Se suele pensar que los grandes escritores se esfuerzan por hacer un buen uso de las palabras y que son capaces de realizar verdaderos malabarismos con el lenguaje. Incluso llegando al extremo de que esto parezca un proceso fácil cuando se abre un libro y se empieza la lectura. De hecho, la primera vez que se lee a un autor se desconoce el efecto va a producir. Lo cierto es que hay obras en las que desde las primeras líneas se crea una especie de simbiosis tan intensa que los autores se convierten en personas cercanas al lector. Hasta tal punto que puede dar la sensación de que lo más natural sería tomarse un café con él.

“Nuestro destino es un misterio y quizás el sentido de la vida no sea más que la búsqueda de ese sentido” Rosa Montero

Rosa Montero representa como nadie ese ideal de escritor. Sabe hilar de manera clara, directa y subyugante el hilo de sus historias a la vez que cuida con mimo el lenguaje, la literatura, la escritura. Sus temas son candentes, de rabiosa actualidad, en su columna del País Semanal.

El secreto para conseguirlo no representa más que el resultado de conjugar con maestría su profesionalidad con el talento literario y el valor. Rosa Montero es una autora valiente.

Rosa Montero

Rosa Montero. || Wikimedia Commons

El valor a través de la palabra

Nació en Madrid en 1951. Se pasó unos años de su niñez recluida en casa por causa de la tuberculosis, un hecho decisivo ya que gracias a él descubrió su amor por la lectura y la escritura. Se tituló en Periodismo en la Escuela Superior de Periodismo de Madrid, y cursó cuatro cursos de Psicología en la Universidad Complutense de Madrid a principios de la década de los setenta. Participó en grupos de teatro independiente como Tábano y Canón.

Desde 1970 colaboró con varios medios informativos como Fotogramas, Pueblo, Posible y Hermano Lobo. A lo largo de su vida ha realizado más de dos mil entrevistas, algunas a personajes de la relevancia del Ayatolá Jomeini, Yassir Arafat, Olof Palmer, Indira Gandhi, Richar Nixón o Julio Cortázar. Su técnica al respecto es estudiada en las universidades de periodismo tanto en España como en Latinoamérica. Ha recibido el premio de la AFDE, Association pour la diffusion de L’espagnol, en 2012 por la utilización de su obra para la enseñanza en Francia.

Ha sido profesora visitante en Wellesley College, Boston y en la Universidad de Virginia. Ha impartido minicursos de escritura creativa en la Universidad de Bingham Young, Utah, y en el Miami Dade College, Miami. También ha recibió una beca para dar conferencias de la Queen’s University de Belfast. Ha enseñado literatura y periodismo en la Escuela de Letras y en la Escuela Contemporánea de Humanidades, ambas de Madrid. Ha impartido lecciones magistrales en aperturas de curso y ceremonias de graduación en diversas universidades, entre ellas la de Salamanca, la Complutense de Madrid y la de Carlos III.

La mirada cómplice del lector

Es una autora que clasifica al periodismo como un género literario como otro cualquiera, en el que se debe de mostrar la realidad cotidiana de la forma más clara e inequívoca con la que se pueda. Afirma con rotundidad que el periodismo es un oficio en el que se escribe lo que se pregunta, fruto de la curiosidad continua, requisito si ne quanon para la escritora.

 «En el periodismo vivimos […]  en cosas que además están marcadas con fecha y con hora y que es pura superficialidad. Está bien, porque esa realidad existe. Solo siendo absolutamente libre se puede bailar bien, se puede bien hacer el amor y se puede escribir bien. (TVE, 2013)».

A lo largo de su obra se toma conciencia del verdadero significado de la libertad literaria, porque está convencida de que solo se la proporciona la ficción de una novela. Lo destacable en sus novelas es la posibilidad de detallar una realidad ambigua. Según su opinión, una novela es como abrir una puerta hacia la esquizofrenia, porque le permite vivir otras vidas a través de los personajes y la oportunidad de hacerlos reales ante la mirada cómplice de sus lectores.

«La novela es el género literario que más se parece a la vida y es igual de prolijo, igual de híbrido, de sucio, de sobrante, de contradictorio, de complejo, de absurdo… así que por eso me encanta, esa es la grandeza de la novela» (Lee por Gusto, 2014).

En más de una entrevista ha opinado sin reservas que durante toda su trayectoria literaria ha cultivado tres aspectos importantes: el de periodista, narradora y ensayista. Detesta escribir sobre ella misma porque define la literatura como una manera de contar mentiras.

Rosa Montero

Rosa Montero. || Wikimedia Commons

Y a pesar de que a lo largo de su obra los personajes femeninos representan a mujeres supervivientes, rechaza hablar sobre literatura feminista:

“Soy feminista, no concibo a una mujer con privilegios (poder tener su profesión, nivel cultural, etc.) sin ser feminista. Pero al libro lo concibo como femenino, porque yo no he intentado hacer un libro sobre tesis feministas, ni de recambio, ni alternativa […] Lo que he escrito ha sido un libro desde el punto de vista de una mujer, por eso digo que es femenino. El género es únicamente un ingrediente más para el escritor o escritora.»

Es evidente que en el caso de esta autora se crea la ilusión de que es difícil diferenciar entre el personaje mediático y la personalidad literaria. No hay duda de que es mujer de convicciones profundas: “La verdadera nobleza es caminar toda la vida con pasos que salen del corazón; que tus actos estén de acuerdo con tus ideas, aunque el precio sea alto”.

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