Elena Mendoza y Matthias Rebstock vuelven a unirse, tras la adaptación a la ópera de la obra Niebla de Miguel de Unamuno, para convertir, de nuevo, la literatura en espectáculo. Esta vez son cuatro las obras, todas ellas firmadas por el desaparecido escritor uruguayo Juan Carlos Onetti, las que cobran vida en el escenario del Teatro Real de Madrid, con el título “La ciudad de las mentiras”, en un estreno mundial que estará en cartel del 20 al 26 de febrero.

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Titus Engel (director musical) / Pedro Pablo Prudencio (asistente del director musical)

Bajo la dirección del director de orquesta Titus Engel, los músicos se sitúan en diferentes espacios del teatro: el palco real, el foso y el propio escenario. Instrumentos clásicos se unen a ritmos de cuchillos y platos, o de juegos de mesa, creando una música que encaja a la perfección como banda sonora de una ciudad mentirosa. Las historias son narradas, susurradas, gritadas, cantadas, recitadas o, incluso, emitidas radiofónicamente por sus propios protagonistas.

Cuatro mujeres envueltas de verdad

En El infierno tan temido, Risso recibe fotografías obscenas de su ex mujer, Gracia, que confesando su infidelidad descubrió la mentira de la promesa de amor de su marido. Carmen Méndez, la protagonista de Un álbum, dedica sus historias más bellas a su nuevo amante hasta que este descubre que la ficción en la que él creía era solo la narración de una vida real, sintiéndose así traicionado por ella.

La joven Moncha Insaurralde, a la que el doctor Díaz Grey dedica una carta, es la novia robada del relato homónimo. Vuelve de Europa cegada por una realidad falsa a la que contribuyen todos los habitantes de Santa María, una mentira colectiva que los hace partícipes de la muerte de la joven. Y, el sueño de la mujer sin nombre se convierte en el quebradero de cabeza del dramaturgo Langman en Un sueño realizado, donde el sentido último solo se revelará al final de la obra, y de la ópera. 

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Michael Pflumm (Jorge), Matthias Jann (trombón) / Martín Posegga (saxofón) / Miguel Pérez Iñesta (clarinete)

Mujer sin nombre, Moncha, Gracia y Carmen solo dicen la verdad. Las protagonistas de las historias de Onetti mienten de la peor manera, en palabras del propio escritor: “hay varias maneras de mentir, pero la más repugnante de todas es decir la verdad, toda la verdad, ocultando el alma de los hechos”. Y es que la mentira tiene muchas caras, pero en la ópera de Elena Mendoza tiene, sobre todo, un lugar: la ciudad imaginaria de Santa María. Esta es el punto de encuentro de las historias, un espacio recreado con una escenografía milimetrada que recuerda a la obra Relatividad de Escher.

Un barman con mucho ritmo

La presencia de músicos en el escenario puede despistar al espectador acostumbrado a la ópera clásica, pero el modo de hacer ópera está cambiando, y los músicos ya no se esconden en el foso sino que son verdaderos protagonistas. En “La ciudad de las mentiras”, el público atiende expectante a los ritmos que se marcan desde el escenario.

El espectador no espera el aria de la protagonista, sino que atiende al chirriar del violín de la novia robada; o al lento cerrarse del acordeón de Carmen Méndez, símbolo erótico de los encuentros con su amante. O, incluso, ríe con la percusión del camarero francés que deleita desde su barra con un solo de bandejas metálicas y platos llanos, llegando al culmen de su actuación con un tropiezo estruendoso.

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Michael Pflumm (Jorge), tenor / Anne Landa (Carmen), acordeón

Unos ritmos y cadencias que aumentan no solo musicalmente sino en los pasajes de una historia a otra, de una escena a otra, en los cambios y juegos de luces, en las apariciones de las protagonistas en escena que, primero aisladas unas de otras, terminan por fusionarse en una sola.

Dum mors nos dividat

Quince escenas teatrales musicalizadas con las que el concepto de ópera adquiere nuevos matices. Las voces no son ya las protagonistas, lo es la historia o historias, como en este caso. Sin embargo, los rituales no han cambiado, la entrada del director de orquesta sigue siendo aplaudida, porque la ópera sigue siendo un espectáculo diferente. Patrones que se repiten, personajes buffonescos y frases que dictan al público las pistas para entender una ópera que, a veces, se manifiesta como metateatro de un género reinventado.

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Anna Spina (Moncha), viola / Tobias Dutschke (Tito / Camarero), percusión.

En “La ciudad de las mentiras” llueve ropa, la enajenada Moncha pierde trozos de vestido y el dramaturgo Langman rompe el pacto de ficción interpelando al público o, quizás, a su público. Onetti cuenta historias de verdad para hablar de la mentira; Elena Mendoza dosifica las mentiras intercalando verdades en una adaptación que, a su vez, se apoya en una sola verdad universal para la humanidad: dum mors nos dividat.

Literatura convertida en teatro musicalizado o en ópera reinventada, las etiquetas pueden variar, pero el Teatro Real apuesta por un nuevo tipo de espectáculo. Una puesta en escena y una adaptación que hacen de ‘La ciudad de las mentiras’ un lugar donde cuatro historias confluyen para hacer dudar al espectador de los límites de la verdad.

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