Southern Landscapes Sally Mann Lemiaunoir
Southern Landscapes || Sally Mann

Cuando Dorian Gray conoció a Freud

Lord Henry le decía a Dorian Gray que el único medio de desembarazarse de una tentación es cediendo a ella. Este hecho está íntimamente ligado a las pasiones humanas. Pero en Dorian Grey se encuentra una querencia concreta. Una fascinación que ya experimentó una vez un tal Narciso: el deseo por uno mismo.

El espejo griego

El mito de Narciso relata la historia de un hombre que cayó en la tentación de manera literal cuando, asomándose a un lago, se vio reflejado en la claridad de sus aguas. Quizás sea esta la historia de amor más triste del mundo. Nunca llegó a gozarse, inconsciente de que ese ser fuera él y a pesar de haber estado siempre en él. Su muerte todavía se torna mucho más solitaria ante esa realidad. Nunca existió una alteridad, era una pareja formada por uno. Y por ese único ser su suicidio fue inmediato. Todo un suicidio por amor.

Narciso Waterhouse
Narciso || Waterhouse

Los griegos sabían mucho de perversiones y con este mito se adelantaron varios siglos al Dorian Gray de Oscar Wilde y a los ensayos de Sigmund Freud. Como un hombre que recuerda un cuento que le contaron en su infancia y percibe su significado, así se repiten ahora los mitos griegos. A menudo son la única iluminación de muchos oscuros rincones del alma humana.

Del mito de Narciso surgió la flor, los daffodil, que crecen como la bella mala hierba por los campos ingleses. Es posible que sea esto un guiño al exacerbado patriotismo de los isleños.

Dorian Gray y su perversión

El narcisismo fue definido en 1899 por Näcke. Este término designaba aquellos casos en los que el individuo toma como objeto sexual su propio cuerpo y lo contempla con agrado, lo acaricia y lo besa, hasta llegar a una completa satisfacción. “Llevado a ese punto el narcisismo constituye una perversión que ha acaparado toda la vida sexual del sujeto”. El narcisista elige su ulterior objeto erótico conforme a la de su propia persona.

Al mencionar a Dorian Gray la mente puede trazar el clásico estereotipo de narcisista, solo que desarrollado en una historia magistral que retrata una de las más inestables pasiones humanas: el amor propio. Del dolor, la frustración por metas inalcanzadas, a la admiración en fotografías y autorretratos.

No constituye este hecho una novedad. Los reyes encargaban sus retratos a diestros pintores que procuraban, excepto Goya, ocultar los defectos de los soberanos al más puro estilo photoshop. Artistas como Frida Kahlo y Van Gogh inmortalizaron sus rostros en diferentes autorretratos en donde se observa el calvario que estaban padeciendo.

Freud, atraído por el tema, escribió el ensayo titulado “Lo perecedero”. En él describe al detalle un encuentro con un amigo suyo, poeta. Este admiraba la naturaleza y su esplendor circundante pero era incapaz de superar el hecho de que toda esa belleza es efímera. Cuenta Freud que “le preocupaba la idea de que todo esplendor estaba condenado a perecer, de que ya en el invierno venidero había desaparecido, como toda belleza humana”.

No es complicado imaginar cierta relación entre el turbado poeta amigo de Freud y el personaje de la novela del escritor irlandés. De esta realidad que habla Freud en su ensayo se hace plenamente consciente Dorian Gray. Para superar este desconsuelo todos los horrores de la vejez y de las perversiones, que más adelante experimentará, se verán reflejados en un único lienzo.

Oscar Wilde Dorian Gray
Oscar Wilde || conexiones.digital

“¡No! ¡Es imposible que todo este esplendor de la Naturaleza y del arte, de nuestro mundo sentimental y del mundo exterior, realmente esté condenado a desaparecer en la nada! Creerlo sería demasiado insensato y sacrílego. ¡Todo esto ha de de poder subsistir en alguna forma!” Esta cita bien pudiera haberse leído de los labios de Dorian. Sin embargo, pertenece al desconsolado poeta del ensayo freudiano.

Como un Narciso que se ahoga en el lago, encontrando su propia fatalidad, el final de Dorian Gray es bastante similar. Pero lo hace de un modo más descarnado. Las cuchilladas que dirige al cuadro y el asesinato del “Yo” junto con el “super-Yo” idealizado se convierten en un único acto de suicidio. Es en esta acción en donde, con mucha dificultad, el personaje se desembaraza de ese egoísmo. Se libra del instinto de conservación que va ligado a todo ser humano, que es naturalmente narcisista.

He aquí el final de Dorian Gray: “Un grito de dolor y de indignación se le escapó. No veía ningún cambio, excepto en los ojos, donde había una expresión de astucia, y en la boca, fruncida por la arruga de la hipocresía. La cosa resultaba más repugnante, a ser posible, que antes, y el rocío escarlata que ensanchaba la mano parecía más brillante, como sangre vertida recientemente”.

Los Dorian Gray del nuevo siglo

El hombre moderno se agarra en el 2016 a la abundantísima oferta de los palos de selfies. Se ve a sí mismo reflejado en la propia cámara, algo apenas antes experimentado. Como los reyes de antaño, busca la luz perfecta y elimina un banal grano. Lo niegan pero se hace. La hippy, el retro, la punky, el divo, la diva… Como Dorian Gray, se admiran y buscan en un retrato esa perfección imperecedera que todos saben que está abocada a un final.

Suceda a través de elegantes trazos de pincel o de palabras inglesas o bien con un tosco palo de selfie el narcisismo es una realidad invariable en el tiempo. Decía Freud que el valor de cuanto bello y perfecto existe sólo reside en su importancia para nuestra percepción. No es menester que la sobreviva y, en consecuencia, es independiente de su perduración en el tiempo.

Southern Landscapes Sally Mann
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Para consolar al sufrido poeta, Freud le comentó que en lo perecedero residía lo bello, por ser rara su existencia, las limitadas posibilidades de gozarlo lo tornan tanto más precioso. “Una flor no nos parece menos espléndida porque sus pétalos sólo estén lozanos una noche”. Dorian Gray conforma una historia de pasión humana diferente a las que se estudiaban en un artículo anterior. En cuanto a la Naturaleza, la muerte en el invierno traía un renacer en la primavera. Y para este goce de lo perecedero que nos rodea quizás ayude girar de cuando en cuando 180º el palo de selfie.

Alicia Louzao

Exácticamente soy licenciada en Filología Hispánica y Filología Inglesa con Máster en Literatura. Los momeraths me llevaron de Madrid a Londres. Hago mi tesis doctoral sobre la literatura de los Siglos de Oro.