El último brote de Ébola puso en alerta a las autoridades sanitarias, que desde 2014 se encargan de prevenir, tratar e intentar disminuir la mortalidad que este virus provoca. Sin embargo, se ha descuidado el tratamiento de otras enfermedades que a día de hoy están aumentando. Una de estas enfermedades es la fiebre de Lassa, producida por el virus de mismo nombre. La infección es endémica en Guinea, Liberia, Sierra Leona y zonas de Nigeria, aunque también se han encontrado casos en otros países africanos. La fiebre de Lassa se describió por primera vez en los años cincuenta, aunque hasta el año 1969 no se pudo aislar el virus. El virus recibe este nombre debido a que fue descrito en la ciudad nigeriana de Lassa.

El reservorio del virus son los roedores del género Mastomys. Se transmite a los humanos a través del contacto con alimentos y utensilios domésticos contaminados con las heces y la orina de roedores del género Mastomys. También puede transmitirse de persona a persona por el contacto con los fluidos corporales de personas infectadas, esta trasmisión se da en especial en hospitales en los que no se toman las medidas adecuadas de control.

El periodo de incubación del virus suele ser de unos siete días. La infección por el virus puede presentarse de tres maneras distintas: asintomática –la persona no sufre ninguno de los síntomas del virus-, enfermedad leve o enfermedad grave y mortal. La enfermedad comienza a manifestarse de manera gradual con fiebre, dolor muscular, tos… debido a que el tracto intestinal se ve también afectado, es frecuente la aparición de vómitos y diarreas.

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Los síntomas pueden confundirse con el Ébola o la Malaria

En los casos graves de la enfermedad los pacientes sufren hemorragia y edema cerebral. Aproximadamente el 15% de los pacientes ingresados mueren. El tratamiento de apoyo –basado principalmente en la hidratación del paciente- puede mejorar el desenlace de la enfermedad. El único tratamiento específico contra la enfermedad es la ridavirina, un antivírico que ha demostrado ser medianamente eficaz contra el virus.

Para un adecuado control de la enfermedad, es necesario identificar a todos los contactos del paciente durante las tres semanas posteriores al inicio de los síntomas de la enfermedad. Del mismo modo es necesario que todos los casos sospechosos sean aislados.

Actualmente una de las principales medidas de prevención se centra en promocionar una buena higiene comunitaria, con el fin de evitar que los roedores entren en las viviendas. Entre las medidas eficaces recomendadas se recomienda almacenar los alimentos en recipientes que los mantengan alejados de los roedores, mantener las viviendas limpias y eliminar los residuos lejos del hogar. Como los roedores son tan abundantes en las áreas endémicas, no es posible eliminarlos por completo del medio.

La fiebre de Lassa es una enfermedad olvidada, que muchas veces queda relegada a un segundo plano y enmascarada por la similitud de sus síntomas con otras enfermedades como la malaria o el Ébola, lo que aumenta la necesidad de seguir investigando y no dejar que se convierta en una enfermedad abandonada por el simple hecho de afectar al continente africano.

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