En medio de una gran industria musical en crisis, donde abundan las estrellas del pop, los grupos indies con nombres extravagantes y el fetiche por los vinilos, puede surgir la duda de dónde queda y adónde se dirige la música instrumental. Parece sencillo responder que se trata de una cuestión de espacio, que hay un lugar para cada uno, porque al fin y al cabo, hay público para todo.
Sin embargo, la cosa es un poco más escabrosa. Los músicos pop y los llamados «alternativos» se hacen con un gran público que llena sus conciertos, y su música se caracteriza por dialogar con el público a través de sus letras. La música instrumental, independiente del género; sea clásico, jazz e incluso rock; parece cada vez más restringida a un universo colmado por festivales y clubs.

Más allá de un dialogo
A lo largo del siglo XX, la radio ha acostumbrado a los oyentes al compás cuatro por cuatro y al formato comercial de canción. En otras palabras, melodías sencillas acompañadas de letra. La letra en una canción crea un punto de dialogo con el oyente. Los buenos letristas son aquellos que logran hacerlo de una manera socialmente catártica, además de la cualidad poética de lo que se transmite.
Sin embargo, en este aspecto, la música instrumental no dialoga con el oyente, pero le ofrece algo distinto: una experiencia sonora intensa, llena de emoción. En este tipo de música, el artista puede darse el lujo de explorar texturas, posibilidades, experimentar, e invitar al oyente a un viaje imaginativo. Sin embargo, es común escuchar comentarios como «¿cuándo empieza la canción?» cuando se escuchan músicas con largas introducciones.
Este tipo de comentario puede indicar algo curioso. La gente parece estar dispuesta a tolerar letras de poco contenido para huir de la indiferencia frente al instrumental. Toman la instrumentación solamente como base para la voz y la letra, considerándolas así más importantes que la propia base musical.
Oídos abiertos
Cuando se habla mucho, pero se dice poco, la experiencia musical queda incompleta. En esta línea, la música instrumental suele estar más politizada y es emancipadora. Un ejemplo que argumenta estos dos factores es la fuerte asociación que se creó entre el free jazz, un género exclusivamente instrumental, y el Movimiento de derechos civiles de los afroamericanos en EE.UU. en los 60’s.

Los grandes cambios en la música se dieron en cuanto a su estructura, es decir, en la forma musical. El cambio en la estructura puede llegar a ser más impactante que una canción protesta. Las letras pueden quedar obsoletas con el paso del tiempo, sin embargo, las notas, arreglos y melodías siguen vivos mientras la gente las ejecute y se deje afectar por ellas.
Si bien es cierto que el uso de las letras en la canción no es un problema, quizá la cuestión sea usarlas de un modo no condicionado, conciso y concienzudo, como también se podría recomendar para el uso del lenguaje en general.

