En la Facultad de Ciencias Políticas de la Complutense, el primer día de clase del primer curso, un profesor con ganas de impactar lanza una pregunta al aire una vez tiene a todo el mundo sentado: “¿Qué país, en un siglo y medio, ha tenido nueve Constituciones y cinco Guerras Civiles?”. “Colombia”, dice uno. “Venezuela”, suelta otro. Tras varios países sudamericanos y alguno africano, el profesor, divertido y con media sonrisa, da la respuesta: “Es España”.

La Constitución de 1812, la primera de España.

La Constitución de 1812, la primera de España.

Y es que ser Constitución en España siempre ha sido muy complicado. Naciendo en guerras, tras alzamientos militares o después de periodos autoritaritos. Algunas escritas sobre papel mojado, siempre criticadas, siempre queriendo ser cambiadas por parte de la sociedad.

Y la cosa empeora si se compara con otras… Como la primera de la historia, la Americana, que lleva en vigor desde el año 1787. Con sus modificaciones y enmiendas, siempre la misma. Pero hoy toca centrarse en España, repasando las vicisitudes por las que han pasado las Cartas Magnas que han regido este, no siempre, Reino.

La primera fue la de 1812, la de Cádiz, la Pepa. Nació en plena Guerra de la Independencia con los franceses, y después no le fue mucho mejor. Muy adecuada a la época, se forjó como un grito independentista, a la vez que buscaba poner coto al absolutismo del Antiguo Régimen. Un absolutismo que, de mano de Fernando VII, la aplastó por dos veces con las bayonetas por delante. Sumando todos los periodos, estuvo en vigor durante seis años.

Isabel II jura la Constitución de 1837.

Isabel II jura la Constitución de 1837.

A ésta le sigue el Estatuto Real de 1834. Un paso atrás a la Pepa, no es considerado ni Constitución, sino una mera carta otorgada de la Corona. Un reconocimiento de derechos que quería frenar el ímpetu liberal de la sociedad. Un puente de dos años entre el pasado y el futuro.

Después, ya estaba España preparada para ser considerada constitucionalista de pleno de derecho. Y lo haría gracias a la Constitución de 1837, una evolución de la de 1812 que buscaba poner de acuerdo a liberales y conservadores, limitando el poder de los gobernantes y garantizando derechos a los ciudadanos. Las bases de cualquier Constitución.

Pero esto es España. Si ahora cada Gobierno cambia leyes como la de Educación o la Laboral, antes cambiaba las Constituciones. Así llegó la de 1845, con los moderados adecuando la norma anterior a sus ideas y olvidando el consenso logrado. Un nuevo paso atrás que quiso ser aún más grande con el Proyecto Constitucional de 1852, como respuesta a la Primavera de los Pueblos, con el previsible fracaso.

Curiosamente, cuatro años después, una Constitución más liberal no llegó a ser promulgada. Iba a ser un texto más moderno, pero la contrarrevolución del General O´Donnell de 1856 la frenó en seco. Sin embargo, esa inercia liberal permitió que la nueva Constitución, la de 1869, supusiera un importante avance, con cuestiones como la soberanía nacional, la división de poderes o la aconfesionalidad del Estado.

De las Repúblicas a la actualidad

Su vigencia duró hasta 1873, con la llegada de la I República, en la que intentaron poner en marcha una Constitución Federal sin ningún éxito. Entonces, tras tres años de inestabilidad, llegó Cánovas del Castillo con su Restauración Borbónica y su Constitución de 1876. En una época en la que la política en sí era una farsa, su Carta Magna retrocedía en cuestiones legislativas y administrativas. De nuevo, un paso atrás.

Así, la montaña rusa que supone la historia de España continuó hasta llegar a la II República, en el año 1931. Y de nuevo, otra Constitución. Toda una revolución para la época con un Estado laico, una única Cámara, autonomía para municipios y regiones o su propio Tribunal Constitucional. La Guerra Civil acabó con ella, dejando paso a la dictadura de Franco y sus Leyes Fundamentales.

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El Rey sanciona la Constitución Española el 27 de diciembre de 1978.

Tras más de 40 años de totalitarismo, la democracia tuvo otra oportunidad. En el año 1978 se aprobaba la actual Constitución. Un texto de consenso, único votado en referéndum por todos los españoles. Una ‘ley de leyes’ que no sólo buscaba comenzar a cerrar las heridas que sangraban desde el 36 en adelante, sino que quería concretar siglo y medio de constitucionalismo español. Ahora se habla de reformarla, pero no hay que olvidar lo que logró en su día.

Después del repaso, un pequeño matiz. La Constitución es sinónimo de democracia, pero el sufragio censitario, donde era necesario tener cierta riqueza para poder votar, se extendió hasta el año 1869. Fue entonces cuando, con el sufragio universal, todos los hombres pudieron votar. Y el matiz está en la palabra ‘hombres’, porque las mujeres tuvieron que esperar hasta 1931.

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Este vídeo repasa, de forma sencilla y concisa, la evolución de las Constituciones Españolas más importantes.

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