Netflix y sus “Narcos” han vuelto a poner de moda eso de mitificar a los narcotraficantes, su vida de aventura, sadismo, lujo y libertad al margen de la ley. Y lo ha hecho centrándose en los cárteles que marcaron a Colombia durante las últimas décadas del siglo pasado y pusieron en jaque a las agencias antidroga de medio mundo. Tres temporadas de Medellín y Cali, Escobar y los Rodríguez Orejuela.

Pues España también tuvo los suyos. Sí, unos cárteles de marca blanca que no se acercan ni de lejos a los del otro lado del Atlántico, con unos narcos que no se pueden comparar ni en megalomanía ni en mitomanía. Pero sus toneladas de droga, sus millones de euros y sus asesinatos fueron igual de reales.

El narco Manuel Charlín Gama, el día que salió de la cárcel después de 20 años entre rejas. || Fuente: rtve.es

Los Charlines: de contrabandistas a narcos

Los narcos españoles no se agrupan en cárteles, sino en clanes. Mismo perro con distinto collar. Uno de esos clanes, el de la familia Charlín, comenzó su actividad en la Galicia del franquismo, haciendo llegar por la frontera las mercancías que no eran fáciles de conseguir en España. Al más puro estilo Medellín. Primero cobre y penicilina, entre otras, para continuar con el tabaco de contrabando. El germen del narcotráfico.

Llegaba la democracia y comenzaban a usar las rutas de las rías para introducir en el país fardos de hachís. De ahí a los kilos de “fariña” (cocaína) había sólo un paso. Entre el final de los 80 y principios de los 90, los Charlines tenían a su disposición verdaderas autopistas de la droga en las costas gallegas.

Uno de los muchos alijos de droga que llegan a España por las costas gallegas. || Fuente: vice.com

Pero con el maldito polvo blanco apareció la violencia entre clanes, las amenazas, los secuestros y asesinatos… Y llamaron el interés de la Ley. Tal es así que el ‘Pablo Escobar’ gallego, Manuel Charlín Gama, entró en la cárcel –en la que pasó 20 años– tras uno de esos crímenes, el asesinato de Manuel Baulo.

Fue entonces cuando le sucedió su primogénita, Josefina Charlín, quien involucró a todos sus hermanos en los negocios familiares allá por mediados de los 90. Continuó el narcotráfico y el blanqueo de dinero, pero desde entonces hasta hoy la Justicia ha ido poniendo cerco a este clan hasta dejarle casi sin margen. Sobre todo a nivel financiero, verdadera línea de flotación de estas organizaciones criminales.

Los Miami, una multinacional de la droga

Los Miami nacieron con la asociación de Juan Carlos Peña Enano con los hermanos Álvaro y Artemio López Tardón. Eran los últimos años de la década de los 90 y las toneladas de cocaína llegaban desde Sudamérica en contenedores de grandes barcos transatlánticos.

Zulo lleno de grandes cantidades de dinero descubierto a los Miami. || Fuente: Policía Nacional

Álvaro, el más hábil de los tres, trataba desde sus negocios en Miami directamente con los narcos colombianos, abaratando las operaciones y maximizando los beneficios. Además, controlaba la seguridad de todas las grandes discotecas de Madrid y alrededores, lo que garantizaba la distribución hasta el cliente final. Funcionaban con una empresa, al estilo Cali.

Pero en 2004 los hermanos se separaron de Peña Enano y la guerra comenzó. Atentados, secuestros, palizas y asesinatos se han ido sucediendo en los últimos años, una vorágine de violencia que sólo ha parado cuando sus tres protagonistas han terminado en la cárcel. Los tres únicos que quedan del grupo que formaron. Los demás han sido asesinados sin esclarecerse la mayoría de los crímenes: Francisco Javier Manzanares, Iván Llorente Liébana, Javier Acero y el abogado Rafael Gutiérrez Cobeño.

La vida de libro

Atrás han quedado las orgías, la compra-venta de coches de lujo, las discotecas, los zulos llenos de millones, la adicción a la santería cubana y a las operaciones estéticas, las casas en Miami… Una vida de narcos de libro de la que sólo ha quedado la cárcel o el cementerio.

Uno de los últimos asesinatos perpetrados por los Miami. || Fuente: RTVE.es

Los Charlines y los Miami, dos clanes de narcos que guardan similitudes con las historias que se cuentan en la serie de Netflix. Pero mantienen una diferencia crucial, más allá del tamaño de cada organización: Nunca fueron capaces de corromper ni a las fuerzas de seguridad ni a la clase política. En España la corrupción tiende a ser más refinada.

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