En una era donde todas las corrientes llevan el prefijo «neo» delante poco queda por inventar. Todo es aceptable sí, pero el subgénero trap no pasa desapercibido ante mi moral por lo que trae detrás, un tema que tiene más de propaganda que de reivindicación, el machismo.

No sé todavía cómo definir este despropósito musical. Las canciones de, para muchos, el gran Costa, pionero de un subgénero que engloba bases musicales con versos de rap, nos trasladan a una esfera marginal, misógina y baja, donde reina la falta de valores cívicos, morales o de igualdad. Ni el más básico nivel de respeto se plantea.

costa rap machismo

Estas frases están respaldadas por el mencionado trap, primo segundo del rap, que avala la cultura de barrio bajo, donde es común desayunar chupitos, almorzar porros, comer diazepam acompañado de más alcohol y seguir hasta que el cuerpo aguante.

En mi barrio eso yo no lo he visto, y mucho me temo que en el suyo tampoco.

Hace cosa de un año visité Nueva York y una de las paradas turísticas fue el Bronx, mundialmente conocido por ser un barrio conflictivo. Fuimos de día, pudimos ver el estadio de los Yankees y deleitarnos por verdadera cultura de barrio en su perspectiva artística. Grafitis, hip hop e incluso historias genuinas que ponen el bello de punta. Desgraciadamente, algo que ha surgido sin ser forzado por cuatro «cantantes» que tratan de construirse una imagen cimentada por males que jamás tuvieron que padecer.

Poco después de volver de Nueva York y sin sufrir ningún tipo de amenaza, vi un videoclip del bueno de Costa justo delante de un famoso grafiti donde me había hecho una foto con mi madre. La temática era la misma basura inmunda de los demás vídeos pero en el Bronx, ¡ojo!

Una imagen demasiado forzada teniendo en cuenta la cantidad de turistas que pasamos por allí sin correr riesgo alguno y le vemos el plumero.

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El afán de Costa por pertenecer a ese clan es obvio y su postureo se huele desde el otro lado del Atlántico. Pero sin poner en duda la cantidad de coca que se meta, hablemos de su lado más rancio y detestable:

– «Dos guarras tatuadas, un hombre, mil jugadas, enséñame esa mierda y tu zorra mientras mamas». Costa, «Soy gamberro».

– «Ya no eres tu mi puta, puedes vestirte e irte, ya no te quiero no, ni para escupirte». Costa, «Soy gamberro».

– «Tu cara, puta, es de choni hagas lo que hagas». Costa, «Soy gamberro».

Esta canción es de hace cinco años y las que le siguen tienen similares características. Mandan callar a putas, hablan de lo mal que le tratan las zorras, se repite en que se encuentra rodeado de golfas, de lo poco que valen y de lo único para lo que sirven, bien:

Las respuestas que observamos en el vídeo subido a Youtube, le ensalzan con palabras como estas:

– «Costa llega a nacer en Estados Unidos y me juego el cuello a que muchos que le criticáis le chupáis la polla, para mi Costa es el Tyga español y es un puto JEFAZO».

– «Este era el Costa que estaba por encima».

– «Hay que mirar el producto, esto es como una película y la verdad que como producto este disco de Costa es sobresaliente, sin duda el mejor junto con bestia».

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Si el machismo nos degrada, la misoginia nos desprecia, nos repudia, nos rechaza, nos repele, nos odia y nos mata. Y no importa el personaje del tal Costa, sino toda la demanda que reciben él y sus compañeros de profesión. Avalanchas de jóvenes acuden a conciertos y bajan música que les ensalzan como hombres por vejar sus objetos, las mujeres.

Les transmiten el rollo tan sexy que les otorga tal ordinariez. Ordinario en cuanto a la insalubre, necia, apestosa y autocompasiva imagen que se transforma en algo atractivo para jóvenes en horas bajas.

 

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