Aunque en las paredes de las calles se incrementen los graffitis donde se expone la cita shakespereana, que el autor escribía en The tempest, no se debe desvincular de su verdadero y cruel significado. «We are such stuff as dreams are made on, and our little life is rounded with a sleep». Como con los versos de Calderón en el célebre “Monólogo de Segismundo” perteneciente a La vida es sueño.
En estas dos obras la vida, considerada como sueño, era una quimera en donde nada cobraba sentido. Todo se fundamentaba en una vaga sombra, sin comprender el rico, el pobre o el agraviado el papel que desempeñaban en este mundo. Ahí dan comienzo estos malos sueños.
En estos versos la existencia humana se resume en un sueño fugaz, el producto de una realidad efímera. Algo pequeño, breve, de nuevo una ilusión. Como la cáscara de nuez en la que gobernaba Hamlet. O citando a los mordaces Monty Python y su Galaxy Song:
«So remember, when you’re feeling very small and insecure
How amazingly unlikely is your birth
And pray that there’s intelligent life somewhere up in space
‘Cause it’s bugger all down here on Earth.»
Es esta canción es toda una lección de astronomía y, quizás, un hakuna matata mucho más eficaz para consolarse, como a Mrs. Brown, “whenever life gets you down”.
El sueño contiene reminiscencias perniciosas en los anteriores autores, dado que se relaciona con la realidad de la pasajera vida. Pero existen otros muchos ejemplos en donde el sueño se enfoca como una enfermedad, causando trastornos de todo tipo.
Sueños de los Soprano a la Bella Durmiente
Entre los malos sueños, registrados en la literatura, cabe destacar la pieza fundamental de Washington Irving, titulada Rip Van Winkle. El sueño es el protagonista indiscutible de la historia que brota de la pluma del escritor estadounidense. Tras hallar en el bosque un lugar apacible para descansar, el protagonista inicia un descanso que durará varios años. Tras el sueño llega ese despertar profundamente sorprendente donde Winkle, angustiado, se enfrenta a una realidad distinta a la que dejó tras abandonarse en el bosque. Su familia ha muerto y ya nadie le reconoce en el pueblo.
Lo mismo ocurre en el cuento tradicional The sleeping beauty. En este caso el sueño también se presenta como una pesadilla, pues se acerca más a la muerte, despojando de todo rastro de vitalidad a la joven que cae rendida. En el final original de este cuento de Perrault hay que advertir que el príncipe acaba teniendo relaciones sexuales con la durmiente, acercándose más a un ejemplo de necrofilia muy poco conectada con la versión Disney.

Para mostrar otros casos de trastorno de sueño, se puede hacer referencia a la narcolepsia. Sin ir más lejos, la popular serie de la HBO Los Soprano presentaba este trastorno. Uno de los muchos novios de Janice, hermana de Tony Soprano, cae rendido ante la mesa de la cena o en el sofá, en plena reunión familiar, cada tres minutos. La cámara enfoca los rostros sorprendidos del resto de la familia y la expresión de cierto hastío de Janice.
De igual modo, la película Mi Idaho privado de Gus Van Sant explora las desavenencias de Mike Waters, joven prostituto narcoléptico que cae rendido a los brazos de Morfeo cada breve espacio de tiempo. Quizás sea esta la respuesta a una complicada vida, en donde el sueño le permite escapar para acabar despertando en medio de una carretera. En este caso la narcolepsia se presenta muy acentuada.

Murakami y Lucrecia de León
Como ejemplo de episodios de malos sueños que acaban siendo castigados por la Santa Inquisición, se presenta la vida de Lucrecia de León. Esta dama vivió en Madrid a finales del siglo XVI. Antes de cumplir los veintidós años tuvo una serie de sorprendentes sueños proféticos que dictó a su confesor.
Los “registros de los sueños” resultantes, que recogen las transcripciones de más de cuatrocientos de ellos a lo largo de un periodo de dos años y medio, son prácticamente singulares en los anales de la historia medieval y moderna. Dichos sueños contribuyeron a la detención de Lucrecia por la Inquisición española en mayo de 1590. El Santo Oficio llegó incluso a describirla así: “desde pequeña començó a soñar y tubo muchos sueños en los quales deçía que se le aparecía la Santíssima Trinidad, Dios por sí mismo, Nuestro Señor, Moisés y Elías y las vírgenes del cielo”.

