La humanidad está lleno de muros de vergüenza. Algunos olvidados en el tiempo, otros una herida todavía abierta y que duele en la memoria de muchas personas. Se debe de olvidar y perdonar. Un tópico que siempre se dice. Pero lo cierto es que no debería de ser así. Perdonad pero nunca olvidéis porque de los errores uno aprende grandes lecciones.

Ruinas del Muro de Berlín |Fuente: Antonella B Flickr

El 13 de agosto de 1961 el pueblo berlinés amanecía dividido por un muro. Familias y amigos quedaron totalmente separados y aislados. Puede que parezca un acontecimiento lejano. Y sí, quizá desde España sea lejano si se mide en kilómetros. Aunque en realidad solo han pasado 56 escasos años desde aquel vergonzoso día.

Muro y ruinas

Todavía hoy se pueden encontrar partes en ruinas y en muy mal estado del muro más allá de la famosa East Side Gallery. Incluso el Mauerpark (Parque del Muro) conserva aún algunas partes y memoriales a lo largo de su recorrido.

Memoriales del Muro de Berlín |Fuente: Fran García Flickr

El muro en Berlín dejó 600 muertes confirmadas. El ansia de libertad dio alas a muchas mentes creativas que querían reencontrarse con sus seres queridos al otro lado del muro. Ir a la otra Berlín fue algo inalcanzable para muchos. En las peores épocas de la historia, la mente humana se agiliza de tal manera que cualquier cosa puede ser posible.  Historias disparatadas que hoy se recuerdan con cariño e incluso algunos con nostalgia.

El acróbata

Saltar el Muro no era una misión imposible. De hecho, muchos lo lograron aunque los métodos no fueran los convencionales. Horst Klein tenía grandes habilidades acrobáticas y las supo aprovechar para conseguir la libertad que tantas personas perseguían. A principios de 1963, Klein hizo uso de un cable de alta tensión para pasar al otro lado del muro. A una altura de 18 metros, Klein caminó por encima de los guardias burlando todas las medidas de seguridad e incluso a la suerte. Cuando tocó suelo, este ya era el de la Berlín occidental.

La tirolesa

Algo parecido hicieron Becker y Behtke aunque de una forma algo diferente. Solo necesitaron un cómplice al otro lado, una flecha y un cable para crear una original y rudimentario tiroteas que les permitiera cruzar al otro lado del Muro.

Playboy

Algo menos inusual aunque si uno lo piensa bastante típico era sobornar a los guardias con tarjetas Playboy del club que había en Múnich. Unos pasaportes diplomáticos que abrieron las puertas a más de una persona.

Die Seniorentunnel

Un grupo de la tercera edad orquestó una de las fugas más inusuales. Todos los hombres que conformaban el grupo excavaron un túnel conocido como el Seniorentunnel para poder escapar con sus mujeres al otro lado del Muro. Por lo que se sabe de esta historia, el túnel llegó a medir unos 2 metros de altura y es que aquellos hombres no querían ver a sus mujeres incómodas en su plan de fuga si no erguidas y con la cabeza bien alta.

Pasajeros al tren

Muchos saben que el Muro dividió todo lo que se encontrara en su paso. Tanto fue así que hubo estaciones de tren que incluso cerraron sus puertas. La inteligencia fue una de las armas para cruzar pero la fuerza bruta también era una buena aliada. Así, un conductor de tren con algunos amigos y familiares pusieron en marcha uno de los trenes de estas estaciones a toda velocidad para colisionar con el Muro y cruzar al otro lado. Lo llamaron el último tren a la libertad. La parada elegida fue Spandau ya en la Berlín Occidental. El conductor y otros pasajeros decidieron volver a la otra Berlín para intentar rescatar a más personas.

En coche

Había otras personas que tampoco le dieron tantas vueltas al tema. Un coche sin parabrisas perfectamente podía pasar las barreras de los controles fronterizos. Y así fue como Heiz Meixler condujo su coche y a su madre escondida en el maletero hasta el control fronterizo y antes de que le dieran el alto, aceleró por debajo de la barrera consiguiendo la libertad de la otra parte.

Y esto es solo una pequeña enumeración. A lo largo de toda la historia del Muro, miles de personas de ingenio agudo y un valor inmesurable perpetraron disparatados intentos de fuga con o sin éxito. La libertad les esperaba en el otro lado del Muro.