allí donde el silencio sanciona a los adolescentes tímidos
que no se entregan a los brazos de la amada,
allí donde los ojos por fin abandonan su avaricia
para que el corazón libe alegría y tristeza de sus pozos,
allí donde la cinta de celuloide
rueda muda e imperceptible
como arroyo inflamable trenzando
rostros y palabras extraviadas,
allí la luz es mano y molino liviano
descascarando la nuez
donde habita
el rey
del universo
infinito.

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