Probablemente el hecho que hizo que los sueños de Lucrecia la condenaran es que estaban estrechamente relacionados con los acontecimientos históricos de su época. Entre sus sueños se encontraban alusiones a la derrota de la Armada que Felipe II proyectaba lanzar contra Inglaterra. Predijo el suceso en 1587, casi un año antes de que la gran flota se hiciera realmente a la vela.
Las parálisis del sueño, junto con un acentuado insomnio, son los puntos clave en los que se centra Sueño, la novela graficada de Haruki Murakami. En el relato, la protagonista describe un episodio de parálisis del sueño. Son este tipo de enfermdades un trastorno que se da en la fase entre el sueño y la vigilia. Como consecuencia ante la imposibilidad de movimiento que se sufre, la persona se siente atrapada dentro de su propio cuerpo.
“Era un anciano enjuto que vestía unas ropas ceñidas de color negro. Tenía el pelo gris y corto, y la cara afilada. El anciano permanecía de pie, inmóvil, a los pies de la cama. Sin pronunciar palabra, mantenía su mirada penetrante clavada en mí. Sus ojos eran enormes. No intentó decirme nada. Estaba vacío como un agujero”.

El siniestro desconocido comienza a verter agua sobre sus pies, en una especie de tortura que multiplica todavía más la angustia de la protagonista.Así narra: “Intenté moverme. Pero, por más fuerzas que acopiaba, no podía moverme. De pronto, al descubrir que estaba paralizada, me asaltó el terror. Era un terror ancestral, parecido a un aire frío que ascendiera en silencio desde el pozo sin fondo de la memoria. Quise gritar. Pero no logré emitir sonido alguno. Ni siquiera fui capaz de mover la lengua”.
La mujer por fin logra despertar y observa que el anciano ha desaparecido: “quizá haya sido una parálisis del sueño, pensé. Era la primera vez que experimentaba algo similar. Realmente no parecía un sueño, pero lo era”.
Las parálisis del sueño vuelven a ser objeto de atención en la obra de Murakami, esta vez en la magnífica novela Baila, baila, baila. El protagonista define a la perfección otro de estos casos. Murakami se sitúa aquí a caballo entre la vanguardia y un episodio de Alicia en el país de las maravillas. Cabe recordar que tal es su obsesión por esta épica novela británica que incluso firma Fin del mundo. Un despiadado país de las maravillas dando lugar a ese bosque de bestias salvajes y laberintos de la conciencia del protagonista. El párrafo, empapado de surrealismo, es el que sigue:
“Fue un sueño denso, comprimido. Todo estaba oscuro; no se veía nada. No había banda sonora. ¿Qué sigue al 16?, preguntó alguien. El 41–respondí yo. Sí, está dormido, dijo el mono gris. Sí, lo estaba. Profundamente dormido, como una ardilla ovillada dentro de una bola de acero muy dura. Una bola de acero como las que se utilizan para derribar edificios. El interior está hueco. Dentro, duermo yo.
Alguien me llamaba.
¿Será el pitido del tren?
No, no lo es, te equivocas, contestaron las gaviotas.
Alguien intentaba quemar la bola con un soplete. Así es como suena.
No, te equivocas, tampoco es eso, dijeron las gaviotas al unísono.
Es el teléfono, pensé.”
“Una bola de acero. Dentro duermo yo.»
Todos estos personajes podrían prender en su boca, a la manera de un broche, la cita mencionada de Hamlet, el atormentado príncipe vengativo de Shakespeare: «O God, I could be bounded in a nutshell and count myself a king of infinite space, were it not that I have bad dreams».

