Adolf Loos: Estética y provocación

A lo largo de toda la historia del pensamiento, siempre hay momentos en los que la corriente intelectual predominante se choca contra una puerta cerrada. Y, siguiendo la evolución, siempre hay un personaje que tiene que abrir dicha puerta. Puede que esta persona no llegue a cruzar el umbral, pero la veda queda abierta para todos los que vienen detrás. Adolf Loos es un tipo que a finales del siglo XIX abrió de una patada la opulenta puerta del barroquismo estético vienés que llevaba unos dos siglos profesándose en iglesias, palacios y todo tipo de edificios pertenecientes a la clase alta de esta ciudad. Él, con sus ideas, hirió de muerte al clasicismo que se practicaba en la ciudad para abrir los ojos al moderno racionalismo que estaba empezando a gestarse en distintos países de Europa o en Norteamérica.

Adolf Loos, nacido en Brno -actual República Checa, pero parte del Imperio Austrohúngaro en ese momento- hacia el tercer cuarto del siglo XIX, ejerció como arquitecto aun no teniendo formación arquitectónica propiamente dicha. Sus muchos intentos de ingresar en la escuela de arquitectura fueron en vano, matriculándose posteriormente en la Escuela de Artes y Oficios de Reichenberg (antigua Bohemia). Consiguió terminar sus estudios y se matriculó en la Escuela Politécnica de Dresde, nuevamente sin conseguir el título de arquitecto.

Adolf Loos c
Adolf Loos con 34 años de edad (Fotografía: Österreichische Nationalbibliothek)

Loos fue discriminado tanto en el ámbito personal como en el profesional. En una de sus visitas a los burdeles de la ciudad, contrajo una sífilis que le costó la repulsa de su familia y cierta exclusión social, además de la esterilidad. En lo profesional, sus ideas ciertamente radicales para la época sufrieron el rechazo de la gran mayoría del colectivo de la arquitectura de ese tiempo. Todo ello no le impidió hacerse, después de la Primera Guerra Mundial, con el puesto de arquitecto municipal de Viena, lugar en el que estaría un periodo de tres años “haciendo de las suyas”.

El estancamiento estético repulsaba a Loos y el de Viena en particular, ya que tenía que lidiar con él en su día a día. Desde el primer momento se mostró tajante y profundamente crítico hacia esta corriente de pensamiento y se dedicó a despotricar brutalmente de edificios, personajes e ideas relacionadas con este mundo. El arquitecto era totalmente contrario a la ornamentación y, por ende, en contra de la corriente estética de la sociedad vienesa -por extensión burguesa- de la época. En su obra «Ornamento y delito» (escrita en 1908, publicada en 1910), critica el pensamiento clásico y la necesidad de estos estilos en tener que adornar todo con elementos fútiles.

Uno de sus edificios más destacados, la sastrería Goldman & Salatsch (actual Raiffeisenbank), fue un acto total de desafío hacia el poder del imperio. Llamado coloquialmente Looshaus, este edificio se proyectó en 1910 con una planta baja, a modo de gran basamento realizada con mármol verde, y unas sucesivas plantas de viviendas que, totalmente lisas, sin ornamentación y pintadas de blanco, contrastan fuertemente con la fachada barroca del palacio de Hofsburg, situado justo enfrente, en la misma Michaelerplatz. Este acto fue a su vez duramente rechazado por la alta sociedad de la ciudad y los medios de comunicación de la época, siendo protagonista de numerosas caricaturas y críticas en la prensa local.

Comic Adolf Loos
¿Una alcantarilla? Ah no, es el edificio de Loos

 

Caricatura
El arquitecto barroco J. B. Fischer von Erlach pasando por la Looshaus

Aunque la Looshaus tuvo un impacto enorme en la evolución de la arquitectura racionalista, en este caso podemos atisbar una pequeña contradicción entre las propias ideas del arquitecto, porque como puede observarse, su edificio cuenta con una serie de columnas en su parte inferior que no tienen función portante, esto es, no forman parte de la estructura estrictamente hablando. Entonces, si Loos repudiaba tanto la ornamentación per se, ¿qué hacen esas columnas ahí? Puede entenderse como un simple despiste, una provocación, un guiño del arquitecto o a saber qué.

Edificio Raiffeisenbank
Edificio Raiffeisenbank en la actualidad
Fachada del palacio de Hofburg
Fachada del palacio de Hofburg, en la misma Michaelerplatz

El arquitecto puso en práctica en sus proyectos dos conceptos arquitectónicos prácticamente no utilizados en este momento: raumplan y alteridad. El primero es dar a cada espacio arquitectónico distintas dimensiones en altura dependiendo de la importancia de éste. La alteridad se refiere a dejar muy sobria la parte vista, la cara al público es austera, simple podríamos decir. Sin embargo, toda esa vistosidad que falta se proyecta hacia el interior, en el uso de amplios e iluminados espacios y materiales nobles como mármoles, maderas, placas de cobre, etc. a gusto del cliente.

Exterior de la Villa Müller, en Praga
Exterior de la Villa Müller (Müllerova vila), en Praga
Interior de la Villa Müller, 1930
Interior de la Villa Müller, 1930

Dos de sus ejemplos construidos más destacados, dejando de lado la Looshaus y la Müllerova vila, son el Café Museum y la Steiner Haus. El Café Museum era un café típico vienés el cual le encargaron a Loos un proyecto de remodelación interior en el año 1899. En este proyecto prescinde de todos los elementos ornamentales, dejando lo mínimo. No fue bien recibido al ser tan austero y acabaron desmantelándolo a principios de los años 30, para después volverlo a reconstruir en 2003.

Café Museum en su estado original
Café Museum en 1930

La casa Steiner (Steiner Haus) fue un proyecto de vivienda unifamiliar para un matrimonio austriaco. Aquí, Loos utilizó los conceptos de raumplan y alteridad. Por fuera, la vivienda tiene un aspecto absolutamente sencillo exceptuando la parte curva que se aprecia a simple vista en la parte superior de la edificación. Sin embargo, en el interior el arquitecto despliega un fantástico catálogo de materiales, texturas y luces. También el raumplan está presente, dándole al espacio central del salón la altura mayor, y disminuyéndola progresivamente a medida que el uso era, según él, menos importante. De hecho, desde el exterior se aprecia un nivel y medio en fachada cuando en realidad en la parte trasera hay tres. Esto resulta en un rico juego de alturas en sección que permiten a la vivienda desarrollar varios programas que casan entre ellos como el mecanismo de un reloj.

Exterior de la casa Steiner
Exterior de la casa Steiner
Interior de la casa Steiner
Interior de la casa Steiner

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