El profeta en su tierra: odiar el cine español

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Hay desafectos que se guardan para sí. No importa si es por prudencia, amistad o el hecho de saberse minoría absoluta. Ciertas cosas, sencillamente, no se dicen en voz alta. Justo lo que sucede con el cine español.

El desdén nacional por el cine made in Spain no es una de ellas. Se rechaza públicamente, sin rubor y casi sin necesidad de explicación. Con convicción de apóstol ciego, se afirma que el cine español es malo. Siempre igual: Guerra Civil, tetas y esas cosas, así en cursiva, que inspiran rechazo y hastío al ciudadano de a pie.

Desmontar los argumentos en contra requiere de un ejercicio de reflexión y autocrítica. Irónicamente, esas dos cualidades que muchos creen ajenas a España.

cine español - viajar es facil con los ojos cerrados

Vivir es fácil con los ojos cerrados (David Trueba, 2013)

Competir contra el gigante

Si el problema reside en la escasa originalidad y la dispar calidad, el espectador español medio debería rebelarse contra Hollywood. Sin embargo, el imperialismo manda mediante herramientas eficaces. La venta de películas en lotes a los cines (block booking) se declaró ilegal en los EE.UU. en 1948. Actualmente, continúa siendo maniobra habitual de las majors estadounidenses en el mercado español. Las cifras del MECD en 2015 no engañan: dominan el mercado de distribución español.

Distribución y exhibición del cine español

Fernando Lara, en la publicación especializada Caimán: Cuadernos de Cine, ahonda en el problema de la distribución. Kiki, el amor se hace (2015, Paco León), representa la excepción de una película española que, distribuida por una firma independiente, conquista el ranking de recaudaciones. Según Lara, la dependencia habitual del “gran” cine español de las citadas majors perpetúa la colonización del mercado.

cine español - kiki el amor se hace

Kiki, el amor se hace

Poco pueden hacer al respecto las salas de cine independientes, que difícilmente compiten con las grandes. Tampoco el nuevo sistema de ayudas estatales, que combate la “hiperproducción” de que hablaba en 2008 Román Gubern, catedrático de la UAB. Muchas películas españolas quedan relegadas a soluciones poco rentables o condenadas a no ser distribuidas.

Lo cierto y lo falso

Es ridículamente reduccionista comparar el cine español con un escuálido mamífero rumiante. Hay innumerables temas para quien quiera buscarlos. La enfermedad como introspección personal y colectiva en Camino (2008, Javier Fesser), el thriller neo-noir de Magical Girl (2014, Carlos Vermut), la crisis social y la vejez en La Plaga (2013, Neus Ballús), la crisis del sistema autonómico en Ocho apellidos vascos (2014, Emilio Martínez-Lázaro). La voluntad de reinvención sobre lo tradicional de joyas visuales como La novia (2015, Paula Ortiz) o Blancanieves (2012, Pablo Berger). El cine español incluso habla inglés, como en Un día perfecto (2015, Fernando León de Aranoa).

¿De qué habla el cine español, realmente? Ángel Quintana, también desde Caimán, hace un excelente análisis sobre esta pregunta. Quintana observa cómo existe un cierto cine español que, ante el cambio incesante de esta década convulsa, vive “desarraigado respecto a su tiempo”. Asimismo, apunta al “doble juego que va de la revisión de cierta memoria del pasado a lo íntimo”. El blog de cine español remata el mito: apenas un 2% de las producciones españolas hablan de la Guerra Civil.

cine español - balada triste de trompeta

Balada triste de trompeta (2011, Álex de la Iglesia)

¿Por qué la sociedad española protesta al ver su propio pasado en la gran pantalla? Quizá, precisamente, porque al contrario de lo que cree, aún está por cerrar. Quintana añade que: “(…) hay un cierto deseo de revisar alguna cosa oculta que quedó perdida en el franquismo o la Transición”.

Resta la piedra angular de las acusaciones contra el cine español: es que es todo follar. Un espectador mayor de edad debería poder:

  1. a) Comprender lo baldío de tal argumento en una sociedad ya de por sí hipersexualizada;
  2. b) Discernir por sí mismo qué es realmente sexo gratuito.

Para aquellos que se resistan, las buenas noticias son que la animación española también pasa por grandes momentos. Hay para todos los gustos.

Un cine politizado

¿Está realmente politizado el cine español? ¿Puede el arte mantenerse aislado de la política? Responder la segunda pregunta no solo trascendería este artículo, sino que difícilmente parece pertinente en este caso. Se tiende a asumir que la afiliación política que parte del mundo del cine ha manifestado públicamente afecta a las películas. Sin embargo, es incierto ese supuesto propagandismo en la cartelera española. La industria, al fin y al cabo, busca entretener al público y apelar a sus emociones, no a su voto.

cine español - 8 apellidos catalanes

Ocho apellidos catalanes (2015, Emilio Martínez-Lázaro)

En definitiva, la falta de aprecio por el cine español sobrepasa la estricta discusión sobre la industria para revelar otros asuntos pendientes en nuestra sociedad. Un debate siempre abierto y siempre interesante.

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