La fundación CaixaForum de Barcelona acogió hasta diciembre la exposición Andy Warhol. El Arte Mecánico. Un viaje hacia las entrañas del arte pop y sus ramificaciones. La sensación de libertad, los colores, la sexualidad y la metáfora llenaron la Antigua Fábrica Casaramona a través de pinturas, fotografías, material exclusivo relacionado con el artista y un sinfín de experiencias audiovisuales y de multiformato.

Andy Warhol. El arte mecánico, ha recibido la colaboración del Museo Picasso de Málaga y ha contado con préstamos de importantes colecciones internacionales. Se centra sobre todo en la forma en que Warhol entendió el arte, la creación y la producción y en el papel del genio o artista en esta ecuación. En la muestra se han podido presenciar las principales y más emblemáticas obras del autor, como la lata de sopa Campbell’s, los retratos de Marilyn Monroe, Jackie Kennedy o Liz Taylor. También ensayos de cine experimental y proyectos relacionados con la Velvet Underground.

La exposición también integra objetos relativos a la Exploding Plastic Inevitable, un proyecto multidisciplinar, hipersensitivo y estimulante que incluía música, sonidos e imágenes y proyecciones. El visitante también se pudo deleitar con cuadros como el Mao Tse Tung (1972) o alguna serie de Cow Wallpaper (1966) entre otras muchas piezas.

En definitiva, la exposición recogió pinturas, esculturas, dibujos, serigrafías, libros, películas, portadas de libros, revistas y discos, objetos o material fotográfico. Elementos que definen a Warhol y plasman su esencia artística. Un circuito completo y enriquecedor que no dejó a ningún visitante decepcionado.

Andy Warhol

‘Cow Wallpaper’, 1966 || Fotografía de Agus Izquierdo

Warhol y el liberalismo artístico

En 1917, Marcel Duchamp decidió exponer un retrete bajo el pseudónimo de R. Mutt. Un gesto aparentemente anodino, sin épica, pero que cambió sin embargo la historia del arte contemporáneo. Aquel inicio de los llamados ready-made también comportaron algún que otro quebradero de cabeza a los críticos de la época. La Fuente, así se tituló la obra, supuso un antes y un después en la ontología artística y en el modo de entender el contenido del arte. Alterar la perspectiva y desafiar la hipotética definición tradicional de arte. El dadaísmo dejó fuera de juego la tradición y el canon estético occidental. Pero no sería el único caso.

Años más tarde, un joven y prometedor artista seguiría los pasos de esta corriente cuestionadora y rebelde. Andy Warhol combinó a lo largo de su carrera el talento y la filosofía con la publicidad y la exposición de las obras de arte. Lo hizo, además, tratando temas como la sociedad de consumo, el capitalismo, la celebridad y la cultura mitómana. Conceptos a la que la sociedad occidental está inevitablemente atada.

Desde sus inicios como diseñador gráfico en Nueva York, Warhol desafió la tradición del arte y su magnanimidad. Se enfrentó a lo establecido, al carácter fáctico de un mundo ya pasado de moda y que debía mirar hacia el presente y el futuro de una era convulsa. Por eso mismo, mecanizó el arte y planteó si el artista debía ser necesariamente un artesano que trabajaba con sus propias manos.

Así pues, introdujo conceptos estilísticos que hasta ese momento se ceñían únicamente al mundo de la industria y la publicidad. Rompedor con las ideas heredadas, destacó sobre todo por la implantación de la mecánica, la repetición o la reproducción. Y por si fuese poco, la muerte, la vida, el erotismo y el paso del tiempo eran temáticas siempre omnipresentes en su portfolio.

Muestra de la curiosidad de Warhol por el existencialismo es, por ejemplo, Self-Portrait with Skull (1978), que se pudo ver en la exposición. En esta obra se hace patente su diálogo con la muerte, representada por una calavera al más puro estilo shakesperiano. Lo mismo sucede en Skull o la serie Skulls, de 1976, con la figura del cráneo como protagonista y máximo icono universal del memento mori, que significa «recuerda que morirás».

Andy Warhol

Serie Marilyn, década de los 60 || Fotografía de Agus Izquierdo

Nunca antes la publicidad fue tan hermosa

Warhol nació en Pittsburgh en 1928 y, desde que empezó, mostró una aptitud y una actitud obsesivas, repetitivas y endiabladamente virtuosas. A pesar de sus diferentes etapas artísticas y estilísticas, siempre destacó por cierta valentía, adentrándose en universos muy diferentes y contrastados como la televisión, la música, el diseño grafico o el marketing visual. Eso sin contar una faceta poliédrica como artista plástico.

En 1963, Warhol fundó The Factory, que estuvo en activo hasta 1968. La meca para muchos artistas y considerado, todavía hoy, uno de los templos más sórdidos de la historia del arte. La Factory fue un enclave de experimentación, de ensayo y de estudió, donde se llevó a cabo todo tipo de ejercicio artístico que incluían drag-queens, prostitutas, yonquis, escritores y otros componentes de una sociedad alternativa, decadente y seductora.

Una de esas caras de las que se hacía referencia anteriormente fue la publicidad. Su tonalidad políticamente incorrecta no le impidió revolucionar el mercado de la imagen. Se puede apreciar esta cara contemplando la serigrafía Three Coke Bottles, de 1962. Warhol incluyó un objeto tan pueril y común como un botellín de Coca-Cola y lo colocó en el epicentro de su obra, atribuyéndole un valor estético y cargándolo de un significado democrático, social y compartido. Él mismo declaró una vez: «Todas las Coca-Colas son iguales y todas ellas son igual de buenas». No existe mejor eslogan posible.

Andy Warhol

Mao Tse Tung, 1972 – Fotografía de Agus Izquierdo

El artista que se meó en el arte

La serie de cuadros, que Warhol empezó en 1978, llamada Oxidation o Piss Painting fueron también ejemplo que nadie como él mismo sabía vender tan bien su propia marca. Un poco como Salvador Dalí que, por cierto, se llegaron a conocer cuando el genio surrealista participó en los Screen Tests del norteamericano. Tal como suena, Oxidation consistía en abocar orina en lienzos y soportes de tiza. La pintura de cobre, mezclada con la orina, reaccionaban como sulfato, creando colores y relieves únicos. La iniciativa en seguida trascendió y dejó pasmados y maravillados a los críticos, expertos y aficionados de la época. Warhol, literalmente, se meó en el arte coetáneo. Y la jugarreta le salió bien.

Andy Warhol. El arte mecánico, comisariada por José Lebrero Stals, sigue todo el progreso productivo de un Warhol crítico y abierto, que basó sus ideales en uno solo: no regirse en ningún ideal estático. Derribó muros del establishment artístico y, lo que seguramente es más importante, jamás se erguió ninguna barrera conceptual. Un recorrido tan largo como complejo, que incluye piezas tanto del comienzo de su trayectoria en los cincuenta como del final de su vida, ya consagrado como uno de los artistas más importantes y influentes del siglo XX.

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