La obra literaria Michel Houellebecq (La Reunión, 1956) le ha convertido en uno de los grandes nombres de la literatura francesa (ha ganado el Premio Goncourt por El mapa y el territorio (2010), y el Premio Interallié por la novela La posibilidad de una isla (2005), resultando así mismo también finalista “Las partículas elementales” del Premio Goncourt), pero también en una de las personalidades públicas más controvertidas de su país.

Houellebecq, el sociable

El «fenómeno Houellebecq» se ha nutrido de acusaciones que le tildan de misógino, de racista y de ultraderechista. Y es que los temas de sus novelas pocas veces dejan indiferente. No hay más que echar un vistazo a su currículo: en Las partículas elementales (1998) arremete contra la supuesta herencia del mayo del 68 en la novela Sumisión (2015) apunta hacia la inminente islamización de Francia y, como no es hombre de medias tintas, en Plataforma (2001) directamente califica al Islam de «estupidez». Esta última novela le valió un juicio por incitación al odio religioso, cargo del que fue finalmente absuelto.

En su última obra, L’enfant terrible se desnuda. En presencia de Schopenhauer es el reconocimiento a su maestro en las artes de la misantropía: el gran pesimista alemán.

El mundo es lamentable, una cosa que sería mejor que no existiera; dentro del mundo, el universo de los seres vivos constituye una zona de sufrimiento agravado; y la vida humana, su forma más elaborada, es también la más rica en padecimientos.  [p. 69]

Anagrama presenta este título en su flamante colección Nuevos cuadernos. Se trata de ensayos breves recogidos en una edición más pequeña, cuidada y económica. Y que ya cuenta con títulos de autores como Rafael Chirbes o Emmanuel Carrère.

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Portada del libro publicado por Anagrama || Fuente: Anagrama

Houellebeqc meets Schopenhauer

El acontecimiento que desató esta admiración fue el descubrimiento de Aforismos sobre la sabiduría de la vida en una biblioteca municipal del barrio Latour-Maubourg. Un Houellebecq veinteañero se vio entonces reconocido en una filosofía que propugnaba todos los valores que sentía habitar en su interior. Comienza aquí una fascinación que se prolongará en toda una obra literaria. Y que encuentra ecos en el cinismo de Daniel, protagonista de La posibilidad de una isla, o en el enfoque del turismo sexual en Plataforma. Fascinación que ahora se esboza como comentarios a algunas citas seleccionadas de las obras de Schopenhauer.

En presencia de Schopenhauer no desglosa un corpus filosófico. Más bien, Houellebecq hace un rápido recorrido a través del pensamiento del filósofo alemán. La mejor parte de este recorrido es la que sobrevuela una de las ideas centrales y más célebres del pensamiento de Schopenhauer: el deseo conduce inevitablemente a la infelicidad; por tanto, la vida debe encaminarse a la liberación de la fuente del deseo: la voluntad de vivir. Bajo este prisma, la existencia quedaría reducida exclusivamente a un simple aguardar el final.

Si de verdad la vida es dolor, parece que lo mejor es quedarse tranquilo en un rincón esperando el envejecimiento y la muerte     [p. 70]

La caricia de los monstruos

Pero inesperadamente la tempestad es sucedida por la calma. El pesimismo puede albergar una forma de humanismo. Estoico hasta la médula, pero humanismo. El lector poco familiarizado con la filosofía del alemán encontrará tras el malhumor de maestro y discípulo a dos hombres que también necesitan reconfortarse. Y que en su búsqueda han aprendido a no aspirar a la felicidad, sino a la serenidad. Una vez más, nadie queda indiferente.

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