Magnicidios que marcaron el paso de la historia

Es de suponer que cualquier líder político sabe desde el momento en el que comienza a ocupar su cargo que su vida está en peligro. Si no, no podría explicarse toda esa seguridad que les rodea. Siempre habrá alguien que quiera matarles. Es un hecho.

Los magnicidios forman parte de la historia política de un país. En cualquier continente, en cualquier cultura, ha habido un líder que ha sido asesinado para ser sustituido por otro. Triste, pero cierto. Eso sí, ha habido magnicidios más relevantes que otros para la humanidad.

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De esta manera se ilustró el asesinato de Lincoln en su época || Fuente: esacademic.com

Desde el principio de los tiempos

La historia antigua está plagada de magnicidios, desde las cavernas a los grandes imperios, pasando por la Edad Media. El asesinato era el camino más corto para sus sucesores. El emperador romano Julio César, apuñalado en los idus de marzo del 44 a. C. por un numeroso grupo de senadores, fue posiblemente el más célebre de aquellos siglos.

Pero si se quiere hablar de magnicidios que realmente cambiaron la historia del mundo hay que comenzar con el de Luis XVI. Guillotinado el 21 de enero de 1793, fue el símbolo de una sociedad europea que empezaba a dar los primeros pasos para dejar atrás al Antiguo Régimen y comenzar a acercarse a algo llamado democracia.

Al otro lado del Atlántico, Abraham Lincoln se convertía el 14 de abril de 1865 en el primer presidente de los Estados Unidos en morir asesinado, concretamente a manos de John Wilkes Booth, justo cuando la Guerra Civil estaba llegando a su fin. Su principal «crimen» para merecerlo, haber abolido la esclavitud en el país.

Ya en el siglo XX, el magnicidio del archiduque Francisco Fernando de Austria fue posiblemente el que más influyó a nivel global. No podía imaginar Gabvrilo Princip, cuando apretó aquel gatillo el 28 de junio de 1914, que iba a provocar la Primera Guerra Mundial, seguida de la Segunda y de todos los conflictos posteriores derivados. Como la Guerra Fría, el enfrentamiento entre el capitalismo americano y el comunismo soviético, para el que uno de los símbolos de su surgimiento fue el asesinato del Zar Nicolás II y de toda su familias  el 17 de julio de 1918.

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Gavrilo Princip, capturado tras asesinar al archiduque Francisco Fernando. || Fuente: Momentos del Pasado

Ghandi, los Kennedy, Rabin…

Mahatma Gandhi nunca fue presidente de la India, pero puede ser considerado casi como su padre. Ideólogo de la no violencia, vegetariano y amante de los animales, fue asesinado por un radical hinduista el 30 de enero de 1948. Su vida terminó, pero su legado y su filosofía de vida siguen influenciando a millones de personas en el mundo.

Y qué decir de John F. Kennedy. El entonces presidente de EE.UU. fue asesinado el 22 de noviembre de 1963, supuestamente por el militante comunista Lee Harvey Oswald. Sin embargo, los más beneficiados por su muerte fueron los belicistas, los que querían que continuara la segregación racial, a los que les molestaba su aspiración de una Norteamérica diferente. Aquel día la gran potencia mundial dio un paso atrás en el camino hacia una sociedad más justa.

Un camino que intentó continuar su hermano Robert. Este había comenzado su carrera a la Casa Blanca cuando murió asesinado a manos de Sirhan Bishara Sirhan, un cristiano palestino de nacionalidad jordana. Era el año 1968.

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El mundo entero lloró el asesinato de Isaac Rabin || Fuente: thedailybeast.com

Ya en los 90, el magnicidio que más influyó en la historia posterior fue el del primer ministro israelí Isaac Rabin. Un hombre que anteponía la paz con los palestinos por encima de todos, dispuesto a hacer concesiones en una mesa de negociación. Por ese motivo fallecía asesinado el 4 de noviembre de 1995 a manos del ultraderechista Yigan Amir. Salía de una manifestación cuyo eslogan era “Sí a la paz, no a la violencia”, para apoyar los Acuerdos de Oslo.

Magnicidios en España

España, no podía ser menos, también tiene su propia colección de magnicidios. Juan Prim (1870), Antonio Cánovas del Castillo (1897), los rivales Canalejas y Dato (1912 y 1921) o Luis Carrero Blanco (1973) son algunos de ellos.

Pero ninguno tan influyente en la historia como los asesinatos de José del Castillo y José Calvo Sotelo. Puede que no deban ser considerados como magnicidios, pero sin duda fueron las dos gotas que faltaban para que se llenara el vaso de la Guerra Civil.

Magnicidios históricos de aquí y de allá, entre los que podrían caber otros como los de El Ché, Martin Luther King, León Trotsky, Salvador Allende, Sadam Husein, Benazir Butto, Gadafi… Unos perpetrados con mejores intenciones, otros con peores, pero todos dejando la misma sensación: la peor forma de comenzar un cambio político es con un asesinato, cuyas consecuencias siempre serán impredecibles.