experiencia grata, que en nombre de la lúcida trascendencia moral y espiritual, resulta siendo la vivencia más constructiva en la vida del individuo. Gustave Flaubert, en Madame Bovary, ya comienza a ver al amor como un devaneo inconsistente, como una suerte de locura resultante de la inconformidad y el aburrimiento impuesto por la sociedad. Otros autores, como Thomas Hardy, comienzan a vislumbrar la incompatibilidad del sentimiento del amor con las restricciones sociales que lo rodean.

Para los autores rusos del siglo XIX el amor adquiere unos matices más veraces y menos filosóficos. En sus novelas, el amor, descrito y narrado en todos los niveles y vicisitudes de la emoción, deja de adquirir matices melodramáticos o de ajustarse a alguna corriente de pensamiento para mostrarlo en su verdadero nivel de trascendencia. Más allá de ponerlo en diálogo con la sociedad, la novela corta rusa pone en evidencia la transformación inherente al individuo enamorado. Sobre todo pone en diálogo el sentimiento del amor con la aventura o la desventura del erotismo.

Amor en la novela corta rusa

San Petersburgo || Fuente: http://1.bp.blogspot.com/

En este sentido, la literatura rusa le da al amor un carácter más intemporal y menos social. Los breves relatos que Turguenev, Tolstoi y Dostoievsky escribieron sobre el amor ponen en honesta evidencia la turbación de los sentidos propia del erotismo. Ante todo, dejan entrever la turbia pérdida de la inocencia que llega al buscar la continuidad en el ser amado. Los jóvenes protagonistas de Noches Blancas de Dostoievsky, de Primer Amor de Turguenev y de Sonata a Kreutzer de Tolstoi, en la brevedad de sus experiencias, rompen la crisálida de la inocencia para abrir sus alas, a veces desgarradas por la amargura, pero siempre simbólicas de la trascendencia que solo el sufrimiento amoroso puede otorgar.

De la experiencia erótica y sus espejismos

Los tres relatos que nos conciernen, que pueden acompañarse de la lluvia melancólica de las tardes de domingo, se caracterizan por su instantánea brevedad, como puede ser la insignificante pero provechosa experiencia de los amores pasados, y en los tres casos de novela corta rusa, los protagonistas contemplan sus vivencias desde la profunda caverna del tiempo transcurrido.

En Noches Blancas, la visión del ingenuo soñador contempla su breve encuentro amoroso con Nastenka desde la insípida amargura de un recuerdo que transformó su visión de la vida y del mundo. De hecho, Dostoievsky encabeza su narración con un epígrafe de Turguenev que dice lo siguiente: «¿Fui creado tal vez con el objetivo de estar cerca de tu corazón, aunque sea por un instante?». Las palabras de Turguenev enmarcan por un lado la brevedad de la experiencia amorosa, y por otro, la profunda significación de dicha vivencia, que con los años y con el tiempo logró transformar por completo la vida del joven protagonista.

El paso de los años, en el caso de Dostoievsky, le da una enorme claridad al protagonista de aquello que un tiempo atrás no fue más que un espejismo o una vaga ilusión. El erotismo, la atracción contundente del soñador hacia Nastenka, influye de manera irrefutable en su corazón, que creyendo ver en la amada un alma infinitamente parecida a la suya, comienza a albergar esperanzas en el nacimiento de un amor duradero e indestructible.

Dostoievsky novela corta rusa amor

Dostoievsky

En el caso de otra novela corta rusa, ahora de Turguenev, Vladimir Petrovich, protagonista de ese relato de un Primer Amor, también observa su historia desde los variados colores del caleidoscopio del tiempo. En el proemio que abre la novelita, Turguenev presenta a su protagonista como un hombre de mediana edad, que habla de esta forma de su primera experiencia amorosa: «Mi primer amor, en efecto, fue poco corriente- contestó después de una pausa Vladimir Petrovich, hombre de unos cuarenta años, de pelo negro, ya canoso». Después de más de treinta años, el primer amor se presenta como una experiencia arrolladora pero ya cobijada y aliviada por las gruesas y corroídas capas del tiempo, tanto que Vladimir Petrovich logra hacer de su vivencia un hermoso manuscrito.

Ese tiempo, también en el caso de la obra de Turguenev logró espantar los espejismos que alguna vez la joven princesa Zenaida despertó en el protagonista. De hecho, el primer encuentro con la bella mujer, que en medio de los jardines del condominio coquetea reventando dientes de león en los rostros de su séquito de caballeros, revela de por sí los efectos de la ilusión: «Los jóvenes ponían la frente con tanto entusiasmo, y en los movimientos de la muchacha (la veía de perfil) había algo tan delicado, exigente, mimoso, burlón y tierno, que casi grité de admiración y placer, y sentí que estaba dispuesto a darlo todo para que esos deditos encantadores hiciesen estallar una flor sobre mi frente».  Si bien Vladimir Petrovich conoce a su amada en un acto de descarado coqueteo, su corazón deforma la imagen de Zenaida, entreviendo en ella la sombra burlona de la ilusión del amor duradero.

Por su parte, en Sonata a Kreutzer el amargado Pózdnyshev le cuenta la historia de su fallido matrimonio a un interlocutor cualquiera, que como él, viaja transitoriamente sobre los rieles de algún tren que recorre la estepa. En medio del perturbador agite de las ruedas, Pózdnyshev le cuenta a su interlocutor cómo antes de su matrimonio vivía en un arrollador espejismo: «Antes de casarme vivía como todos, es decir en el vicio y, como todos los de nuestro ambiente, a pesar de vivir en el vicio, estaba convencido de que hacía lo que es debido». Para el protagonista de Tolstoi, la vida entera era una quimera antes del amor. Después del matrimonio el crecimiento que le aportó la experiencia lo ayudó a deshacerse de todo velo que encubría cada experiencia de su vida.

En los tres casos de novela corta rusa el amor irrumpe en la vida de los personajes alimentando la ilusión de lo que creen que es es esta, pero en las tres, que tan cercanas pueden ser a nuestros corazones de lector, el amor quiebra el espejismo para devolver a los protagonistas a la realidad, y más que nada, para devolverlos a un cruel encuentro consigo mismos.