Ah, la familia. Esa institución que sustenta(ba) nuestra sociedad. El dramaturgo Iván Bilbao ya retorcía los lazos filiales en Brotada, la primera obra de su trilogía teatral. En esta segunda, Constelaciones familiares, en cartel en el Teatro del Arte de Madrid, lo que hace es un centrifugado en toda regla. Maleducada, excesiva y kitch, Constelaciones familiares es el esperpento del siglo XXI. Delante del cóncavo espejo sitúa Bilbao a una familia de Chamberí, y el resultado es un coro de personajes límite, caricaturescos, acompañados de José Luis Perales sonando a todo trapo entre rayas y orujo.

¿Arriesgado? No tanto. La escena Off teatral de Madrid puede con esto y con más. El espectador se ríe, se medio escandaliza, pero se resiente de un aire de déja vu. El retrato de una familia disfuncional se ha vuelto ya un tópico en España. Herencia, quizás, de la tradición picaresca y costumbrista. Lo cañí tira mucho. Y ese exceso castizo no sólo recuerda al inevitable Almodóvar (no en vano se le menciona en varias ocasiones), sino también a series de TV como Aída.

Constelaciones familiares

Constelaciones familiares – Adolfo (Klaus) el padre de familia con sus hijas Olivia Baglivi (Candela) y Alba Celma (Marina).

Surrealismo y canciones de misa

Lo que añade Bilbao para darle un giro a ese aire previsible y no decepcionar, aún sin convencer del todo, es que aprovecha la ocasión teatral para jugar con la puesta en escena: surrealismo y coreografías de aire delirante que descolocan al espectador y lo incorporan a la representación.

Asimismo, hay que destacar un texto crítico cargado de referencias a la cultura basura de talent shows y anuncios publicitarios, a las redes sociales, al catolicismo pacato y moralista, pero también, a las nuevas ideologías y su potencial adoctrinamiento. Ese es el paso adelante de la obra, pese a que su ritmo desquiciado impide a veces quedarse con la ocurrencia, que se mezcla con el insulto directo o el mal gusto (buscado a propósito), casi sin interrupción. Nada que no se pueda, lamentablemente, contemplar a diario en nuestra sociedad. Por eso, a través de extremar lo incorrecto, lo zafio y lo burdo, busca Bilbao la conexión con  el espectador.

Catálogo familiar

En  el escenario, el reparto se enfrenta a un catálogo de personajes estereotipo a los que intenta salvar de la caricatura: Encarna, una Carmina-Divine dealer que Chos ejecuta sin llegar al histrionismo; Adolfo, un papá botella sucio y patético encarnado por Klaus; y las dos hermanas, Candy, lolita millenial que brilla  enérgica en escena, y Marina, multifacética Alba Celma. Mientras, un tanto al margen, a modo de bufón, queda un Libertad-Edu (Fede Rey) cuya relación con Brotada y su trama se antoja cogida con pinzas.

Constelaciones familiares

Constelaciones familiares – Chos es Encarna. Madre coraje.

Con Constelaciones familiares cuesta adivinar el hilo con Brotada. Sorprende que dos obras tan distintas en forma y contenido se propongan como parte de una misma trilogía. Porque si Brotada sugería, velaba asunciones, en Constelaciones familiares se hace un “calvo” en toda regla. Habrá que ver si la tercera obra de Bilbao reconcilia estas dos aproximaciones.

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