Vaya por delante que El Ministerio del Tiempo, de Televisión Española, no es ni Los Soprano ni The Wire. Ni puta falta que le hace. Porque a la famosísima frase del creador de esta última, David Simon, «que se joda el espectador medio», le responde con un «fuck you, cultureta» en toda la cara.

Porque El Ministerio es una serie de tele pública para espectador de tele pública, a mucha honra y con unos resultados artísticos muchísimo más que dignos.

Ojalá las clases de Historia fueran así de entretenidas

Porque es una serie, principalmente y sobre todas las cosas, divertida. Cosa por la que muchos creadores darían un brazo. Y con gran —cada vez mejor gracias a la inyección económica de Netflix— factura técnica. Y que, estando enfocada al espectador medio, no le toma por tonto. Le entretiene con tramas bien hiladas en las que, sin entrar en detalles sesudos, le explica detalles curiosos y no muy conocidos de la historia de nuestro país.

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Velázquez, subalterno de lujo en El Ministerio || Fuente: youtube.com

Que levante la mano quien piense que todos los programas de la televisión que paga con sus impuestos deberían ser así.

Bien es cierto que no todo el monte es orégano, y la serie adolece de ciertos defectos. Alguno viene impuesto por su condición de producto de televisión en abierto, ya se profundizará más abajo. Como el que sus capítulos duren setenta minutos, costumbre atávica de nuestra televisión, haciendo que su ritmo no sea el adecuado y ciertas subtramas sobren.

Otros vienen dados por su propio concepto argumental, con sus viajes en el tiempo intentando no cambiar la historia. Porque en cada capítulo camina por el filo de la navaja de las paradojas espacio-temporales que harían que el guionista de Regreso al futuro (1985) estuviera al borde del colapso nervioso. No obstante los resuelve como deben hacer las series —y las personas— que tienen el único ánimo de pasar y hacer pasar un buen rato. Esto es, tomándose poco en serio a ellas mismas.

La «Televisión de todos» tiene las virtudes y defectos de todos

Sin embargo, esta maravilla del entretenimiento sin demasiadas pretensiones corre grave peligro de desaparecer debido a la peculiar relación que mantiene con el ente público.

Lo primero que hay que aclarar es que TVE merece tres hurras por apostar por ella. Al César lo que es del César.  Porque no es fácil para la pública emitir una serie de presupuesto medio-alto y con cierto riesgo de no ser entendida. Y menos con la libertad de acción que han dado a los creadores, los hermanos Olivares. Porque El Ministerio, entre broma y broma y viaje temporal, destila un sutil aroma a  vitriolo y a crítica hacia lo que este país es, ha sido y será.

Y también hay que reconocer a TVE su habilidad en la creación de lo que se ha venido a llamar el universo transmedia del producto, haciendo que verlo los lunes, o jueves, por la noche en casa sea casi lo menos importante. Porque lo que mola de la serie es la legión de «ministericos» que se ha creado en todas partes del globo. Hasta su retirada Netflix mediante, ha sido una de las favoritas de los expatriados en la página web de RTVE.

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La patrulla, en plena paradoja temporal || Fuente: youtube.com

Así, dadas las limitaciones presupuestarias de Televisión Española, se llegó a un acuerdo con Netflix para que financiara parcialmente la serie, los fans se frotaban las manos. A mayor presupuesto, mayor calidad. Y con la posibilidad de verla en Netflix.

Genial, ¿no?

Pues no. La calidad ha aumentado en esta tercera temporada, sin duda. Pero TVE ha empezado a sentirla como un producto un poco más ajeno, en vez de la joya de la corona que debía ser. Y ha empezado a jugar con ella. Primero, pasándola de los lunes a los jueves. Segundo, y este es el mayor delito, emitiéndola a ¡las once de la noche! para poder oír a Cárdenas abominar de las vacunas en su no menos abominable programa. Tercero, emitiendo solamente seis capítulos de la temporada de trece por haber retrasado su estreno hasta estar demasiado cerca del verano.

Y, at last but no least, y debido al acuerdo con Netflix, eliminando a los pocos días los capítulos de la web, teniendo que esperar ¡dieciocho meses! para poder verla en dicha plataforma de pago. Los piratas informáticos deben estar dando saltos de alegría.

Dicho esto… ¡larga vida al Ministerio! Y que TVE pula estos defectos para poder seguir disfrutando como buenos «ministericos».