Se publican 100.000 libros al año, pero su venta cae. ¿La razón?

A lo largo del siglo pasado el porcentaje medio de españoles que no leían libros rondaba el 60 o 70% y, sin embargo, al sector del libro le iba estupendamente. En la actualidad, solo el 35% de españoles admite que no lee libros, por lo que se entiende que hay un 65% que sí lo hace. En un principio, nos encontramos en la situación más propicia de la historia. Además, se ha reducido el analfabetismo hasta prácticamente su extinción, y a ello se añade que cada año se publican 100.000 títulos tan solo en español.

Para animar a la lectura y, sobre todo, para fomentar la compra de libros, administraciones y editoriales organizan eventos y ferias. Mucho esfuerzo y planificación, debido a los buenos resultados económicos que genera mientras dura el evento pero que, una vez termina, sigue dejando al sector con su misma realidad: ventas que caen y un 35% de población que declara no leer libros, pero sí dicen leer periódicos, revistas y blogs.

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Así pues, no es que los españoles no leamos, simplemente, lo que no se leen ni se compran, son libros, ni digitales ni de papel. Pero, ¿por qué?

En mi opinión, estamos ante una completa falta de adaptación de la narrativa y la literatura a los medios digitales que ahora rigen nuestras vidas. Como digo, se hace un gran esfuerzo en la organización de presentaciones y eventos, pero muy poco en su aparición en la red. Y es que ni su sinopsis, ni su contenido destaca en buscadores y tampoco pueden ser compartidos en redes sociales, mas allá de simples menciones.

Para ponerse en situación, haga usted una prueba: introduzca cualquier concepto, como por ejemplo «Guerra Civil Española», en un buscador y mire cuantos libros le aparecen. Con suerte un par de ellos en los cien primeros resultados. Es decir, por más que los escritores españoles se empeñan, supuestamente, en escribir sobre este acontecimiento histórico, resulta que Google no los tiene en cuenta, por lo que es casi imposible que te sugiera un libro si no lo estás buscando expresamente.

La población se pasa el día mirando una pantalla, de ordenador o de móvil, y buscando respuestas a sus inquietudes en la red, pero los libros nunca se ofrecen como parte de esas respuestas y, en consecuencia, todos los días se pierden millones de oportunidades de captar un lector. Esto hace perder relevancia al libro, las compras descienden y el sector, diezmado, sobrevive con los entusiastas.

¿Y la piratería? Indudablemente tiene un porcentaje de culpa y en países donde las personas están más concienciadas, esta es menor. Pero no nos engañemos, todos los países están registrando caídas en las ventas de libros. La piratería es más un efecto que una causa. Si un libro tiene poca presencia en Internet, es muy fácil y sale bastante barato crearla para fines espurios. De hecho, no es raro que al mirar un título en un buscador, los primeros resultados sean enlaces de descargas piratas que ofrecen ilegalmente la obra, muchas veces de webs que ni siquiera están en el país, pero aún así aparecen.

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Esta realidad hace necesaria la adaptación de los libros al entorno digital y tanto las editoriales como los autores deben ser conscientes de que la presencia en los medios digitales hay que ir construyéndola incluso desde antes de publicar el libro. Es la única manera de cerrar el camino a los piratas y, de paso, competir por la atención del lector con otros formatos digitales, que sí están bien adaptados, como vídeos, series, blogs o juegos.

Demasiado a menudo se nos olvida que el libro tiene importantes ventajas respecto a otros formatos. Puede contar una historia en Marte, sin necesidad de gastarse millones de dólares, o invertir un gran presupuesto para actores, rodaje, producción, etc. Puede disfrutarse en sitios sin cobertura y es más barato que un curso online.

Debemos aprender a sacar partido a estas ventajas. Tenemos que conseguir crearle al libro un entorno favorable en los medios digitales. Puede que no sea fácil, pero se conseguirá y entonces escritores, editoriales y librerías volverán a poder vivir de su pasión.

A fin de cuentas, ¿acaso en estos días, no se lee más que nunca?