Poneos en situación: Imaginad que conocéis a un tipo, el cual se enorgullece de acostarse con prostitutas, además, reconoce que se come sus mocos y suele ser excesivamente meticuloso con cualquiera de sus opiniones, verbalizándolas en sus libros hasta el desespero. ¿Os caería mal a primera vista? ¿Os podrían los prejuicios? Bien, pues ese tipo es nada más y nada menos que Chester Brown. Caricaturista (prefiere ser llamado con dicho término antes de dibujante de tebeos) canadiense que, a modo de invitación sorpresa gentileza de la editorial La Cúpula, visitó la ciudad de Barcelona a propósito de su último libro publicado, el controvertido: “María lloró sobre los pies de Jesús” (La Cúpula 2016). Ante tal evento, se hizo un hueco en la agenda para conocer al autor en su primera visita a España.

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Chester Brown durante la charla.

Los dos últimos trabajos realizados por Chester Brown tienen un mismo hilo en común: la prostitución. Primeramente, como cliente habitual (esto es, pagando por ello) y, en su nueva obra, basándose en alrededor de 10 pasajes históricos bíblicos.

Viendo que sus últimos libros se enfocan en dicha profesión, a la pregunta de si sus próximos libros seguirán el mismo curso o si volverá a otros géneros que han tenido presencia en otros cómics (como la exploración del subconsciente en “Ed, el payaso feliz”), el caricaturista afirma que: “Actualmente tengo pendiente la publicación de dos nuevas obras. Una de ellas si tratará de la prostitución, una historia ficticia ocurrida en Europa, pero la otra obra tendrá un carácter histórico”. Algo que no sorprende, porque en la biografía de Chester hay lugar para la historia, como, por ejemplo, su cómic de tintes biográficos sobre Louis Riel (un controvertido político canadiense del Siglo XIX).

Cuando se tiene un tebeo de Chester en las manos, se observa claramente que ninguna de las viñetas tiene un carácter deliberado, sino más bien todo lo contrario. El autor parece tener cierta obligación de justificar el por qué de cada trazo o cada bocadillo del tebeo, es por ello que sus últimas obras vienen acompañadas de epígrafes y apéndices para que el lector tenga un plus más a la hora de reflexionar sobre los acontecimientos. Respecto a esto último y al preguntarle acerca de si lo siento como obligación o lo ve imprescindible en sus obras, el caricaturista dice: “No exactamente, no es algo deliberado. Es algo que he hecho en obras que creo que era algo necesario, y así seguirá siendo si creo que acaba dando forma a la obra o tengo algo más que contar aparte del cómic en sí”. 

A pesar de su aspecto de hombrecito (como bien se titulaba su cómic recopilatorio de historias cortas) Chester Brown muestra seguridad en la mirada y no tiene ningún tipo de pudor ante cualquier pregunta relacionada con sexo, prostitución, mujeres y monogamia, a la pregunta de si es el cómic un arte una vía realmente poco explorada a la hora de tratar temas éticos o hacer denuncia social, el autor nos contesta: “El cómic no deja de ser un arte joven, sin embargo otros autores  más veteranos que yo, como es el caso de Crumb, ya habían trabajado en éste sentido. Más que poco explorado, yo diría menos popular”.

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Chester Brown dedicando uno de sus libros.

Tras un apretón de manos y un agradecimiento, la charla queda terminada, el tiempo apremia en la agenda del canadiense. Y es que a Chester le quedaba por delante todavía una comida, una sesión de firmas en el Triangle del Fnac de Barcelona y seguro que alguna que otra pregunta incómoda, a la cual le vendrá una respuesta aún más incomoda. Y así debe de ser. Gracias Chester.

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