Tú no tienes ni puta idea de música

Un titulado en Musicología por el Real Conservatorio Superior de Música, que domina varios instrumentos, experimentado en directo y estudio y con una rica biblioteca musical física elaborada tras muchos años de escuchas, puede argumentar por qué la discografía de los Beatles no le parece destacable, y su compañero de piso, estudiante de 1º de Enfermería, no dudará en decirle: »tú no tienes ni puta idea de música».

»Es que la música es subjetiva». Probablemente el lema más oído dentro de los que no la han estudiado o tocado en su vida. Y cierto es, la música ya dejó de ser algo exclusivamente académico hace tiempo, si das con la tecla, una guitarra y cuatro acordes te pueden bastar para ser llamado »músico». Sin embargo, nadie te daría un puesto de enfermero si no has estudiado enfermería… Con estas y otras reflexiones, y aprovechando que el Festival Internacional de Jazz está generando innumerable oferta musical durante todo Noviembre en Madrid, decidimos acercarnos, no sin cierta ironía, al concierto que este miércoles encabezaba Hinds, el objeto de nuestro análisis, en la sala El Sol.

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Hinds al completo / Foto: Clara Juárez

A todos los profanos en esto de la música »underground, pero no», Hinds es un cuarteto madrileño de garage rock cuyo meteórico ascenso da vértigo leer: en poco más de un año han pasado de grabar su primera demo a hacer giras alrededor del mundo. Ah, y con veintipocos años. Ah, y sin haber sacado aún su primer LP (que está anunciado para Enero de 2016). Como ellas mismas han declarado en prácticamente todas sus entrevistas, su éxito es »increíble». La escena madrileña tiene a estas cuatro mujeres en el punto de mira, y decidimos que había que ver su espectáculo en directo para desentrañar empíricamente su »fenómeno».

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Sen Senra y Lois / Foto: Clara Juárez

A las 21:30 llegamos a la céntrica sala El Sol, donde abrió el apetito Sen Senra, desde Galicia, entrantes perfectos para esta noche de canciones cortas y previsibles de rock simpático y bailable. Siguió Lois y su banda, que cambió el curioso post-punk que nos ofrece con Trajano! para enseñarnos su proyecto en solitario: más garage para mover las caderas, aunque un paso más adelante en complejidad y dominio instrumental. Una vez entrados en calor, el público se agolpa en primera fila y exige, a grito de »¡viva Hinds!», el plato principal. Y es que no hay que ignorar al público a partir de este momento, porque se iban a convertir en piezas fundamentales del espectáculo.

Hinds desplegó todo su repertorio en menos de una hora, y la locura se desató. Sus pegadizas y rítmicas melodías se inyectaron en las venas de un público absolutamente frenético con aliento a cerveza, que coreografió cada canción con intensos pogos, crowdsurfing, bailes agarrados y cánticos al unísono. Las ciervas no fueron menos; su energía se propagaba como la gripe, las carismáticas apariciones de Carlotta Cosials avivaban el fuego de un público que ya ardía, y todo acabó en una catártica invasión de escenario, que ocultó (pero no enmudeció) a las cuatro protagonistas de la noche. Un final apoteósico, y bastante acertado, ya que estos fanáticos merecían su porción de tarima.

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Carlotta Cosials / Foto: Clara Juárez

No obstante, bajo este envoltorio de festividad, se escondía una pregunta incómoda que algunos nos atrevimos a formular:

¿Cuánto porcentaje de música se necesita para triunfar en la música?

Es curioso como Hinds, las potenciales abanderadas españolas en el panorama musical, aportan de todo, menos música (por lo que la gente va a un concierto, en teoría). Este miércoles se vió ímpetu, personalidad, carisma, complicidad con su público… adjetivos realmente importantes en el mundo del espectáculo, sí, pero, ¿técnica?, ¿originalidad?, ¿interpretación? Todas las cualidades que se le presuponen a un músico de élite, brillan por su ausencia. Las canciones pasaron a ser actrices secundarias, en pos de todo lo que las rodea.

Y nadie se tira de los pelos. Como se ha escuchado en otros fenómenos de masas: »el público es soberano». Esto no es una conspiración, ni una estafa a gran escala, esta ola garagera es un círculo cerrado de músicos, críticos y fans felices en su mediocridad, nadie engaña, ni es engañado. Como el que va al McDonalds, vaya. Este subgénero del rock no quiere cambiar la historia de la música, mas que complacer a un público fácil de contentar con música fácil de componer.

Es normal que las Hinds nunca pierdan la sonrisa en el escenario, ¡cómo no sonreir cuando un trabajo tan sencillo está teniendo un apoyo tan desmesurado! Esta nube en la que están lleva la firma de sus seguidores. Ellas les ofrecen cuatro acordes cíclicos, que les hacen saltar como locos; punteos destartalados en una sola cuerda, que les hacen silbar por la calle; coros desafinados, que les hacen cantar y gritar hasta quedarse afónicos; y una hora de constantes déjà vus, que les hacen volver a sus casas exclamando »¡Viva Hinds!».

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Carlotta, entregada a su público / Foto: Clara Juárez

Mientras tanto, el Festival de Jazz sigue su curso en Madrid. La capital se llenará de músicos reputados, virtuosos y eternos estudiantes, que experimentan con modos, compases no convencionales, cambios de tempo e intensidad, interpretan sus instrumentos con mimo, sin errores de ejecución, ante un público que puede estar sentado, sin sudar ni una gota y sentirse abrumados por un espectáculo que no recibe ni un solo flash de cámara.

Músicas diferentes para mercados diferentes, inadvertidos entre sí, como dos vecinos que no se saludan aunque lleven viviendo toda la vida en un mismo portal. Pero tampoco se juzgan, y ninguno parece descontento con ello. Solo un servidor, en medio, pierde el tiempo comparando a unos con otros. Y eso que, quizás, no tenga ni puta idea de música.

Batxe

Mentiroso, cerdo, idiota, comunista... ¡Pero de actor porno no tengo nada!