El poemario La ola tatuada de Juan Vicente Piqueras lleva al lector al fondo más profano de las palabras, cuyo cobijo debe su existencia a la intuición humana nacida de las experiencias vitales. A ello se suman las funciones de la naturaleza que asumen un papel dentro de la obra, como ocurre en: Estelas de popa, Ola y Horizonte.

Detalle de la portada de La ola tatuada || Editorial: Ya lo Dijo Casimiro Parker

Detalle de la portada de La ola tatuada || Editorial: Ya lo Dijo Casimiro Parker

La monja miraba la estela de popa,

veía una aldea en la espuma,

dudaba si el agua era Dios.

– ¿Te mareas, amor?- dijo despacio

el marinero, y le besó la sien. (…)

Los poemas que componen la obra, en su mayoría, se presentan como si de un reparto teatral se tratara. Personajes como la monja, el marinero o el vigía expresan ideas abstractas personificadas en el marco de una poesía metafísica.

Con vistas a la consecución del diálogo entre figuras y condiciones, como energías y mitos, o canciones e inventarios, el lector entra en este universo de sentidos polifacéticos. Universo en el que las percepciones sonoras cumplen un papel muy significativo y vivificador.

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Fotografía: Joseluce || www.diariovasco.com

La síntesis del poemario ofrece una visión de la personalidad a través de la mirada del otro, aceptando que “sólo puedes amar a los demás tal y como te amas a ti mismo”. De ahí que las personas poetizadas simbolicen lugares y campos de amor. Además, de forma paradójica, estos elementos son simbolizados a través de la religión y de la soledad, que buscando su propio destino.

Recuerda, inventa el mundo.

Alza al cielo la espada de estar solo

en su gavia que es jaula, trono, oficio. 

En la obra de Juan Vicente Piqueras el mundo de la religión coincide con el de la soledad en el marco de la tradición oral. La monja es del mundo religioso, mientras el marinero pertenece al mar, pero no un mar cualquiera, el mar eterno. Esta relación complementaria entre ellos se hace explícita en el uso de los adjetivos. Según el mito poético de Piqueras, la monja, descalza, carece de una capacidad, mientras que al marinero, enamorado, le sobra una. Es entonces cuando la combinación de ambos sirve de visión para dar a la historia varias lecturas y satisfacer el espíritu del lector, en la espera y en la esfera del horizonte.

La poesía no es sólo papel. Es con este criterio de interpretación, mediante la sensación, como el lector luego se detiene en el poema Canción de amor del marinero, donde se reconoce una temática concreta acerca de la práctica del amor, dejando a un lado el amor entendido de una forma más general. Léase, a propósito, una parte de esa canción:

El amor toma el nombre del amado

y del amante como el agua toma

la forma del jarrón que la contiene.

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Llegados a este punto, es cuando el poeta deja claro que cada vez que se está enamorado la experiencia es diferente. Así la propia palabra amor se convierte en la práctica de condiciones imprevistas. Estar enamorado es estar ante el mar, estar en la ola tatuada.

Por otro lado, el “Humo azul” confirma esa historia perpetua, lo cual implica también el fuego provocado por el amor y sus pasiones. A continuación, otro poema, Canción de amor del vigía, se distingue por su descripción esencial de los matices y de las olas del amor, caracterizando al lenguaje como si se tratara de una escueta didascalia compuesta por distintas escenas. Al final de dicho poema puede leerse:

Ya pasan los primeros autobuses.

Amanece de nuevo y amenaza

la luz con sus violencias verticales.

El sueño y el poema han acabado.

La monja se levanta. Huele a mar

escrito mientras voy hacia el trabajo.

Aquí se puede apreciar la repetición vista como un juego de sonidos, entre los verbos “amanece” y “amenaza”, mientras la contraposición de las imágenes, de la esperanza y del miedo respectivamente, presupone la pluralidad de las vidas amorosas. La ola tatuada, es, en definitiva, un poemario escrito como si de un sueño en secuencias se tratara, dibujando un ámbito de preferencias hacia la luz y la libertad humana, todo ello bajo la atenta mirada del otro.

ISBN 978-84-943104-9-2
Editorial: Ya lo Dijo Casimiro Parker || Octubre 2015, 64 páginas
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