Hace un tiempo se trató The Stanley Parable, aquel antijuego anarquista y libertario que desde su lanzamiento rompió esquemas, se saltó algunas pautas y quebró no pocos convencionalismos en el mundo del ocio virtual. Aunque lo mejor estaba por llegar. En 2015, bajo el sello Everything Unlimited Ltd., Wreden vuelve a la carga con The Beginner’s Guide. Esta vez, el creador se enreda en una historia trepidante y de carácter contemplativo, con un trasfondo mucho más metafísico y radical.

The Stanley Parable había sido de algún modo una llamada de atención, un replanteamiento del rol social y psicológico del videojuego. Con esta obra, Wreden sintió la necesidad abisal de expresar algo más. Esta nueva pieza parece un libro abierto a la espera de ser leído. Es un registro de voz aguardando desesperadamente a su escucha. Es un grito brutal y escalofriante que lanza al sujeto por un precipicio reflexivo y emocional. Una odisea interactiva.

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Imagen de The Beginner’s Parade. || Fuente: YouTube

La trama parte de una situación bastante simple. El personaje, que encarna al parecer al propio autor, se irá adentrando en salas y en niveles donde habrá de superar un conjunto de pruebas y puzles que no tienen una solución concreta. Es  más, carecen, en muchos casos, de lógica. Se escucha de fondo la voz de Wreden, hablando al jugador sobre su condición de programador. A partir de ahí, todo se nubla.

La complejidad del guion interfiere en la imagen, el discurso sirve de amplificador de la locura. Paradójicamente, la limitada mecánica de la jugabilidad simboliza el espacio, la libertad absoluta. Es entonces cuando se comprueba que The Beginner’s Guide no es exactamente un videojuego arcade en primera persona. Es más bien una performance audiovisual y sensorial.

Jugar o no jugar, esa es la cuestión en The Beginner’s Guide

Escuchar y actuar. La acción condicionada del jugador colisionará con la necesidad connatural de jugar libremente. Wreden rompe totalmente con la ortodoxia del videojuego convirtiendo al sujeto-jugador en cómplice, que no partícipe, de la línea narrativa. Inventa una aventura donde se cuestionan los papeles tradicionales, negando la existencia de la conexión juego-jugador.

En base a esto, el jugador será como un confidente: un psicólogo sentado y escuchando con relativa atención las filias y traumas del paciente. Un voyeur ensimismado en la farándula que está presenciado; un espectador hipnotizado por la escena que tiene en sus narices y que no termina de comprender. En otras palabras, un juego creado para no ser jugado.

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Imagen de The Beginner’s Parade. || Fuente: YouTube

Probablemente por eso, Wreden recurre tanto a la metáfora y el símil. Interactúa con su audiencia. Satiriza a otros sistemas y se burla de los demás géneros, des de los clásicos shooters como Quake, a los RPG, pasando por los lanzamientos de última generación. Se cuestiona cuál es el motivo del videojuego, intima con el jugador y confiesa su falta de inspiración.

Hace un balance del pasado abriendo sus puertas más personales. Se muestra desesperado, desdichado, encerrado y, como dice Roger Wolfe, en el fondo de un hoyo e incapaz de dejar de cavar. Wreden indaga en su escepticismo y lo traspasa a aquel que juega con él. Es posible sentir lo que expresa el autor con su soliloquio. Pero, en medio de este embrollo, existe un nexo transversal que ayuda a dar sentido a The Beguinner’s Guide: Coda.

La nueva era de videojuegos de autor: ramificación de la literatura

La referencia a Coda se manifiesta ininterrumpidamente. Este personaje es un gurú de la programación, y cuya obra Wreden intenta entender y emular. Coda, a raíz de este acoso, se enfada y corta la relación con su discípulo: es la personificación de la meta que Wreden intenta alcanzar. Una meta que se ve mermada por la ansiedad de ser superada, ya que cuando éste conoce a su maestro, se produce un colapso, una liberación. Como Augusto, el personaje unamuniano en Niebla.

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Imagen de The Beginner’s Parade. || Fuente: YouTube

The Beginner’s Guide es más literatura que videojuego. Este hecho queda patente cuando algunos pasajes recuerdan a la prosa borgeana. Otros niveles, en cambio, suscitan a los aires de la generación beat, a su verso libre y hermosamente subversivo.

Por supuesto, numerosas teorías interpretativas han dado lugar a una cuantiosa diversidad de lecturas. Hay quien asevera que Coda es el seudónimo de un programador real. Otros prometen, en cambio, que todo pertenece a la ficción de su autor y que sirve para entablar su historia. Con todo, no es relevante, puesto que la finalidad que busca su creador es discursiva y reflexiva. Y precisamente es lo que consigue.

La marca Wreden es ya una firma reconocida y un sello con personalidad única. De hecho, un cúmulo de programadores ha comenzado a definir sus obras como productos genuinos: con componentes particulares y estilos característicos. Una relativa parte del mundo del videojuego está emergiendo con tanta fuerza que se ha considerado ya el género de juegos de autor. Aquí entrarían, por supuesto, muchos títulos catalogados actualmente como indies.

De modo que en The Beginner’s Guide uno va avanzando por teatros, habitaciones vacías, salas oscuras, paisajes idílicos, naves espaciales y otros entornos. Escuchando y condescendiendo al alma errante de un desorientado narrador. Aturdido, el jugador no sabrá exactamente que está buscando. Wreden transmitirá miedo, claustrofobia y cinismo. Y entonces, el final.

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