Critica la poesía,
dice que está obsoleta y
solo confía en los clásicos.
Vota a Izquierda Unida,
está harta de retrógrados
y escucha a Joaquín Sabina.
Me muerde con sus pupilas,
es hermosa y combativa,
y no se atreve a quererme.
A veces me abraza el alma y
me lee, caprichosa, las utopías.
Y se ríe;
vuelve a ser adolescente.
A veces se formula condicionales,
y le entra la curiosidad.
Pero ella no cree en la poesía y
no hace caso de mis tácticas;
ella es más de amor estático,
más de acción que de retórica y
de otros tópicos
menos típicos.
Y prefiere los devaneos a los vocativos,
y el verso corto al
eterno tango de metáforas que escribo.
Es más de Lorca, de los rojos
y de cariños seguros.
No se atreve a quererme.
A pesar de todo,
ella quiere que esta voz
se apague con su nombre
y que entonces, me descubra,
tan a sus pies,
rebosante de devoción y locura,
que hagamos historia
desde la más absoluta
e intencionada
ignorancia.

