No se para de escribir. Las TIC impulsan a expresar por escrito lo que antes se hacía en una llamada telefónica. Si bien coexisten con otros modelos de comunicación oral como las notas de voz que se intercambian a modo de “corto y cambio” o la videoconferencia, hoy en día gana en popularidad la comunicación escrita. La mensajería instantánea de “Guassap”, los mensajes de correo electrónico o de “Feisbuc” son el canal masivo de contacto con los otros. Para el trabajo, para las madres, para el grupo de entreno, para el ligoteo… Tantas cosas por escribir, tan poco tiempo en la trepidante vida moderna y tan difícil explicar lo que uno quiere.

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Fuente: Sjoerd Lammers Flickr www.sjoerdlammers.com

Entonces llegaron ellos, los emoticonos. Esas bonitas pics tan ocurrentes, tan gráficas. Son prácticos y muy cucos. ¿Por qué escribir: me alegro mucho; te envío un beso; suerte; felicidades; eres el/la mejor; ánimo; ufff; ¡mierda!; ¡qué viva la feria de Abril!? Demasiadas letras. ¿Por qué jugar con la ironía si se puede guiñar un ojo virtual? El emoticono aparece como una pequeña tabla de salvación para malentendidos. La sonrisa maliciosa está a mano para ayudar a puntualizar que se está de broma, que no se habla en serio.

Los emoticonos son una representación iconográfica, esto es, un signo que mantiene una relación de semejanza con el objeto representado. Dicha proximidad facilita la comprensión pues supera las barreras idiomáticas. Se entiende que, aquí o en Madagascar, el beso con corazón “guassapero” es más intenso que el que no lo lleva, por ejemplo.  Aún así, ya recientemente se han incluido en “Feisbuc” unos emoticonos asociados a la descripción de una emoción concreta. El signo está ahí, pero le acompaña una frase esclarecedora “me encanta, me entristece…”

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Puck Magazine. 1881

Quizás toca desempolvar la olvidada disciplina de la retórica. Eso que los griegos usaban en su oratoria para conseguir discursos más persuasivos y que la RAE designa como “el arte del buen decir” . Las figuras retóricas han de servir para dar un determinado sentido al mensaje lingüístico. Superan el significado literal y recurren a uno figurado con diversos objetivos;  sea describir, convencer, o expresar una emoción. Los recursos estilísticos se relacionan con una intención comunicativa más profunda que la practicidad del día a día.

Los emoticonos, en cambio, se quedan a medio camino. Son una ilusión expresiva que llena el vacío de la comunicación no verbal, esa que aún se cuela en una conversación telefónica: el timbre alegre de una voz entusiasta, el silencio incómodo antes de proferir una excusa, el susurro expectante lleno de deseo, la impaciencia controlada a punto de explotar en un reproche.

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Fuente: idlesuperstar.tumblr.com

De modo que, si se ha de escribir, ¿por qué un nuevo obstáculo, una nueva mediación entre emisor y receptor? Las metáforas, las hipérboles o la paradoja se utilizan para facilitar la comunicación, la función expresiva del mensaje. Las comas y los puntos suspensivos pueden transmitir mucha más intención que un hortera circulito amarillo de sonrisa torcida.

No es baladí. Somos, no sólo lo que decimos, sino cómo lo decimos. O en palabras del poeta estadounidense R.W.Emerson  «El hombre no es más que la mitad de sí mismo: la otra mitad es su expresión».

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