Hablar sobre la figura de Schopenhauer, es indagar en una personalidad complicada y llena de frustración. Dedicado a la vida contemplativa gracias a unas abundantes rentas, fue perfeccionando su visión del mundo a través de su obra cumbre: El mundo como voluntad y representación.

En el filósofo encontramos dos caras totalmente opuestas: por una parte tenemos al filósofo racional, que se exprime el cerebro para dar respuesta a las preguntas fundamentales de la existencia humana y por otro lado, nos encontramos con obras de carácter irracional, llenas de odio y desprecio hacia todo aquello que consideraba inferior.

Retratos Schopenhauer arte filosofía

Rertato de Shcopenhauer.

Resulta interesante entonces indagar un poco en su figura e historia, no para encontrar una justificación en el odio de sus palabras, sino más bien para lograr alcanzar el motor por el cual el filósofo alemán cargó tan duramente contra la vida en casi la totalidad de su existencia. Debemos señalar con mayúscula el «casi»; en este texto intentaremos desarrollar el porqué de esta apreciación.

Hijo de un próspero mercader, Schopenhauer se crió en una familia con un poder adquisitivo alto. Su padre estaba empeñado en transmitir su pasión por el comercio a su hijo. Obsesionado con esa idea, estuvo muchos años llevándole a los viajes que emprendía para que aprendiera los mecanismos del oficio. Aunque Schopenhauer mostraba un nulo interés por la profesión de su padre, aprovechó esos viajes para adquirir una cultura extensa y variada. Se pasaba los días leyendo, empapándose de las diferentes culturas que le iban despertando su interés, entre las que destaca la filosofía oriental y el budismo. Podría decirse, que su padre, inconscientemente, le despertó las ganas de desarrollar un pensamiento crítico y cultivado. Un camino que le llevaría irremediablemente a seguir los pasos de la filosofía.

El primer golpe duro para Schopenhauer llegó cuando su padre murió; al parecer, fue un suicidio. Aquello obviamente marcó la personalidad del filosofo y desencadenó una tormentosa relación con su madre, que si bien ya era difícil hasta entonces, se tornó claramente insostenible.

Libros filosofía

Imagen de una librería.

Schopenhauer se convenció de la idea de que Johanna estaba con su padre por un claro interés económico. Ese pensamiento se reforzaba en su mente por la diferencia de edad que existía entre los dos. Las sospechas se potenciaron tras la muerte de su padre. Parecía que se abría una puerta nueva para todos en la familia. Así, de algún modo la muerte significaba una liberación para las pretensiones  individuales de Johanna y del propio filósofo, algo que si bien Schopenhauer vivió con mucha intensidad con sus aspiraciones, despertó unos celos intensos hacia su madre, que decidió mudarse a Weimar con su hija y estableció su casa como foco de culto para los intelectuales de la época entre los que destacaba Goethe y Wieland (ambos tendrían una gran influencia en Schopenhauer).

Aquella situación hizo mella en Schopenhauer. Su madre lo odiaba por su difícil carácter. Quedó  excluido de ese circulo de intelectuales al que tanto quería acceder. Cuando el filósofo se quedaba en casa de su madre, cerraba la puerta de su habitación y se recluía en sus pensamientos. Aquella situación potenció un carácter competitivo en su mente. Quería demostrar que sus ideas serían revolucionarias y que lo conseguiría a pesar de los obstáculos que  estaba encontrando.

Pasaron dos años y el filósofo empezó a entablar relación con Wieland, al que le confesó que quería dedicar su vida al pensamiento. Algo más tarde, consiguió despertar el interés de Goethe cuando le entregó su tesis doctoral: Sobre la cuádruple raíz del principio de razón suficiente. Aquello entabló una relación de amistad entre dos genios.

Una amistad determinante

La relación con Goethe fue de mejor a peor. Encontraremos en ella una pauta que será una constante en la vida de Schopenhauer. Su ego desmesurado le obligaba a competir en todo lo que emprendía. Es bien sabido que el filósofo admiraba a Goethe.  De él llegó a decir: «El gran Goethe, quien verdaderamente puede ser considerado el mayor orgullo de nuestro siglo y de la nación alemana, me honró con su amistad y confianza». Aunque esa admiración no se tradujo directamente en una devoción incondicional.  

Goehte arte pintura filosofía

Goethe en la campiña romana. Johann Heinrich Wilhelm Tischbein, 1787.

Al principio es probable que la diferencia de edad, hiciera actuar con mucha prudencia al filosofo. Sabía perfectamente que estaba delante de una mente privilegiada con mucha más experiencia, pero todo cambió cuando Goethe invitó a Schopenhauer a participar de sus estudios de los colores. Schopenhauer no tardó en diferir en algunos aspectos de la teoría que sustentaba Goethe y eso llevó a un enfriamiento paulatino de su relación. En palabras de Schopenhauer:

«Solo en dos puntos mi teoría me obliga a separarme de Goethe, a saber: en lo que se refiere a la verdadera polaridad de los colores, y en relación con la formación del blanco desde los colores; esto último, Goethe no me lo perdonó nunca, aunque tampoco nunca, ni de palabra ni por escrito, me presentó ni un solo argumento en contra.»

