A principios de los años treinta del siglo pasado, la sociedad española se encontraba inmersa en un profundo proceso de transformación. La proclamación de la Segunda República suponía la constitución de un sistema democrático sin precedentes en la historia de este país. Durante sus primeras etapas se tratarían de realizar amplias reformas en distintas materias. Se concretan en esta coyuntura importantes logros en cuanto a la emancipación de la mujer. La Constitución de 1931 declaraba la igualdad ciudadana y el derecho a voto sin distinción de sexo. Se aprobaba también la protección a la maternidad, el matrimonio civil, el divorcio…

La incorporación de las mujeres a la vida política es una buena muestra de los avances realizados. En 1931, cuando todavía no se había aprobado el sufragio universal, tres mujeres son elegidas como diputadas: Margarita Nelken, Victoria Kent y Clara Campoamor. Serían, de hecho, famosas las intervenciones de las dos últimas en los debates acerca del voto femenino, en contra y a favor respectivamente. Todas estas novedades en el panorama socio-político quedarían plasmadas en la cultura popular.

¿Cómo era la cultura popular del momento? Desde los años veinte, la cultura de evasión, destinada al más puro entretenimiento, estaba en auge. Se conjugaban nuevas formas de consumir ocio con otras tradicionales. Cine, toros, deportes y sobre todo, teatro musical. Destaca la revista en esta última categoría. Género que musicalmente combinaba influencias del otro lado del Atlántico como el jazz, el tango, el foxtrot o el one-step con estilos propiamente nacionales: chotis, pasodoble, couplés… Lo mismo en cuanto a lo teatral: vodevil, burlesque, music hall, sainente, Zarzuela y género bufo como ascendiente.

Las Leandras

Ejemplo de representación de la revista. Las Leandras, Barcelona 1931. En Mundo Gráfico Magazine. Madrid, Spain, 1931-12-01

“Lo que dicen los personajes nada importa. Todo estriba en trapos, desnudos, telones, efectos de luz, trucos de maquinaria y conjuntos de figuras. La obra no se dirige al entendimiento de los espectadores, sino a su vista, y, en segundo plano, a su oído… Cuando no a sus sentidos menos espirituales.” Víllora, P. Teatro frívolo. Fundamentos, 2007.

Las representaciones mezclaban situaciones absurdas y erotismo. Era un género predominantemente cómico. No obstante, dichos espectáculos se aprovechaban del contexto político-social para enmarcar sus guiones. Ironizaban sobre la situación del momento. Incluso llegaban a introducir elementos transgresores. Siempre en un tono jocoso, rara vez reivindicativo. Tómese como ejemplo Las de Villadiego (1933), donde se toma a modo de inicio de la acción, una discusión acerca del sufragio universal femenino. Obra donde se expresa además la enorme influencia de la Iglesia.

Llegó la hora del feminismo

Año 1931. El derecho a voto de las mujeres es un candente debate público. Así queda plasmado en la revista Las Mimosas. A mitad de la obra se despliega un telón que simboliza un periódico relatando los cómicos resultados de unas supuestas elecciones donde las mujeres han votado en masa. Pasa entonces a interpretarse “Chotis de las Diputadas”. Una canción que relata la actividad de una congresista. Declarándose tan o mas válida que el resto de parlamentarios. Referencia a diversos políticos de la época: Besteiro, Pérez Madrigal… Graciosa resulta la alusión a la repetida ausencia de los diputados. En definitiva, un simpático entretenimiento que se sirve de un tema de actualidad como marco.

Desde luego, todo cambio social se enfrenta a resistencias. Era habitual la sátira de los estándares feministas; la mujer moderna, de moral dudosa, poco femenina y con un discurso plagado de excesos anti-masculinos. Elevan las demandas del feminismo hasta lo absurdo. Obras como Las gatas republicanas, Las dictadoras o Las de armas tomar son buenos ejemplos de ello. Sirva de caso paradigmático una copla, “La diputada” (1932), cantada por Amalia Molina. En ella se presenta a una parlamentaria que encaja con el supuesto modelo de nueva mujer. En cierto grado oportunista, que ha abandonado su lugar y las tareas asignadas a su género. Vuelven a haber menciones a personajes políticos del momento. Incluida una curiosa cita al enchufismo y a la problemática para la elección del himno.

Finalmente, la instauración de la dictadura franquista acabó con las elecciones libres. El modelo de mujer del nuevo régimen supone el regreso del rol predominante de ángel del hogar. Aquellas que habían participado en las más altas instancias de la política se ven forzadas a exiliarse. Condenadas al olvido. En la cultura popular la imposición de una fuerte censura a ciertos aspectos supone un filtro importante para las futuras representaciones. Simbólica es la supresión de la mención a Victoria Kent en “Pichi”, dentro de la revista Las Leandras (1931). Borrada de la canción mientras las referencias a la violencia y proxenetismo permanecían.


 

Bibliografía
Alonso, C. Aphrodite’s necklace was not only a joke. Jazz, parody and feminism in spanish musical theatre (1900-1939). En: Martínez, S. y Fouce, H. Made in Spain, studies in popular music. Routlage, New York, 2013.

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