Serge Gainsbourg: réquiem por un gilipollas

En algunas ocasiones amado y otras odiado, el cantante francés Serge Gainsbourg (1928-1991) no dejó indiferente a nadie. Es el enfant terrible por excelencia y una de las figuras que dio origen al mito de eterno galán, con su Gaulois siempre encendido entre los labios y un gustillo por la polémica que dejaba translucir en todo momento. Se rodeó de las mujeres más bellas de su tiempo y escribió canciones que hicieron historia en los años 60 y 70. Aún hoy en día se siguen escuchando los suspiros de Jane Birkin en la legendaria Je t’aime, moi non plus.

El fenómeno Gainsbourg comenzó de manera humilde en torno a la chanson y el jazz, pero poco a poco se movió hacia otros estilos más modernos y descubrió a una Francia interesada en el ye-yé. Allí estaba France Gall, una adolescente de aire angelical que buscaba lanzarse como cantante. Gainsbourg, que ya tenía experiencia componiendo para otros artistas, le escribió Les sucettes y abrió fuego a la moral de una Francia mojigata. La letra no podía ser más explícita: «a Annie le gusta (chupar) las piruletas (…) Annie está en el cielo cuando el azúcar llega a su garganta». France Gall perdió la inocencia al darse cuenta de que Gainsbourg le había hecho cantar sobre una felación.

El gusto por la polémica

No fue ni mucho menos la primera trastada del cantante, ni la más polémica. Gainsbourg colaboró con Brigitte Bardot a finales de los 60 y escribió con ella Je t’aime, moi non plus. Es una canción con una letra un tanto ambigua pero muy sensual que en un principio grabó con Bardot, pero la grabación se quedó archivada porque su marido no quiso que saliera a la luz. Sin embargo, el cantante estaba dispuesto a publicarla de cualquier manera y en 1969 volvió a grabarla con una actriz inglesa con la que acababa de rodar la película Slogan. Jane Birkin entró en escena, y con ella, el escándalo.

 

Polémica, Francia, Serge Gainsbourg

Serge Gainsbourg y Jane Birkin fueron una de las parejas más icónicas de los sesenta || Fuente: flavorwire.com

Gainsbourg le pidió que cantara en una octava más alta que Bardot y añadió a la canción el elemento estrella: unos suspiros casi orgásmicos de los que incluso se llegó a decir que eran reales. La combinación de la voz grave de Gainsbourg y la suavidad de Birkin, aparte de una instrumentación muy cuidada y una letra llena de juegos de palabras, hizo que se convirtiera en un éxito absoluto. Por desgracia, era una canción demasiado atrevida para la época y la alarma saltó entre las autoridades más conservadoras del momento.

El autor de la polémica dejó claro en una entrevista el porqué del éxito de la canción. Al preguntarle un periódico italiano quién era la mejor agencia de publicidad, Gainsbourg respondió: «el Vaticano, sin duda». Italia prohibió que la canción sonara en las radios del país tan solo unos meses después de que saliera, y a este le siguieron Suiza y España. La censura de Je t’aime, moi non plus no consiguió más que aumentar enormemente su éxito y que se convirtiera en un disco pirata muy deseado.

Jane Birkin abrió el paso a otro tipo de música y a una nueva manera de escribir, más cercana al rock progresivo y el disco conceptual. Aparentemente fascinado por Lolita, y tomando a su pareja inglesa como modelo, publicó Histoire de Melody Nelson en 1971. Relata el romance entre una quinceañera andrógina y un hombre adulto que acaba en tragedia. Se trata de un álbum muy trabajado, al que Gainsbourg dedicó mucho tiempo y que marcó el final de una etapa de gran creatividad.

Con el paso de los años Gainsbourg fue convirtiéndose en un hombre aficionado a las mujeres, el alcohol y el tabaco. Su amor por la polémica fue aumentando a la misma velocidad que su decadencia. En 1979, se convirtió en la vergüenza nacional de Francia y en blanco de burlas de los conservadores. La causa fue un viaje a Jamaica para grabar un disco junto a músicos y coristas que habían colaborado con Bob Marley. Aunque el título no sea conocido a primera vista seguro que todo el mundo recuerda La Marsellesa. Gainsbourg cogió el himno nacional de Francia y la transformó en una canción reggae: Aux armes et caetera.

Gainsbourg

Gainsbourg en Jamaica en 1979 || Fuente: imperioretro.blogspot.com

La caída de un mito

En los años 80, tras la separación de Jane Birkin y un par de discos que pasaron con más pena que gloria, Gainsbourg creó un alter ego llamado Gainsbarre. Se trataba de su versión más gamberra, descuidada y provocativa. Aparecía en la televisión borracho, sin afeitar y sin ningún tipo de moral o consideración hacia los demás. No faltan escándalos protagonizados por Gainsbarre en estos años. En 1984, por ejemplo, cantó a dúo con su hija Charlotte (hoy en día una famosa actriz) Lemon Incest, cuyo título deja bastante clara la razón de la polémica.

El mismo año también tuvo dos momentos estelares. En el primero de ellos quemó un billete de 500 francos en el transcurso de un programa muy visto en todo el país para protestar contra el gobierno y los impuestos elevados. Y el segundo, tal vez más conocido fuera de Francia, fue la ocasión en la que dijo a Whitney Houston que quería tener sexo con ella. Gainsbarre consiguió, a la vez, elevarle al estatus de poeta maldito y llevarle a una muerte prematura que le consagró como ídolo.

Uno de los muchos infartos que sufrió terminó por acabar con su vida en 1991, a la edad de 62 años. Con su muerte se creó la leyenda Gainsbourg, confirmándole como uno de los artistas franceses más admirados y también una de las personalidades más complejas de la segunda mitad de siglo que trastocó la Francia de su tiempo.