Encontramos en esta relación de amistad muchas de las características de la personalidad de Schopenhauer. Si bien es cierto que admiraba y respetaba al humanista, llegó un momento en el que la «verdad» debía separarlos. Esta búsqueda  enfermiza de lo verdadero hizo que Schopenhauer se involucrara tanto en el proyecto de los colores, que terminara por demostrar su arrogancia y competitividad (estuviera en lo cierto o no). No hay muchas más cartas ni comentarios  entre estos dos genios, por lo que debemos suponer que aquello fue una ruptura cordial de la amistad que habían forjado a lo largo de casi un año.

La misoginia de Schopenhauer

Pero si en algún ámbito  se marcó el duro y difícil carácter de Schopenhauer, fue en el de las mujeres. El libro El amor, las mujeres y la muerte ya es una clara demostración de desprecio hacia ellas. Es extraño que una personalidad con tanta capacidad intelectual arremetiera con tanta furia, sin sentido aparente. Para entender esta extraña postura son claves unas cartas y conversaciones que compartió con su amigo el apóstol Juan. En ellas nos damos cuenta de que el filósofo era un misógino traumatizado. Su odio hacia las mujeres provenía de un trauma totalmente influenciado por las vivencias que tuvo con su madre. Él mismo se delata cuando discute el concepto de amor con su amigo:

«Yo conozco bien a las mujeres. Solo respetan el matrimonio en tanto institución que les asegura el sustento. Hasta mi propio padre, achacoso y afligido, postrado en su silla de enfermo, hubiera quedado abandonado de no haber sido por los cuidados de un viejo sirviente… Mi señora madre daba fiestas mientras él se consumía en soledad, ella se divertía mientras él padecía amargas torturas. Esto es amor de mujer.»

Mujer filosofía

«Shopenhauer sentía odio hacia las mujeres solo porque sentía odio hacia su madre.»

Pocos fragmentos son tan clarividentes. Schopenhauer sentía odio hacia las mujeres, solo porque sentía odio hacia su madre. En estas palabras encontramos un claro ejemplo de la frustración, la rabia y el ego que tan frecuentemente convivían en la mente del filósofo.

Al principio del artículo, hemos señalado que hubo un cambio por lo que respecta a su visión patética de la existencia. Queríamos remarcar esa apreciación, por razones muy lógicas: el filósofo arrastró muchos traumas hasta que sus teorías pasaron no solo a ser aceptadas, sino a gozar de una salud sin precedentes entre la sociedad de su momento. Se podría decir que tuvo la suerte de vivir su triunfo. Este hecho tan excepcional en el mundo de la filosofía mostró una cara oculta de Schopenhauer.

Es fácil adivinar que aquella fama le sentó muy bien a su ego. Por fin había triunfado por encima de todos los filósofos que tanto había repudiado en la Universidad de Berlín (Ej: Hegel). Se sintió feliz por primera vez en su vida. Su carácter arisco empezó a suavizarse y no son pocos los testimonios que afirman haber visto en él una persona simpática, agradable, conversadora e interesada en debatir sobre aspectos de su filosofía.

La masa de fanáticos que querían conocerle en persona de disparó. Schopenhauer disfrutaba de aquel movimiento que se estaba generando, y se mostró encantado de recibir  a todas las personas que querían debatir sobre aspectos de su pensamiento. Su casa se convirtió en lugar de culto para la filosofía. Todo aquello hizo que el filósofo moderara muchísimo su carácter odioso. Tuvo que tragarse sus palabras sobre la incompetencia intelectual de las mujeres cuando empezó a recibir cartas de admiradoras de su filosofía, que no solo demostraban haber entendido a la perfección su doctrina, sino que también le planteaban dudas de alto nivel.

El triunfo del filósofo

Budismo filosofía

Shopenhahuer seguía doctrinas orientales y el budismo.

Se hizo la firme promesa de no volver a escribir más después de su obra Parerga y paralipómena. Este hecho nos dejará con la incógnita de cómo había cambiado su carácter en esos últimos años. Probablemente, habríamos visto un Schopenhauer muy diferente. Él mismo confesó en sus últimos años, que no se parecía en nada a la figura de un santo, ya que de algún modo, su felicidad se debía al regocijo que experimentaba con toda la fama y fortuna que alcanzó en sus últimos años, algo que no va muy en sincronía con la ideología de su religión: el budismo.

Podría decirse que muchos aspectos de la filosofía de Schopenhauer entraron en contradicción con sus vivencias. Fue un filósofo atrapado entre una mente brillante y un corazón lleno de rencor y odio hacia el mundo. Solo en los últimos años, consiguió la calma que ofrece el hecho de vencer en la más dura de todas las batallas para un filósofo: que sus ideas sean apreciadas. Su obra generaría un enorme impacto en intelectuales como Nietzsche, Ciorán, y Freud.

Send this to a friend
[responsivevoice voice="Spanish Female" buttontext="Escuchar"] A button to read only the text surrounded by these shortcodes. [/responsivevoice]