A las 20.00h del pasado viernes 20 de Enero en el Museo Lázaro Galdiano, Ignacio Vleming y Vanesa Pérez-Sauquillo esperan preparados para contar una historia llena de fantasmas, vampiros y otros monstruos fantásticos. Con la voz de Vanesa, la narración de Ignacio y la colección del museo, comienza el recorrido entre joyas y venenos, amores y cabezas. Salomé, de Oscar Wilde, da el pistoletazo de salida con una promesa: todo el oro del rey Herodes por un baile.

La colección de joyas esconde secretos que son descubiertos por el narrador ante un público expectante: un bernegal que cambia de color para detectar el veneno o un anillo que bajo su brillante oculta el hueco exacto para introducir sustancias mortíferas. Magia y leyendas como introducción a un recorrido romántico.

Del relato de un amor lleno de riqueza, se pasa a la sala contigua, donde Lady Sondes espera, señalando con su mirada un inexistente destinatario colocado a su derecha. Entre pinturas y platería, la literatura decimonónica de terror hace su aparición en escena, empezando con un género recientemente resucitado: la novela de vampiros. Sin embargo, aún no se trata de Bram Stoker ni del famoso Conde Drácula, sino que las protagonistas son dos féminas: Alejandra Pizarnik y su Condesa sangrienta.

Aquí, la realidad de la condesa Elizabeth Báthory supera a la ficción con el relato de sus torturas a las jóvenes vírgenes en un intento por atrapar su juventud. Escuchar cómo Alejandra Pizarnik con la voz de Vanesa da una historia, en el recorrido de esta velada, a Un torreón en ruinas de Eugenio Lucas Velázquez.

velada gotica

El Salvador adolescente de Antonio Boltraffio || Fuente: Melina Márquez

La femineidad de esta figura histórica no representa a la única vampiresa que se cruza en esta visita guiada, a la condesa de Pizarnik se une la Carmilla de Sheridan Le Fanu, que con su descripción, casi orgásmica, de la posesión de una de las protagonistas, añade erotismo a una velada fantástica llena de oscuridades.  Y de entre esas tinieblas surge la palidez de un joven, identificado como El Salvador adolescente, aunque atribuido durante mucho tiempo a Leonardo Da Vinci, actualmente el autor que ostenta la placa informativa es Antonio Boltraffio, pintor lombardo del siglo XV. Una figura enigmática, bien puede ser Cristo o bien María Magdalena, de ahí su atribución a las manos del siempre andrógino Da Vinci. Un semblante difícil de clasificar que, en las mentes de nuestros dos poetas-guías, se convierte en la manifestación pictórica de la descripción del Drácula en la novela homónima de Bram Stoker.

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Ignacio Vleming continúa la visita amenizando la velada con uno de los grandes, Francisco de Goya. Sus Aquelarre y El Conjuro o Las Brujas como representación del conocido Auto de fe de Logroño, una caza de brujas con demonios y cabrones que el pintor español supo ilustrar.

Subiendo algunas escaleras, en la sala XIV del Museo, se encuentra una mirada triste, lánguida, en un rostro pálido y sin la juventud de la muchacha a la que representa. Son los hermanos Bécquer, la pintura de Valeriano y la pluma de Gustavo Adolfo. Y, en esta ocasión, con la voz de Vanesa Pérez-Sauquillo que, ante la atenta mirada de la muchacha en el cuadro, entona:

¡Miserere mei, Deus, secundum magnam misericordiam tuam!

A las imágenes se unen otros objetos de la colección Lázaro Galdiano, de esta manera, un relicario que alberga partes de lo que fue un ser humano nos traslada al laboratorio de Víctor Frankenstein. Partes de seres humanos, no solo en envoltorios destinados al culto sino como representaciones bíblicas de la crueldad de otros tiempos.

En este recorrido gótico no podían faltar las historias de fantasmas, apariciones que, a veces, se esconden pero que, en pleno siglo XXI, no pueden escapar a los análisis tecnológicos más avanzados. Así, en la tranquilidad de las Meditaciones de San Juan Bautista de El Bosco, una cara se trasluce en la gigantesca mandrágora dibujada por el pintor holandés. Una figura anterior en un lienzo reutilizado para la pintura que hoy se conserva o una aparición que observa a San Juan mientras señala la venida de El Mesías representado en el cordero. El análisis científico indica la primera teoría, la magia de la velada gótica se decanta por la segunda.

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Detalle Meditaciones de San Juan Bautista, El Bosco || Fuente: Melina Márquez

Una cabeza por un baile

La visita literaria llega a su fin volviendo a su inicio, Salomé exhorta a un San Juan muerto por Herodes, dirigiéndose, en concreto, a la Cabeza de San Juan Bautista o, Jokanaán en el texto de Wilde. Una cabeza por un baile, la promesa de entregarse a Herodes de una Salomé enamorada de un hombre inaccesible, una locura de amor que acaba con la muerte, porque «el misterio del amor es mayor que el misterio de la muerte».

Arte, literatura, objetos preciosos, leyendas y mitos, todo ello se une para ofrecer una visita diferente. Dos poetas contemporáneos que acercan al público a una vasta colección artística con una visión literaria que les da voz, reinventando sus historias.

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