Sunset Song de Terence Davies: ¿qué es amar la tierra?

A ciertos temas de actualidad o antigüedad, como qué es amar la tierra, la nación, la cultura, o qué es ser mujer en simbiosis con dicha tierra, hay que proponerles el mito, la metáfora narrada y descriptible de aquello que es indescriptible, sobrenatural, o subconsciente, porque así el ser humano lo entiende mejor.

Es como hacer una pedagogía metafórica, simbólica. ¿Qué es, si no, el relato de los nacionalismos, de las naciones, de las lenguas, de las culturas, de las historias, si no paráfrasis, exégesis, de aspectos filosóficos, antropológicos o sociológicos casi ininteligibles o desconocidos para el ser humano?

Cada colectivo tiene su narrativa: hay que construir la mitología cultural para entenderse, para poder leerse, para poder identificarse. Si por el contrario, no resultara así, existiría lo «in-existente» (lo que existe dentro): el ser sin atributos interpretativos exteriores; entonces no existiría la posibilidad de poder libremente elegir qué consciencia tiene el ser humano, o qué es lo que ocurre con él. Dicho de otro modo, dejaría de ser propiamente un ser lingüístico o cultural. El tipo de cine que realiza Terence Davis sigue acudiendo al mito narrativo para explicar la interdependencia de la mujer y el hombre con la tierra, con su espacio psíquico y geográfico.

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El tipo de cine que realiza Terence Davis sigue acudiendo al mito narrativo para explicar la interdependencia de la mujer y el hombre con la tierra, con su espacio psíquico y geográfico.

Las imágenes, los textos, son las lecturas culturales que representan los discursos a los que el sujeto se acoge, para no sentirse únicamente un fenómeno aislado de una corriente de la psique inconsciente, o espiritual, por llamarla así también. Lo poético participa de ambas posibilidades –sujeto, objeto– y construye el lenguaje, que enlaza mucho mejor con las leyes invisibles.

Así lo hace, con más tosquedad tal vez, la literatura de Lewis Grassic Gibbon, con su importancia en las letras escocesas del siglo XX, en la novela homónima en la que se basa el filme de Terence Davis, Sunset Song (Reino Unido, 2015).

En la película se observan varios de los temas que son propios en el cine de Terence Davis: lo masculino y su adversidad y violencia, la capacidad de resistencia femenina, la guerra y lo absurdo de morir, el folclore musical como liberación de la psicología individual y colectiva, el dogmatismo religioso como la pérdida del humanismo y el sentido común, y la tierra como espacio donde se acrisolan todos los deseos de amor y también los sacrificios humanos.

 La mujer, la tierra y Escocia

«La igualdad debería empezar en casa». Es el comentario que hace el hermano mayor de la familia campesina, después de que su hermana lea en un libro un texto de contenido progresista que habla de la fraternidad, la igualdad y la libertad. La hermana más joven –Chris, la protagonista– es la que lee el libro en voz alta, durante una reunión de los cuatro miembros de la familia, hundida en el patriarcado, con sus normas morales y su opresión. El hermano mayor huirá al extranjero: no podrá hacerse cargo de la pesada losa que significa heredar la vida del campesino y todo su sufrimiento y dependencia de la tierra.

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«La igualdad debería empezar en casa»

Chris es la mujer escocesa –interpretada por Agyness Deyn– que representa el amor por la tierra, los valores de síntesis con la tierra –tolerancia, adaptación–. Coincide con los mismos valores que representa Escocia. Chris es Escocia. La tierra es lo único que perdura, es eterna. Que lo femenino sea lo pasivo y lo retentivo (el útero creador y creativo) de la tierra que engendra –pero que también es yerma e infecunda-, y que se identifique con una Escocia arcaica, agonizante y nacionalista, no es feminista, es solamente femenino y netamente conservador.

Escocia, la guerra, el ruralismo nacionalista

La Primera Guerra Mundial es la causa por la que Chris se enraíza más aun en su tierra, y sufre el lado negativo de esa protección, es decir, que a consecuencia de la guerra, su marido Ewan –interpretado por Kevin Guthrie–, se siente en la obligación de defender su propio honor frente a sus propios compatriotas que sí acudían a una guerra para defender su patria, en la que él nunca creyó, y menos Chris. Ewan cree que Escocia es la tierra, que es su mujer Chris. Escocia no es lo que los ingleses de la guerra querían.

Cine arte Escocia

Escocia no es lo que los ingleses de la guerra querían.

Es una especie de ruralismo nacionalista antibelicista. Ewan es el que más recoge de la ambigüedad del hombre en la lucha para proteger el amor por su patria, el amor por la tierra y el amor de su mujer. Será un antibelicismo muy femenino representado por el hombre, activo, pero cobarde a ojos de las fuerzas beligerantes. Si la guerra es defender el honor de un pueblo, en consecuencia es defender el poder de lo masculino, porque lo femenino es amar la tierra.

Que Escocia se quiera declarar independiente respecto de sus hermanastros británicos o que lo femenino se distancie de lo feminista son dos cuestiones que tienen su fundamento en la historia del primer tercio del siglo XX, que es la película, Sunset Song. La película de Terence Davis no es una historia de progreso, es una historia, si se quiere emplear nociones actuales, antieuropea.

Aunque mirándolo de otro modo, bien podría ser la narración –y su correspondiente relato construido, no conceptuable, la metáfora de lo inconsciente colectivo– de una adhesión, la adhesión y el arraigo conservador a una geografía espiritual, que quizás podría ubicarse en cualquier parte de una Europa rural menospreciada y mayormente disponible para el turismo.