«En tu imperio mis sentidos» de Carlos M. Delgado

De sangre se vacían tus pulgares

al presionar sin ambages los lugares

que rindieran homenaje

al instrumento de tortura,

censor de las amarguras,

clavando fuerte las uñas,

y aún más fuerte la cintura,

en un yermo enajenado:

muy humano,

demasiado;

pues destila el aguardiente de la resaca del diablo.

Y yo callo,

de oxígeno privado y sin embargo aliviado,

en el Jardín de las Delicias,

deliciosamente frío,

ah,

ah,

…,

y deliciosamente ahorcado.

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