Desde su estreno en 1994, la obra Art, de la dramaturga francesa Yasmina Reza, ha devenido un clásico contemporáneo. Traducida a más de treinta idiomas, en España ha sido representada, con gran éxito, por grandes referentes de la interpretación (Josep Maria Flotats, el primero; luego Ricardo Darín y hace apenas unos meses, Pere Arquillué en catalán).

La popularidad de la pieza es comprensible, porque plantea temas profundamente actuales. Los límites del arte y la validez de los valores burgueses en cuanto a la familia, el trabajo y, sobre todo, la amistad, son asuntos que conectan con el público. Art lo hace, además (y este es el ejercicio magistral de la obra) estableciendo una relación de respeto con la audiencia. A esta se le presupone sentido del humor suficiente para poner en crisis lo que es correcto, aceptable y válido en nuestra sociedad. Y con este beneplácito, el espectador, sin miedo a quedar en evidencia, puede reírse. Con ganas.

Cuando se dice que tal cosa es una mierda… 

«…es que se tiene un criterio de valor para apreciar esa cosa…» Sergio.

Sergio se ha comprado un cuadro blanco. Y no es una metáfora. El cuadro existe y lo pintó Malevich en 1918. Le puso el título de Suprematist Composition. White on White (composición suprematista: blanco sobre blanco).

Blanco sobre blanco, Malevich (1918)

Obra Blanco sobre blanco, Malevich (1918)

En la obra el autor de la tela es otro, un tal Antrios, pero poco importa. Si no fuera un cuadro blanco podría ser un caballo en formol o cualquier otro objeto artístico incomprensible por el que la gente paga altas sumas de dinero. Este es el punto de partida de la situación teatral, de la que surgen los conflictos latentes que dirigen la obra. Sobre todo, la inercia de las relaciones humanas, su sentido a lo largo del tiempo. Porqué se es amigo de alguien. Porqué se casa uno con alguien.

Arte en Lavapiés

En esta ocasión, el Teatro Pavón Kamikaze apuesta por Arte en su cartelera del mes de julio. Un valor seguro para enfrentarse a las noches estivales de la capital, en las que la sala permanecerá abierta (aviso a navegantes, seguirán con Antígona en el mes de Agosto).

Miguel del Arco propone una puesta en escena alternativa al blanco integral que demanda la autora, con una estética minimalista en tonos grises. En el escenario, una tarima inclinada elude el típico comedor burgués con sofá y mesa de centro. En su lugar, se mueven los actores en el espacio vacío (como el mismo cuadro, personaje latente de la obra) como si de un ring de boxeo se tratara. El torrente textual de la pieza se equilibra, así, con un juego coreográfico de abrazos, encontronazos y caídas a la moqueta.

Arte Escena 21 © vanessa rabade

En este «Arte» no hace falta el sofá – Fuente: Escena 21 © vanessa rabade

En cuanto a los tres actores principales, resuelven con nota. Falta, quizás, el rodaje de las próximas sesiones para acabar de engranar una máquina que se apunta muy potente.

Roberto Enríquez (Marcos) ejecuta con elegancia y equilibrio un personaje que fácilmente conseguiría resultar antipático. En el otro extremo Cristóbal Suárez

(Sergio), retrata también con acierto al esforzado pequeñoburgués del nuevo milenio y con ellos o contra ellos, en el vértice de este triángulo en crisis, despunta Jorge Usón, que dibuja su personaje con una maestría cómica remarcable. Un Ivan sinsustancia que se marca un soliloquio desternillante e imperdible.

Escena 23 @vanessa rabade

Roberto Enríquez (Marcos), Jorge Usón (Iván) y Cristóbal Suárez (Sergio) || Fuente: Escena 23 @vanessa rabade

En suma, una propuesta excelente para descubrir este clásico de la escena teatral.