Un poema no es una canción, ni un aforismo impreso en un sobre de azúcar. Un poema no es un tweet. A veces, sin embargo, se hallan en todas estas cosas versos escondidos, como anzuelos que arrastran al poema al lector desconfiado. Ese que dice «no comprendo la poesía, es difícil, no sé qué hacer con ella».

Quizás, como no parecía poesía, se bajó la guardia, se dejó entrar al verso en ese espacio donde debe estar, que suspende el juicio y entra en lo más profundo, que diría María Zambrano.

Y es que un poema no se entiende. Es decir, un poema no ha de tener sentido, pero ha de llenarle a uno de él. No ha de buscar un resultado, pero siempre cambia alguna cosa, aunque sea imperceptible. Un poema no explica de esa manera clara, ordenada y metódica de las teorías científicas, mas contiene, a menudo, las grandes verdades del universo agazapadas entre sus líneas.

 

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Leyenda: versos de Tennyson en el patio del British Museum de Londres || Fuente: James Rusell

Un poema, un buen poema, se experimenta, se vive, se manifiesta,  acontece, no se explica. No se justifica. Hay que desconectar el sentido práctico del lenguaje en un poema. Hay que recordar que las palabras son siempre metáforas de algo que, uno imagina, ha de ser eso que nos envuelve y que es la vida. Y esta…¿no es sueño? ¿No estamos hechos de su misma materia?

Euforia, engaño, poema

Un poema no es un ego declamando. Ese yo lírico que juega, unas  veces, al desengaño, otras a la euforia, no es nadie ni es de nadie. El poeta que dibuja las palabras ¿quién es en realidad?

Tampoco son del autor los versos. Son de todos, que ya lo dijo Bécquer, aunque algunos, confundidos, pensaran que halagaba a un enamorada.

Para convencer al reticente de que un poema se basta a sí mismo, se puede, sin embargo, usar la teoría, el argumento. Y entonces Roman Jakobson y su función poética, propone cabalmente, que el mensaje poético se basta solo a sí mismo y es un círculo de ritmos, de acentos y silencios.

Hay poemas que se hacen las preguntas filosóficas más profundas:

«(…) No existe el infinito, pero sí el instante:

abierto, atemporal, intenso, dilatado, sólido;

en él un gesto se hace eterno. (..)»

No existe el infinito.

Chantal Maillard

Y otros cuentan el amor de una manera que parece la mejor posible:

«(..)Estar contigo o no estar contigo es la medida de mi tiempo»,

El amenazado,

Jorge Luis Borges

 

No siempre rima

Un poema no rima siempre. Pero contiene en su interior una música secreta. Puede ser oscuro y cerrado como un bosque:

«Estallará la isla del recuerdo.

La vida será sólo un acto de candor.(..)»

Sueño,

Alejandra Pizarnik

O puede brillar como un himno:

«I celebrate myself, and sing myself,

And what I assume you shall assume,

For every atom belonging to me as good belongs to you. (..)»

*«me celebro a mí mismo

y cuanto asumo tú lo asumirás,

porque cada átomo que me pertenece, te pertenece también a ti.»

Song of Myself.

Walt Whitman

Un poema brilla más en el espacio íntimo entre el papel y nuestros ojos. Hay versos que nos piden que volvamos y volvamos. Parecen inagotables, y piden del que lee la paciencia del tiempo detenido. Y pese a recitales, performances, jams o como quieran llamar a esa especie de banquete romano del nuevo milenio, un poema es más poema en ese cara a cara, que sin voces ni audiencia, nos enfrenta con los versos.

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Hay versos que nos piden que volvamos y volvamos…

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