“A medida que uno avanza en la vida, el corazón se convierte en un cementerio poblado de muertos”. Como consecuencia, dice Dacia Maraini, uno se ve en la necesidad de hablar de ellos. De ahí nace La Grande Festa.

Se trata de un relato autobiográfico en el que la escritora siciliana se sincera con las confesiones más hondas de sus vivencias con seres amados. Sucede que las mentes más fascinantes se atraen y terminan por agruparse y Dacia Maraini no es una excepción. Entre sus páginas desfilan Passolini, Maria Callas, Alberto Moravia, o su hermana Yuki. Pero el valor del libro no reside tanto, o solo, en el aspecto vivencial de estos cautivadores personajes.

La Grande Festa es una nana que calma el pánico a la muerte con una dulce melodía. Mediante un lenguaje sencillo y cercano, propio de la confidencia, los muertos transitan con delicadeza y afecto. La evocación del más allá rebosa de referencias clásicas que transportan al lector a un jardín arcádico donde caben animales míticos como el Bennu. La autora construye un horizonte en el que el hielo fúnebre se diluye en un bello río en el que corren vientos suaves y benévolos. Los difuntos, en vez de una fuente de turbación, son una presencia benigna.

Dacia Maraini La Grande Festa Opera House

Detalle de Orpheus leading Eurydice from the Underworld de Jean Baptiste Corot, 1861 || Fuente: Royal Opera House Covent Garden

El orden de la narración, como la memoria, es intercalado e irregular. Se alternan descripciones detalladas con intertextos y diálogos. Se salta del recuerdo a la imaginación con ligereza y desparpajo.

La muerte es algo más que miedo

La ternura de la pluma hace que la obra no vaya solo dirigida a un lector anciano, sino a un lector que empieza a conocer el dolor de la pérdida. Tiene esa capacidad que tiene la buena literatura de medicar y calmar a la inteligencia asfixiada de miedo.

Precisamente, el miedo es la principal causa o consecuencia de la malsana relación que Occidente mantiene con sus muertos. Actualmente, la muerte se instala en el hospital y queda reducida a un archivo. Y esa carpeta pasa a ser desechada. Este hecho genera un vacío infinito, pero, sobre todo, produce pavor.

La negatividad que trae consigo la pérdida rompe con una sociedad instalada en la felicidad como valor supremo. La glorificación de juventud y los placeres que de ella se derivan dejan a la vejez y a la muerte relegada a lo oculto, lo erótico, lo insondable. Aquello que, como parte de lo que Byung Chul Han llama el terreno de Eros, queda aniquilado. Los difuntos moran en ese espacio subconsciente como una masa amorfa que se manifiesta en pesadillas.  Emergen en la cotidianidad como un elemento disruptivo.

Muerte, Munch, Daria Maraini y La Grande Festa

Death in the Sick Room, de Edvard Munch (1893) || Fuente: Sharon Mollerus

Las referencias de La Grande Festa

El título La Grande Festa es una cita de La Historia De La Muerte En Occidente del antropólogo francés Philippe Ariès.  Este hace una colosal labor arqueológica por ordenar el concepto de muerte desde épocas arcaicas en las que la muerte y la vida convivían con total naturalidad hasta la actualidad cuando la muerte queda “escondida”.

Ariès analiza como la distancia con los muertos ha incrementado históricamente. En la época medieval los muertos se apilaban en la calle, aparecían en senderos sin despertar asombro u horror, estaban a la disposición del ojo público. Después se trasladaron a cementerios, que en el siglo XVIII empezaron a alejarse de los núcleos urbanos. Este es un primer paso que marca un alejamiento de los muertos y la comunidad. Actualmente, la muerte ha dejado de estar presente en el discurso, en las emociones, en los ritos, y hasta en el espacio. La cremación es el ejemplo más gráfico de esta supresión de la muerte.

Muerte, Munch, Daria Maraini y La Grande Festa

Det syke barn I, de Edvard Munch (1896) || Fuente: Alexey Yakovlev

Frente al vacío que genera el no-lugar, se hace necesario pensar en uno para no acabar disueltos en nada. Dacia Maraini intenta dar respuesta a los famosos versos de Giorgio Caproni dando forma a ese lugar en el que habitan los muertos.:

Quando non sarò più in nessun dove/ e in nessun quando, dove/ sarò, e in che quando?

(Cuando no esté en ningún donde / y en ningún cuando, dónde/ estaré y en que cuando?)

La autora atraviesa esa barrera infranqueable entre el más acá y el más allá pero no muestra al lector un solo lugar, sino que le hace deambular por todos a la vez: el río Karisawa, el Oreto, la laguna Estigia o el jardín del Edén.