No es ninguna novedad observar en gran parte de la serialidad contemporánea la priorización de las formas sobre el fondo narrativo. La evolución de la realización, y la dimensión mediática que asume dicho rol, sobre el showrunner y su guion, símbolo preponderante en la ya vetusta Tercera Edad de Oro de la televisión.

En este sentido, la incursión de Paolo Sorrentino en este universo ficcional es el reflejo del tiempo que al mundo catódico le toca vivir. Su The Young Pope (Sky, HBO, Canal +: 2016-), es una serie que responde a su inconfundible visión como autor. El director, tan presto a interrogarse sobre la fe individual, parece hallar en la iglesia, institución guardiana de dicha virtud, la inspiración necesaria para explayar su discurso a casi las diez horas de duración.

Solemnidad y extrañamiento

El relato se asienta en la paradoja, en una frontera conceptual. Un limbo forzado por el choque de estilos que fluctúa en la narración. En una parte, la mácula etérea de lo sagrado, activado a través de la sobriedad y elegancia de lo mostrado. En la otra parte, el distanciamiento que proyecta lo tangible, un espacio terrenal articulado desde el surrealismo. Un modelo figurativo que permite la presencia de un extraño canguro en un espacio solemne como el que representan los jardines del Vaticano, o el contraste entre la seriedad «pública» de los personajes con las más estrafalarias intimidades.

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Tan presto a interrogarse por la fe individual, Sorrentino encuentra en la Iglesia Católica un filón || The Young Pope (Paolo Sorrentino; Sky, HBO, Canal +: 2016-)

Hallado el objeto de estudio y el tono formal, Sorrentino necesitaba echar mano de un protagonista que, fiel a su trazo creativo, contuviera su personalidad entre el carisma y la excentricidad desorbitada. Nada menos que el Papa, interpretado por Jude Law, para hacer valer todos estos rasgos. Un personaje que extiende, desde los títulos de crédito, una atmósfera de extrañamiento casi indescifrable para el espectador a todo el relato.

Por un lado, la manifestación formal que refleja el dilema interior de un Santo Padre poco convencido de su espiritualidad. Por otro, el sentido más terrenal de su existencia, proyectado en las actitudes más excéntricas del personaje. Su inaudito escepticismo hacia la existencia de Dios, frente a su atávica posición institucional, anhelando oscuros tiempos de la poderosa Iglesia Medieval. La toma de conciencia de su «divinidad» frente a un rechazo, más patológico que político, a la exposición mediática. Un personaje narcisista y humilde, soberbio y comprensivo, tirano y bondadoso. Un Papa, que no es ni una cosa ni la otra, sino todo lo contrario.

Sorrentino y el yo

En el trasfondo del comportamiento que abandera el protagonista, se asientan los complejos de un ser incapaz de asumir el abandono parental sufrido en la niñez. Una orfandad que aflige su actitud ante la fe, el amor, la sexualidad y la familia. Todos esos traumas son enfrentados por el papa Pío XIII (que así se hace llamar), a través de su pragmatismo como máxima figura eclesiástica, que empuja al precipicio a la persona que hay detrás del personaje. El sentido del deber se articula entonces como eje sacrificial, como un vínculo sagrado que elude cualquier valor emocional.

Sorrentino jude law papa

El Papa extiende a todo el relato una atmósfera de extrañamiento casi indescifrable para el espectador || The Young Pope (Paolo Sorrentino; Sky, HBO, Canal +: 2016-)

Es en ese instante cuando The Young Pope teje su ambivalente discurso. En el momento en que Sorrentino instituye uno de sus máximos intereses como creador. El yo, el ego y sus facultades creativas, ya sean artísticas o divinas, como motivación para sobrevivir. La diferencia está en que, en esta ocasión, esa obstinación es moldeada, estirada, fragmentada, presta a los giros y las contradicciones, la identificación y el distanciamiento, la querencia y el rechazo. Cosas que posibilita la narrativa serial y su infinita escala de grises.