Anticrítica de arte: Convertir el mundo en universo

La religión es un instinto que despierta cuando el ser humano descubre su pequeñez. El mito, la poesía y la música no son más que la respuesta ordenada y material de ese instinto, que a menudo se despliega con urgencia ante el suceso de la muerte.

Cuando una persona muere y su cuerpo inerte queda tendido sobre la lámina metálica de la morgue, su presencia se convierte en una gran pregunta para el que lo observa. Esa materia, compuesta de esqueleto y vísceras inmóviles, contuvo un universo psíquico infinito que ahora no es mucho más compleja que la lámina que la sostiene.

El cuerpo muerto se convierte en una incógnita insuperable y atrayente que obliga a sus semejantes a preguntarse: ¿Cómo puede un cuerpo perder la vida? ¿Qué es, entonces, la vida? ¿Acaso es algo distinto del cuerpo, susceptible de perderse?
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Las grandes preguntas

Es ya difícil comprender qué hace el hombre aquí, bajo todas esas estrellas que en las noches de luna parecen mirarlo sólo a él, tan vulnerable y destructivo, tan insignificante y lleno de sí. Pero es todavía más difícil comprender qué hace el hombre preguntándose tal cosa, de qué le sirve su consciencia.

Vive como cualquier otra materia bruta en un universo del que, a diferencia de cualquier otra materia, es observador y juez. Pero además es un testigo consciente de su incapacidad para abarcar la totalidad aquello que mira. Sabe que puede ver, pero tan sólo limitadamente. Esta mirada parcial, temporal, insuficiente y profunda es, sin embargo, la mayor grandeza que posee.

Los perros duermen al lado de sus dueños, las flores se abren cíclicamente, el viento sigue soplando en la sierra y el sol vuelve a marcar el paso de un nuevo día. Sólo el hombre, a medio camino entre los animales y los dioses, se queda perplejo ante la muerte de un semejante. En seguida, su instinto espiritual abre su capacidad simbólica y trabaja para compensar el desajuste que existe entre sus limitaciones biológicas y su desproporcionada capacidad para verlo casi-todo.
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El arte como respuesta

El arte es el resultado de un esfuerzo para ajustar la monstruosa paradoja que existe dentro de él. Esa paradoja que hace convivir la vulgaridad del cuerpo humano, burdo y necesitado, con la fineza de todo lo que sucede en él. Los mitos, la poesía, la música son reacciones del hombre ante un misterio que lo sobrepasa. Con ellos responde ante la complejidad que percibe, aunque su respuesta siempre es incompleta, huérfana de prueba, que pide fe, proclive a difuminarse y transmutar.

Los frutos de la espiritualidad del hombre, ésos que intentan reajustarlo y acomodarlo en su profundidad-limitada hacen de su mundo natural un universo sagrado. Es cierto que no puede alcanzar a Dios para resolver de una vez todos los misterios, ni abandonar su condición animal para convertirse en él. Pero sí puede traer a Dios a su mundo y poblarlo con él, convirtiendo aquello que lo circunda en un templo. ¿Qué son la música, la poesía y el mito sino formas de traer lo sagrado hacia sí?

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