The Lady of Shalott 1888 John William Waterhouse 1849-1917 Presented by Sir Henry Tate 1894 http://www.tate.org.uk/art/work/N01543

Las maldiciones y los versos

De las pinturas que fueron producidas en la época del prerrafaelismo, muchas representaciones de mujeres fueron motivo de inspiración para artistas como Rossetti, William Holman Hunt o Millais. Esta hermandad comenzó a pintar firmando como PRB. Estas letras, desconocidas al inicio de su movimiento, significaban Pre Rafaelism Brotherhood o, como algunos de sus componentes apuntaban en broma, Penis Rather Better.
De la huella de este movimiento surgió el posterior romanticismo victoriano, cuyo máximo exponente fue John William Waterhouse. El prolífico artista llegó a representar un total de 7 veces a la Lady of Shalott, protagonista indiscutible de las desgracias que acontecen en las líneas del poema de lord Tennyson.

The Lady of Shalott 1888 John William Waterhouse 1849-1917 Presented by Sir Henry Tate 1894 http://www.tate.org.uk/art/work/N01543

Elaine, la dama de Shalott, ve pasar sus días condenada en una torre. Se puede pensar, por la influencia que Morgana tuvo en el ciclo artúrico, que fuera precisamente esta hechicera la que mantuvo a la muchacha encerrada, obligándole a no volverse jamás hacia Camelot. Mientras teje en su telar cual Penélope, Elaine ve a Lancelot reflejado en su espejo y se enamora. Se gira para observarle y el funesto destino se cumple:

She left the web, she left the loom,
She made three paces thro’ the room,
She saw the water-lily bloom,
She saw the helmet and the plume,
She look’d down to Camelot.
Out flew the web and floated wide;
The mirror crack’d from side to side;
«The curse is come upon me,» cried
The Lady of Shalott.

Waterhouse recoge el instante en que la muchacha se dirige a su final, vestida con el traje blanco de la pureza que recuerda a las novias de la muerte:

And at the closing of the day
She loosed the chain, and down she lay;
The broad stream bore her far away,
The Lady of Shalott.

Lying, robed in snowy white
That loosely flew to left and right—
The leaves upon her falling light—
Thro’ the noises of the night
She floated down to Camelot:
And as the boat-head wound along
The willowy hills and fields among,
They heard her singing her last song,
The Lady of Shalott.

Con la postrera canción en sus labios, la boca ligeramente abierta, entona los versos que flotarán hasta su despedida:

Heard a carol, mournful, holy,
Chanted loudly, chanted lowly,
Till her blood was frozen slowly,
And her eyes were darken’d wholly

Cuando llega a la orilla, en el cierre del poema, Lancelot reflexiona al ver a una muerta tan hermosa que atrae las miradas. «She has a lovely face/ God in his mercy lend her grace,/ The Lady of Shalott». Lo que al principio fue el arrebato de amor de la dama hacia el caballero, se vuelve hacia Lancelot, apreciando las virtudes del alma y del rostro de Elaine. Como afimaban los griegos, sólo a los bellos les era concedida la virtud de la bondad, a los aristoi, a los mejores. Y es este amor por Lancelot el que causará la desgracia de Elaine.
También de Tennyson es el poema de «The Mermaid», que se corresponde con el lienzo homónimo de Waterhouse. En este caso una sirena se peina el cabello mientras la rodean perlas de un collar. Son las lágrimas de los pescadores que, atraídos por sus cánticos, morirían de la mano del peligroso ser mitológico:

Who would be
A mermaid fair,
Singing alone,
Combing her hair
Under the sea,
In a golden curl
With a comb of pearl…

sirena«The mermaid», J. W. Waterhouse

Cabe que recordar que la obra de Waterhouse también recoge las auténticas sirenas, aquellas de cabeza de mujer y cuerpo de buitre. Mucho más amable que la representación original, aquí la sirena parece que se relama tras haber saboreado a otra de sus víctimas. Como ocurrió con el amor desgraciado de Lancelot, quien se encuentra póstumamente con la dama que se enamoró de él, la sirena del poema de Tennyson no podrá amar jamás ya que devora todo el que cae en sus delicadas manos.Ulisses and the mermaids«Ulysses and the mermaids», John William Waterhouse, jwwaterhouse.com

De Keats es el poema de “Lamia”, que cerraría el ciclo de los versos y las maldiciones de amor. Hermes busca a la ninfa de la que se ha enamorado, pero se topa con la lamia. Esta se se lamenta de su condición de serpiente, pues antes fue mujer:

I was a woman, let me have once more
A woman’s shape, and charming as before…

Lycius, el enamorado de la lamia, desconoce que la mujer oculta el secreto de que es una serpiente. El científico Apolonio le advierte de ello, a pesar de las quejas de la lamia. Ella huye convertida en serpiente, antes de enfrentarse a la verdad, dejando a Lycius destrozado. Este muere, como se recoge en los versos del final del texto, apenado por la pérdida de su amada. De nuevo se presencia la historia de un amor infortunado, esta vez entre un joven y un ser casi demoniaco, que conducirá a la muerte:

Then Lamia breath’d death breath; the sophist’s eye,
Like a sharp spear, went through her utterly,
Keen, cruel, perceant, stinging: she, as well
As her weak hand could any meaning tell,
Motion’d him to be silent; vainly so,
He look’d and look’d again a level—No!
«A Serpent!» echoed he; no sooner said,
Than with a frightful scream she vanished:
And Lycius’ arms were empty of delight,
As were his limbs of life, from that same night.
On the high couch he lay!—his friends came round
Supported him—no pulse, or breath they found,
And, in its marriage robe, the heavy body wound

Lamia_and_the_Soldier«Lamia and the soldier», J. W. Waterhouse

En el lienzo de Waterhouse se aprecia que la lamia lleva puesto un vestido estampado que recuerda a la piel del reptil en el que se transformará. El caballero la contempla, sin sospechar cuál va a ser su sino. La sugerente boca abierta y la postura de la lamia arrodillada ante él podrían indicar que, en ese ambiente de tensión, la pareja va a unirse sexualmente. La boca de la Lamia aparece descrita en el poema de Keats, en una doble naturaleza atrayente y demoniaca: “She had a woman’s mouth with all its pearls complete”.

El mito de la Lamia surge en la Grecia clásica. Dice F. J. Muñoz Acebes que la Lamia fue una reina de Libia que sedujo a Zeus, cuya fama de mujeriego empedernido le precedía. Hera, celosa de la Lamia, la convierte en serpiente. Para recuperar su belleza la Lamia mata niños y se mancha de su sangre, con la que rejuvenece. Esta es la fuente de la que debió beber casi literalmente Isabel Báthory, apodada “la condesa sangrienta”.

Cabe destacar que en un primer momento la Lamia fue relacionada con Lilith, primera mujer de Adán. Esta abandonó el Edén para unirse posteriormente con Asmodeo, el demonio de la lujuria. La Lamia acabará siendo relacionada con el mundo de lo vampírico.

En estos versos se presentan mujeres que por uno u otro motivo darán fin a la unión con su amante, bien sea por la muerte accidental de ella a manos de él, bien sea por cayendo él víctima de ella. El amor como maldición, como hechizo, se encarna en estas tres mujeres que son empujadas inevitablemente a cumplir sus destinos.

Alicia Louzao

Exácticamente soy licenciada en Filología Hispánica y Filología Inglesa con Máster en Literatura. Los momeraths me llevaron de Madrid a Londres. Hago mi tesis doctoral sobre la literatura de los Siglos de Oro.